UNA MOSCA REVOLEA EN TORNO MÍO.
Vanamente me empeño en apartarla: se va un instante y al siguiente vuelve.
Tomo un periódico y lo doblo para combatir al obstinado insecto.
¡Y pensar que todavía hay quienes dudan de la utilidad de los periódicos!
Inútil: la mosca sigue bordoneando alrededor de mí.
Eso me pone de mal humor.
Escribo entonces un duro artículo de crítica política.
Si la mosca no hubiera venido a molestarme quizás habría escrito un texto benévolo en elogio de la autoridad.
No se me culpe, entonces, de la dureza de mi artículo.
La mosca es la culpable.