Me pregunto si existe todavía en la Ciudad de México un estupendo restorán y bar llamado "Chon". Yo lo visitaba con frecuencia en la calle de Regina. Su especialidad era la cocina indígena, a cargo de un notable y afable chef de fuerte nombre: se llamaba Fortino.
Era una delicia comer ahí, a más de una instructiva e insólita experiencia. Trataré de evocar alguno de los manjares que degusté en ese maravilloso sitio: acociles, que son camaroncitos de agua dulce; ahuauhtle, o sea, hueva de mosco acuático; jumiles, o chinches de lago; chapulines; gusanos de maguey.
En el norte no se dan esos alimentos autóctonos propios del altiplano. A veces alguien me pregunta cuáles son los platillos típicos de mi natal Coahuila. "Tenemos tres -respondo-. Carne asada término medio, tres cuartos y bien cocida". La verdad es que falto a la verdad: hay por acá guisos suculentos como la fritada de cabrito, que al decir de don José Alvarado es condumio más barroco que el más complicado mole oaxaqueño.
Aun así, bien quisiera yo halagar otra vez mi gula con las peregrinas viandas del restorán bar "Chon". Las guardo en la memoria, y en el recuerdo las vuelvo a paladear.