"DIOS ES MI COPILOTO".
Era común ver esa frase en la defensa de autobuses y camiones de carga. Ya no se ve; ignoro si por falta de pintura o por falta de fe.
La frase la usó por primera vez un piloto de guerra norteamericano, el coronel Robert Lee Scott, quien la inscribió en su avión, uno de los famosos Tigres Voladores con que Estados Unidos ayudó a China a combatir el asedio de Japón antes de Pearl Harbor.
"Dios es mi copiloto" fue también el título de una película protagonizada por el actor Dennis Morgan, dueño de una gran voz de barítono que le habría permitido cantar en el Met. Interpretó bellamente la canción "Sailor, your home is the sea" en el funeral de Errol Flynn.
Ya no se usa la frase que dije. Ya nadie lleva a Dios como su copiloto. Los predicadores afirman que no es que el Señor se haya alejado de los conductores: los conductores se han alejado de él.
En todo caso la frase es expresiva: "Dios es mi copiloto". Simboliza la fe, virtud que consiste en ver lo que no se puede ver.
RETOS DE LA COMUNICACIÓN POLÍTICA
En la actualidad, contamos con medios y plataformas de comunicación que nos permiten saber qué está pasando en nuestra región, país -y en cualquier parte del mundo- en tiempo real y con un solo clic.
Nos hemos convertido en seres hiperconectados, expuestos a una constante vigilancia y mediados por algoritmos que pueden predecir con exactitud por quién vamos a votar, a dónde saldremos esta noche, qué productos elegiremos comprar. Todavía no somos capaces de comprender el impacto actual y futuro de una era digital que facilita nuestra vida cotidiana, pero nos exige pagar un precio por ello.
Las bondades de los medios digitales son incontables, en términos de interacción y colaboración, creatividad e innovación, desarrollo personal y profesional, acceso a la información y capacitación. Sin embargo, en nuestra era también padecemos una saturación de contenidos, que frecuentemente consumimos de manera rápida y superficial, impidiéndonos analizar con detenimiento los perfiles, las trayectorias y las propuestas de las y los candidatos a los diferentes cargos de representación popular. Asimismo, la desinformación, los sesgos y la manipulación dificultan el ejercicio del discernimiento para tomar la mejor decisión y actuar en consecuencia.
Si la comunicación busca, como su etimología nos lo indica, "poner en común" o "hacer común" información, ideas, actitudes, experiencias y conocimientos, favoreciendo la comprensión, la interacción y la creación de significados compartidos, la comunicación política tendría que convertirse en ese puente que posibilite el acercamiento entre la ciudadanía y sus futuros representantes.
Las y los candidatos a puestos de elección popular nos comunican propuestas, posicionamientos y promesas, pero en un proceso de comunicación es indispensable la escucha de las problemáticas que enfrenta la ciudadanía, sus visiones, anhelos, necesidades y, en general, sus aportes. Nuestra sociedad no es solamente receptora de propuestas, sino poseedora de saberes que pueden transformar la manera en la que vivimos y nos comunicamos.
Cuando hablamos de comunicación, el elemento más importante y, al final, aquello que la posibilita, es la confianza, porque no me puedo comunicar con alguien en quien no confío. Por lo tanto, el reto es mantener esa confianza que es muy difícil de ganar, pero muy fácil de perder. La única forma de obtener esa confianza es demostrar una verdadera congruencia entre las promesas y propuestas, las acciones y los hechos.
Asimismo, la comunicación que considera las diferentes perspectivas permite visibilizar las acciones afirmativas, con ética y responsabilidad, asegurando que los mensajes sean recibidos por todas las personas.
La comunicación política debe ir más allá del marketing de imagen, de la fotografía hiperproducida, del lema o el jingle pegajoso, que tal vez se queda en nuestra mente por un tiempo -más del que deseamos- pero, al final, no significa nada. Debe superar el monólogo del candidato para propiciar un diálogo constructivo y plural, en el que todas y todos podamos participar.