Los 300 años que van de 1521 a 1821, fueron testigos de la conformación de un maravilloso concepto musical: El Mariachi. Producto de un lento proceso de definición, la música de Mariachi se fue nutriendo de ingredientes europeos, africanos e indígenas. Según el antropólogo musical Jesús Jáuregui, el primer registro de la mariachi la encontramos en parroquia de Santiago Ixcuintla, en el Estado de Nayarit en donde se asientan actas de nacimiento y de defunción entre 1832 y 1844 en el rancho de Mariachi.
En la famosa “carta de Rosamorada” de 1852, se detalla un testimonio en donde se hace mención de la realización de fandangos, es decir verbenas populares en donde reinaba la música y el alcohol. Estas fiestas eran conocidas en la región bajo el nombre de “Mariachis”.
Pero dicho término no se remitía solamente a la celebración, sino que también tendió en llamárseles así a los músicos que participaban en ellas.
El primer registro histórico en que se hace alusión así a un grupo de músicos data de 1859, en Tlalchapa, en el estado de Guerrero. Un mariachi era pues un sinónimo de desmán o alboroto.
Este dato nos deja claro que Mariachi NO es una derivación de algún vocablo francés como tiende a mencionarse de forma errónea. Mucho sorprendería hoy día, que, en su momento, y como era de esperarse, fracciones de la sociedad conservadora de Michoacán, Nayarit y Jalisco, criticaran y consideraran esta música como algo deleznable. No fue sino hasta principios del siglo XX cuando el Mariachi fue reconocido como un digno representante del sentir profundo del pueblo.
Bajo el cobijo y apoyo de José Vasconcelos, el Mariachi fue ganando terreno como digno representante de la mexicanidad dentro del movimiento nacionalista de facto. Producto de conflictos armados y de actividades comerciales, estos grupos comenzaron a migrar a estados vecinos no sólo llevando su música sino incorporando su acervo de los lugares donde se establecían. Sones, jarabes, minuets, polkas, corridos, valses, chotises y mazurkas fueron incorporándose en el repertorio del Mariachi. En cuanto a los instrumentos, estos obedecen a la estructura fundamental barroca que acompañaba fandangos y coplas españolas. Con el tiempo estos ensambles se enriquecerían con guitarra, tambora, guitarrón, percusiones, y ya muy tarde la trompeta. Como era de esperarse los mariachis vestían…, “como podían” y a la usanza de su lugar de origen, sin embargo, conforme iban presentándose en las grandes ciudades, se motivaron a presentarse vistiendo el elegante traje de charro que los distinguía como orgullosamente provincianos. Ello no sólo llamó la atención del citadino, sino que maravilló al mundo, convirtiéndose en un ícono y símbolo de la mexicanidad.
Pese a todo lo anterior, no existen documentos que aseguren los orígenes, autores y responsables de este bellísimo género que nos da identidad. Por ello quizá valga la pena decir que es la magia de México, la fuente y origen de eso que nos une como cultura.
México en un Suspiro.