Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche sostiene la idea de que hay una forma de cinismo realista que nos libra de caer en la santurronería. Pone varios ejemplos. La antigua copla ibérica: "Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos". El pragmático dicho: "Hágase el milagro y hágalo el diablo". La dubitativa exclamación del campesino que vio la imagen de bulto de San Sebastián, casi desnudo ante los sayones que lo asaeteaban: "¿Cómo que es santo San Sebas, cuando ni calzones tiene?". La desfachatada sentencia según la cual "El que peca y reza empata".
Cuando oigo hablar a mi amigo acerca de ese cinismo realista no sé decir si es cínico o práctico. Para iluminarme bebo otra copa de vino. Mis venas se iluminan, pero mi cerebro no. Y en estos momentos prefiero tener iluminadas las venas antes que el cerebro. Quizás eso es también realismo cínico.
¡Hasta mañana!...