DENME MIS CUATRO LECTORES UN ABRAZO.
He aquí que ya soy bisabuelo.
Mi nieto mayor, Rafita -¿podré seguir diciéndole así ahora que es papá?-, me hizo abuelo, y ahora me hace bisabuelo junto con su muy bella esposa.
Otra vez recibo la bendición del Misterio. Me entristece que no esté aquí la amada eterna para compartir con ella esta alegría, pero en su nombre y representación se encuentra Luly, nuestra hija queridísima. No puedo creer que sea abuela: apenas ayer la tuve en mis brazos cuando nació. Me emocioné aquella vez al ver su carita, pues creí ver en ella el rostro de mi padre, fallecido pocos días antes. Unos se van y llegan otros. La vida quita y da.
Milagros del amor son éstos. Por el amor estamos aquí, y están también los que se fueron aunque no estén aquí. Del amor vienen todas las criaturas. Este pequeñito, mi primer bisnieto, ha traído para mí desde su mundo el regalo de la felicidad.
Él es el amor.
Por él doy las gracias al Amor.