Doña Marina La Malinche (1916), por Kate Stephens. Imagen: The MacMillan Company
Disfruto conocer la vida de mujeres grandiosas que alzaron la voz y rompieron estereotipos para avanzar en el camino de lajusticia y libertad, que se han hecho presentes y han dicho ¡basta! Este artículo va para las mujeres de hoy, ansiosas por conocer historias y letras que florecieron entre injusticias y sueños abatidos.
Me referiré a mujeres de todos los tiempos, oficios, profesiones y banderas con el mismo propósito de alzar la voz para que las nuevas generaciones dispusieran de un camino mucho más amigable que el que ellas tuvieron que recorrer. Todas con historias únicas y deslumbrantes. Iniciamos la travesía en México, año 1500, con la Malinche.
Transformó las dificultades de su vida en fortaleza. Su nombre era Marina y, como la veían mucho con Hernán Cortés, a él le llamaban “el señor de Marina”. En náhuatl, la terminación tzin significa posesión o dueño. Los hablantes de esta lengua no usaban la “r”, de modo que se referían a ella como Malina, en vez de Marina, y de ahí quedó su nombre en Malintzin.
A los ocho años de edad la abandonaron su madre y su padrastro. Unos mercaderes la rescataron y la vendieron como esclava en Tabasco. Eso fue determinante y le ayudó a usar su inteligencia nata. Aprendió cuatro lenguas. Más tarde fue ofrecida junto con otras 20 mujeres como regalo para Hernán Cortés.
Ser políglota fue su primera puerta para permanecer al lado de Cortés, ya que fue pieza clave en el proceso de unificación de dos mundos disímbolos, el español y el indígena, entre 1519 y 1529. Malintzin tuvo en sus manos la comunicación entre el español y los hablantes de náhuatl. Fue admirable cómo asumió con determinación su papel como nueva guerrera.
Malinche debía estar presente en cada momento en que Cortés necesitaba comunicarse con los indígenas, en especial durante los más de 900 días de la conquista del Imperio Azteca. En el libro Aprendiz de bruja, el maestro Alejo Carpentier se refiere a ella como mujer desenvuelta, fuerte, curiosa, de nobleza, que no se amilanaba ante nada, de carácter firme y dispuesta a aguantar grandes fatigas. Malintzin no traicionó a nadie, a ningún mexicano, porque aún no existía México. ¿Qué más hubiera hecho esta extraordinaria mujer si hubiera vivido más de 30 años?

ATREVERSE A ESCRIBIR
Brincamos al año 1804 en Francia, con el nacimiento de George Sand. Poderosa escritora, indómita, bella, sabia y generosa. Su nombre real fue Aurora Dupin, pero usaba el seudónimo de George Sand para escribir, ya que en aquel entonces era impensable que una mujer tuviera ideas y pudiera escribir un libro.
Su madre venía del arroyo, era prostituta en batallones de soldados e intentó vender a su propia hija. Aurora leía muchos libros de la biblioteca de Nohant, Francia, y en su juventud escribía novelas de amor. Se casó a los dieciocho con un joven pobre, malo y alcohólico. Tuvieron un hijo, que fue la razón para que ella no se suicidara. Se vestía de hombre, fumaba y tomaba vino, acciones mal vistas para su época. Tuvo después otros amantes, entre ellos el virtuoso músico Frédéric Chopin.
Su obra tiene como sello una intensa libertad. Sus letras fueron elogiadas por Honoré de Balzac, Gustave Flaubert, Fiódor Dostoyesvky, Henry James y Marcel Proust.
REVOLUCIONARIAS MEXICANAS
Regresamos a México, con dos de las mujeres clave para lograr la independencia de nuestro país: Leona Vicario y Josefa Ortiz de Domínguez, quienes poseían diferentes experiencias y condiciones, pero con la firme convicción de luchar para no ser un pueblo subyugado.
Una de las primeras periodistas de este país, además de heroína de la Independencia, fue Leona Vicario. Acaudalada y con una formación intelectual muy sólida, quedó huérfana a los dieciocho años, bajo la tutela de un tío. Usó sus joyas y patrimonio en favor del movimiento, abastecía alimentos, conseguía armas y reclutaba hombres, además de apoyar a los familiares de los presos. Defendió su proyecto de nación al lado de su esposo, Andrés Quintana Roo.
Leona escribía con seudónimos en clave para líderes insurgentes. Después de la Independencia de México, continuó con su pluma como arma para delatar injusticias.
Por su parte, Josefa Ortiz, “La Corregidora”, combinó su compromiso hacia causas justas con las labores del hogar y la crianza de sus doce hijos. Fue hija de españoles de clase media, pero quedó huérfana a corta edad. Su marido, Miguel
Domínguez, fue corregidor de Querétaro en 1892 y ella lo convenció de apoyar el movimiento independentista.

