VARIACIONES OPUS 33 SOBRE EL TEMA DE DON JUAN
La tarde se va desvaneciendo, lo mismo que la vida del caballero sevillano. Desde el ventanal de su palacio mira los reflejos del sol muriente en las aguas del Guadalquivir.
Don Juan recuerda a la dama que poseyó una noche. Los ojos de la mujer fueron brasas esa vez, y brasas también sus muslos. En la hora suprema del deliquio le dijo a su amador: "Ven. Te recibo".
A ninguna de las mujeres a quienes hizo suyas Don Juan le dio palabra de matrimonio. Fue un seductor, no un burlador. Lo mismo con la dicha dama: ninguna promesa le juró. Y sin embargo cuando se alejó de ella la despechada fémina lo llamó canalla. El caballero se pregunta si en verdad lo fue. Piensa que no. Algunas mujeres, razona, se rinden al hombre para rendirlo luego. Hacen del lecho la vía para llegar al matrimonio. ¿Acaso es culpa no haber caído en esa red?
Así las cosas, en Don Juan no hay remordimientos. Imposible decir si tiene derecho a estar tranquilo. Se juzgó a sí mismo, y a sí mismo se absolvió. ¡Valiente tribunal! Pero dejémoslo en paz. Es la hora del crepúsculo, y en crepúsculo está él.