Este amigo con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche suele arriesgar teorías muy arriesgadas.
Ayer, por ejemplo, me dijo que en la lectura del Reader's Digest encontró más buenas lecciones para ser bueno que en la Biblia.
El hecho de haber bebido ya media botella me libra de escandalizarme. En otro tiempo habría tenido que ir a confesarme: "Acúsome, padre, de que he oído malas conversaciones".
Mi amigo piensa mucho, lo cual lo lleva a veces a hablar mucho. Hablar demasiado es peligroso, lo mismo que pensar demasiado.
Se lo digo, y me contesta:
-Más peligroso aún es escribir demasiado.
No sé qué responder.
Le doy otro trago a mi copa.
¡Hasta mañana!...