Monseñor Néstor Martínez llama a no dejar que las emociones sean 'el timón de la vida'
"Las emociones son buenas compañeras de camino, pero nunca deben convertirse en el timón de la vida", afirmó Monseñor Néstor Daniel Martínez Sánchez, vicario general de la Diócesis de Saltillo y párroco del templo de Santiago Apóstol de Monclova durante la homilía de la misa correspondiente al XV Domingo del Tiempo Ordinario.
El sacerdote exhortó a los fieles a cimentar su existencia sobre la fe en Jesucristo y no sobre sentimientos pasajeros que cambian con las circunstancias.
Ante los asistentes a la celebración eucarística, el presbítero explicó que el Evangelio de la parábola del sembrador invita a reflexionar sobre la forma en que cada persona recibe la palabra de Dios. Señaló que la semilla siempre es buena y que la diferencia radica en la disposición del corazón de quien la escucha.
Monseñor Néstor Martínez: la fe debe ser el timón de la vida
Monseñor Martínez inició su reflexión recordando el pasaje del profeta Isaías, donde Dios compara su palabra con la lluvia y la nieve que descienden del cielo para empapar la tierra y hacer germinar la semilla. Explicó que, antes de la alianza con Dios, el pueblo de Israel era presentado como una tierra seca y marchita, incapaz de producir frutos.
Indicó que esa imagen representa también la realidad espiritual de muchas personas que permiten que su corazón se vuelva árido por el alejamiento de Dios. Sin embargo, destacó que la palabra divina tiene la capacidad de transformar esa condición, penetrando hasta lo más profundo del ser humano para hacerlo renacer y producir frutos abundantes.
Al desarrollar la parábola del sembrador, explicó que el terreno donde cae la semilla simboliza la respuesta de cada creyente. Mencionó que existe quien escucha el Evangelio sin permitir que produzca cambios en su vida, como ocurre con la semilla que cae al borde del camino y nunca logra echar raíces.
También se refirió al terreno pedregoso, donde la semilla brota rápidamente, pero se seca por falta de profundidad. Explicó que esa actitud corresponde a quienes experimentan entusiasmo después de una predicación, un retiro espiritual o una celebración religiosa, pero abandonan fácilmente sus compromisos cuando desaparece la emoción inicial.
Fue entonces cuando hizo el llamado central de su mensaje al advertir que las emociones son importantes, pero insuficientes para sostener una vida cristiana sólida. “Las emociones son buenas compañeras de viaje, pero no deben de ser el timón de nuestra vida”, expresó al insistir en que la fe debe permanecer firme incluso cuando desaparece el entusiasmo.
Añadió que si las personas toman decisiones únicamente impulsadas por sus sentimientos, terminarán cambiando constantemente de rumbo. Señaló que habrá momentos de gran alegría espiritual y otros en los que aparentemente no se experimenta nada, pero eso no debe convertirse en motivo para abandonar la Iglesia ni el seguimiento de Jesucristo.
La palabra de Dios debe dar frutos abundantes
Monseñor Martínez explicó que la semilla que cae entre espinos representa las preocupaciones, distracciones y atractivos del mundo que terminan sofocando la vida espiritual.
Precisó que no todo lo que ofrece el mundo es negativo, pero cada persona debe discernir aquello que fortalece su relación con Dios y aquello que la debilita.
Comparó esa realidad con un terreno invadido por maleza que impide el crecimiento de las plantas. Afirmó que, del mismo modo, cada creyente debe identificar aquello que obstaculiza su vida espiritual y trabajar para erradicarlo, permitiendo que la palabra de Dios produzca frutos.
El vicario general recordó que todas las personas fueron creadas por Dios como tierra buena y fértil. No obstante, advirtió que las malas experiencias, el pecado o las decisiones equivocadas pueden contaminar ese terreno si no existe una conversión constante.
Finalmente, invitó a los fieles a permitir que la palabra de Dios llegue a lo más profundo de su corazón y transforme su vida. Exhortó a arrancar la “maleza” espiritual y a convertirse en hombres y mujeres capaces de dar frutos de bondad para sus familias y para la sociedad.
Monseñor Néstor Daniel Martínez Sánchez fue nombrado párroco del templo de Santiago Apóstol de Monclova y vicario general de la Diócesis de Saltillo en 2024. Desde su llegada a la comunidad ha insistido en sus homilías en fortalecer la vida espiritual de los fieles mediante una fe perseverante, la conversión personal y el compromiso cotidiano con los valores del Evangelio.