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Música en un suspiro

MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

Sin duda, la invención de la imprenta generó grandes avances y desarrollos en materia de identificación, resguardo y transferencia de conocimiento…, sin embargo, también perdimos mucho. Somos una cultura que asume, casi de forma inconsciente, que las ideas sólo pueden vivir en las palabras. Somos, dijera Marshal McLuhan, producto de una cultura letrada que, si bien ganó mucho, perdió más.

Quizá esto pueda sorprenderte, pues ¿quién pudiera imaginarse que perdimos más al poder escribir nuestras ideas? El problema radica en que sólo buscamos, identificamos y validamos lo que está escrito… con palabras y números. Quizá por ello el arte es tan poco valorado y simplemente visto como una actividad recreativa o de entretenimiento en la mayoría de las veces. Si embargo, es a través de él que podemos abrir canales y entrar en atmósferas capaces de explicar el amor, la añoranza o el miedo.

La realidad es muy grande y no puede ser envuelta en palabras. Si no me crees, dime qué es un beso. En definitiva, no es el acto de presionar los labios contra la superficie de un objeto, generalmente la piel de otra persona, como una expresión social de afecto, de saludo, o de amor. Esa es una definición de Wikipedia, pero un beso es mucho más. La poesía, la danza o la música pueden explicarlo con mayor claridad. La analogía es una forma de entender y construir la realidad. Una analogía es Mapeo de conocimiento de un dominio a otro. Albert Einstein decía que la analogía era la única forma de entender algo. El lenguaje matemático era letra muerta sin el entendimiento profundo.

La música nos habla y motiva a entender pasiones y…, ya que hice referencia a esta palabra, hablemos de la Sinfonía 49, La Pasión de Haydn. Ésta fue escrita en 1768, en pleno Sturm und Drang, es decir, ese movimiento literario que exalta las pasiones humanas por encima de la razón. Hoy se sabe que Haydn no la bautizó así, sino que su mensaje propiamente, fue quien motivó el sobrenombre. Es decir, la sinfonía "habló" por sí misma. Esta obra sigue la estructura típica de una "sonata da Chiesa", es decir lento, rápido, lento, rápido. Nunca cambia de tonalidad, es decir siempre está en Fa menor, lo cual le da una sensación de oscuridad, y tragedia…, tal es la Pasión de Cristo. Es como ir caminando con la vista hacia abajo en señal de dolor. Normalmente las sinfonías cambian de tonalidad para cambiar los estados de ánimo del escucha, pero en este caso no hay nada que cambiar…el sentimiento debe ser uno sólo: El de dolor. De hecho, de sus 104 sinfonías, la 49 es la única que presenta este fenómeno.

Dice Hellen Keller, siendo sorda, ciega y muda, escribió: "La gente puede pensar que un hombre ciego es un idiota, pero no sabe que cuando la puerta de un sentido se cierra, otra se abre. Frecuentemente miramos tanto tiempo la puerta que se cerró, que no nos damos cuenta de la puerta o puertas que se han abierto para nosotros".

A manera de colofón, me pregunto, ¿cuántos ciegos puede albergar una sociedad que le da la espalda a las bellas artes? Miopía en un suspiro.

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