El corno francés
Voy a pedirte que trates de soplar sacando un hilo de aire por 1 minuto. Bueno, si pudiste, estás listo para el reto 2: Toma una manguera de 3 metros y medio y dóblala tantas veces como sea posible, haciendo una circunferencia de unos 30 cm de diámetro. Ahora sí, te pido que trates de soplar y ver cuánto tiempo y con qué fuerza puedes sacar el aire.
Acabas de vivir la experiencia de tocar un corno francés o trompa. La palabra corno viene del latín "cornu", que significa cuerno o "trompa", que viene del griego "estrombos", que significa caracol marino.
Históricamente, el corno ha sido utilizado en diferentes culturas rituales religiosos, paradas militares y sobre todo en protocolos de cacería. Su proceso de desarrollo ha sido largo y minucioso. Quizá podemos empezar su historia con el Shofar, que es un instrumento fabricado con el cuerno de un animal puro "Kosher" como el carnero, cabra, antílope o gacela. Es importante mencionar que no de vaca, ni de toro.
Por su parte, el olifante es un instrumento tallado en un colmillo de un elefante y que era utilizado en la Edad Media como señal de alarma. Siguiendo su línea evolutiva, nos detenemos ahora en Dinamarca, donde encontramos el luur, el cornu y el Dinnerhorn, utilizado este último por las mujeres para avisar a los hombres que la cena estaba lista. Se lo sugerí a mi esposa Linda, pero no me dio resultado, pues terminé yo haciendo la cena y lavando la loza, así que no se los recomiendo. Por cierto, el Luur ya empezaba a adquirir la forma del corno actual.
Es a partir del cor de chasse o corno de cacería que el corno actual toma su forma actual, además de emular a los cornos antecesores en forma de espiral. Leopold Mozart, el padre de Wolfgang, utiliza los cornos de manera literal, simulando una cacería con disparos de escopeta y hasta con perros. Esto en su "Sinfonía di caccia en sol mayor" de 1750. El paso definitivo que desembocó en el corno francés actual fue el inventionshorn y la trompa omnitónica. Estos añadieron el uso de tuberías o tonillos, es decir, anillos de metal que podían ser intercambiados. Este procedimiento permitía cambiar la tonalidad del instrumento o las notas que podía producir. Los últimos toques de diseño que le permitieron su evolución final llegaron hacia 1820, cuando se introducen válvulas.
Ahora bien, ¿por qué francés? Pues simplemente porque su desarrollo final fue en Francia. Mozart amaba el corno francés, aunque en aquel entonces el instrumento no lucía como el actual.
De hecho, sus conciertos para corno y orquesta fueron escritos para Joseph Leutgeb, un amigo de toda la vida bastante virtuoso que fue capaz de tocarlos con un corno natural sin válvulas, lo cual resulta hoy día una rareza y una proeza también, pues implica introducir la mano en la trompa para hacer modulaciones y afinaciones, además de trinos con los labios. Por su parte, Wagner dio luz a un instrumento necesario para su tetralogía el Anillo de los Nibelungos: La Tuba Wagner, que por cierto no es una tuba, sino un corno muy especial. El corno es quizá el aliento metal más versátil, pues a menudo es involucrado en música de cámara, en ensambles pequeños para cuerda, como es el caso de la Broma Musical de Mozart o el Septeto de Beethoven.
El corno, no en un suspiro, sino en un gran soplido.