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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

En los vastos aposentos de la casona de Ábrego deambula por las noches el espectro de Luisita de la Peña y Dávila.

No casó nunca, de ahí lo de Luisita. Si hubiese casado habría sido doña Luisa. Cosas de aquellos tiempos.

En su ir y venir por las habitaciones el fantasma repite una sola palabra:

-Doro. Doro.

Así era llamado Heliodoro, el caballerango de la hacienda. Luisita estaba enamorada de él, y él de ella, pero jamás pudieron ni siquiera tomarse de la mano, por la diferencia de su condición social. El padre y los hermanos de ella la habrían quizá matado de haber sabido lo de su amor por aquel a quien veían como peón.

La gente dice que en la bodega grande se aparece un fantasma que va repitiendo un nombre de mujer: Luisita.

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