Josefa inició con obras de caridad y luchó contra injusticias hacia los indígenas. Además, organizaba veladas literarias en su casa, las cuales servían como “tapadera” para las reuniones de insurgentes. Una vez declarada la Independencia, Agustín de Iturbide la invitó a formar parte de su corte, pero ella no aceptó por ser algo contrario a sus ideales.
Otra mexicana notable fue Sara Pérez Romero, quien tuvo un papel determinante en la Revolución. Fue hija de un hacendado, y quedó huérfana de madre cuando era niña. En 1897 se hizo novia de Francisco I. Madero, con quien contrajo matrimonio en 1903, yvivieron en San Pedro de las Colonias en Coahuila, municipio al que se le conoce como “la cuna de la Revolución Mexicana”, ya que fue allí donde los Madero iniciaron su activismo político.
Sara fue una mujer revolucionaria y se hizo presente en los tiempos más álgidos. Sin cumplir ella ninguna sentencia, decidió vivir en prisión con Madero cuando este fue encarcelado en Monterrey.
Coordinaba actividades proselitistas, arengas y tropas. Participó en movimientos obreros y visibilizaba con homenajes a las víctimas del régimen de Porfirio Díaz. Encabezó el Club Caridad y Progreso, y fundó la Cruz Blanca Neutral por la Humanidad. Cuando Victoriano Huerta asumió el poder de México e inició una dictadura militar, Sara se exilió en Cuba y Estados Unidos, donde se entrevistó con el periodista Robert Hammond Murray, a quien relató los eventos que llevaron al asesinato de su esposo en la llamada Decena Trágica. Dicho testimonio fue retomado por historiadores, pues esclareció gran parte del golpe de Estado que se vivió en el país.

EDUCACIÓN, LIBROS Y JUVENTUD
Para finalizar, una mujer pakistaní que aún vive y que sigue haciendo historia: Malala Yousafzai. Vivió en su niñez entre guerra, terrorismo y la prohibición de los talibanes para que las niñas fueran a la escuela. Manifestó su inconformidad ante esta situación en internet, donde empezó a tener fuerza, por lo que fue llamada a su primera entrevista en televisión. Desde entonces dejó clara su firme convicción de que la educación da poder.
En 2012, los talibanes le dispararon en la cabeza, pero tras tiempo en el hospital consiguió recuperarse. Lejos de silenciarla, las balas le dieron fortaleza para gritar más fuerte las injusticias de su país. A los diecisiete años logró ser la persona más joven de la historia en recibir el Premio Nobel de la Paz. Una de sus más famosas frases es: “Un niño, un maestro, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo”.
Su lucha por la educación para niñas y mujeres puede conocerse a mayor profundidad en los libros Yo soy Malala (2013), una autobiografía escrita con la periodista británica Christina Lamb, y Malala. Mi historia (2015), libro dirigido a jóvenes lectores.
La intensa y apasionada vida de estas mujeres es un importante legado para nuestra historia, pero también una invitación para las mujeres contemporáneas que cada día luchan con valor por un trozo de sueño más cálido.
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