El Bel Canto
Si bien la ópera puede definirse como una representación teatral en donde los actores cantan en vez de hablar, nos queda una gran laguna, pues dentro de este género hay diferencias abismales.
Por ejemplo, si escuchas mencionar la palabra Bel Canto, seguro pensarás que es un sinónimo de ópera o al menos en un genérico de ópera. Sin embargo, no es así, ya que Bel Canto es término para designar una técnica de canto que, teniendo sus orígenes en el Siglo XVI, logra llegar a su apogeo a principios del S.XIX en Italia.
Realmente no importa lo que digas con tal de que lo cantes de forma bella, con una técnica y ejecución brillante. El Bel Canto es un canto virtuoso, ágil y perfecto. Lo que importaba era el lucimiento vocal y no necesariamente la trama o historia.
Esto fue un parteaguas, pues previo a este paradigma, existía ante todo una historia que contar. El mismo Rossini, decía: "Dadme la lista de la ropa sucia que va a la lavandería y yo le compongo una melodía pegajosa que no podrás quitarla de la cabeza.
En el Bel Canto lo que importa es el lucimiento de la voz. Gioachino Rossini, Vincenzo Bellini y Gaetano Donizetti fueron los cimientos y principales protagonistas de esta famosa escuela operística. Entre sus óperas belcantistas más famosas podemos mencionar Il Barbiere di Siviglia Lucia de Lammermoor, Don Pascuale, L'elisir d'amore y Norma. A esta técnica debemos añadirle el concepto de ópera bufa o cómica donde los protagonistas ya no serán Dioses, reyes o emperadores, sino gente real como abogados, soldados, tenderos, sirvientes o profesores. Por alguna razón los cantantes de tesitura baja comenzaron a tener papeles importantes pero debían cantar pasajes ágiles y virtuosos.
Había también elaborados ensambles de solistas y coros. La realeza y la burguesía sería ahora el objeto de sátira y burla.
Un buen ejemplo de todo lo planteado es la ópera la Cenerentola, o la Cenicienta de Rossini. Aquí no hay madrastra sino un padrastro llamado Don Magnifico con tesitura de bajo…, muy ridículo, por cierto. Clorinda y Tisbe serán las hermanastras y Cenicienta será Angelina. Tampoco tendremos hada madrina, sino que será más bien el filósofo Alidoro disfrazado de mendigo que apoyará en todo momento a Cenicienta. Con la intención de conocer realmente a las candidatas el Príncipe Don Ramiro intercambia su atuendo con Dandini, su sirviente. De esta manera podrá saber quién realmente ve y valora su corazón. La fiesta se realiza y como era de esperarse las hermanastras buscan la aceptación del grotesco Dandini, mientras que la inocente Cenicienta puede ver más allá de las apariencias y se enamora del "sirviente" que era en realidad el príncipe. El objeto de reconocimiento no será una zapatilla sino un brazalete que encontrará Don Ramiro en Cenicienta al estar trabajando como sirvienta. En ese momento le declara su amor, y padrastro y hermanastras le piden perdón, reconociendo su bondad y nobleza de corazón.
El esplendor del Bel Canto no duró mucho tiempo, pues surgieron muchos detractores. Para empezar las óperas se generaban en gran cantidad y muy rápido con base en fórmulas repetidas y soluciones torpes. Estas óperas exageraron los estímulos y terminaron cansando al público por su superficialidad. "Sólo se necesita una voz chillona y unos pulmones de búfalo para cantar" decían. Podemos decir que hubo 3 enterradores del Bel Canto: Wagner y Verdi empezaron a dar más importancia al drama, a la historia, a la filosofía y al rol de la orquesta. Y, por otro lado, las mismas orquestas crecieron en número y volumen, lo que demandó más potencia y sentido a la voz.
Rossini afirmó que "La ópera debe ser como un plato de macarrones para asimilarla rápidamente y no tener que pensar tanto. La música debe ser un placer sensual y nada más.
Pero la vida no sólo es placer. Para 1858, Rossini rezaba "Ay de nosotros, que hemos perdido nuestro bel canto"… en un Suspiro.