Temo pasar frente al espejo de la sala en la antigua casona del Potrero. Sostenido por un marco de madera tallada en la forma de un dragón chinesco, ese espejo está ahí no desde que tengo unos de razón, acontecimiento muy reciente, sino desde que tengo uso de vida, cosa que data ya de muchos años. La gente de la casa dice que el espejo refleja sólo a las personas buenas. Quienes son malos, ya sea por soberbia o por estupidez, no son reflejados por la luna, anuncio cierto de condenación para la vida eterna.? Temo entonces pasar frente al ominoso azogue. Cuando lo hago para ir al comedor o la cocina vuelvo la vista hacia otro lado para no enterarme de la sentencia del espejo. Es que no sé si soy bueno o si soy malo. ¿Habrá alguien, me pregunto, que lo sepa? Alguna vez ordené que quitarán de la pared al espejo y su dragón, y los echaran al cuarto de los triques viejos, pero a los trabajadores les fue imposible retirarlo. El espejo se aferró al muro igual que un juez que se niega a renunciar al cargo. Más fácil será que me echen a mí al cuarto de los triques viejos.
¡Hasta mañana!...