Los gobiernos de la 4T, desde su inicio en 2018, han condenado lo que llaman el periodo neoliberal, cuyas políticas, así lo pregonan, son responsables de todos los males que se padecen en México: falta de crecimiento, que éste solo benefició a la mafia de los ricos, que se privilegió a los pocos, de la inseguridad, de la corrupción…
Ciertamente, no solo en México, sino en muchos países hay malestar con las políticas impulsadas al influjo de las políticas neoliberales, surgidas del llamado Consenso deWashington, que se impulsaron tras el ascenso deMargaret Thatchter (1979) en Reino Unido y Ronald Reagan (1981) en EUA y se adoptaron en lamayor parte de las economías occidentales. J.E. Stiglitz ilustra esemalestar para Estados Unidos al afirmar:
Las rentas en Estados Unidos llevan casi un tercio de siglo estancadas… la vida burguesa—untrabajo decente, con un salario decente y cierta seguridad, la capacidad de poseer una vivienda y enviar a los hijos a la universidad y una jubilación, razonablemente cómoda— parece algo que está más fuera del alcance de gran parte del país. Las cifras de pobreza no dejan de crecer y la clase media está siendo aniquilada. El único grupo al que le ha ido bien es el situado en la parte más alta, en particular, ese 1%, y sobre todo es .01%, los centenares de estadounidenses más ricos.
En México sucedió algo similar. La economía mexicana creció a un ritmo de 2.5% entre 1990 y 2018, ritmo que, si bien es muy superior a lo ocurrido a partir de 2018 (1.06%, promedio), no fue suficiente para las necesidades de nuestra dinámica demográfica, lo cual incidió en avances insuficientes en la erradicación de la pobreza y la desigualdad económica.
Las cifras muestran el deterioro en los indicadores de pobreza y desigualdad en la década de los 80—llamada la década perdida— y mejoras a partir de 1990. Dicha reducción de la pobreza esmayor en los últimos años de 2018 a 2024. Por otra parte, el nivel de desigualdad, medido este por el índice de GINI, se deteriora en la década de los 80 y mejora entre 1990 y 2018; por el contrario, no muestra mejoría entre 2018 y 2024. Lo que no está claro, por falta de indicadores suficientes, es lo que pasó con la distribución de la riqueza, aunque no es descabellado pensar, con base en indicadores indirectos como retornos de la bolsa de valores, comparación de tasas de interés, contra crecimiento del PIB, entre otros, que lo más probable es que haya habido una mayor concentración de esta.
Los datos de crecimiento del PIB también contradicen los alegatos de la 4T, pues en el llamado periodo neoliberal el crecimiento promedio fue de 2.7% promedio por año. Crecimiento, aún insuficiente, más de dos veces superior al observado en el periodo de la 4T.
En mi opinión, la crítica al periodo neoliberal es válida, pues los resultados observados en México y muchos otros países que adoptaron estas políticas, no fueron los esperados, hubo desencanto. 2 Sin embargo, quedarse en la crítica no ayuda al responsable de decidir qué hacer diferente al pasado para lograr mejores resultados, si no se entiende por qué fallaron las políticas del Consenso deWashington o neoliberales. Sin un buen diagnóstico estamos condenados a fracasar y hasta ahora, por falta de dicho diagnóstico, las políticas de los gobiernos de la 4T van en esa dirección: al fracaso.
Surge la pregunta ¿qué falló? Las causas son diversas. Unas surgen del diseño mismo del Consenso de Washington y otras son atribuibles a la gestión por los diversos países de las políticas impulsadas por dicho Consenso.
Los problemas de diseño se originan en la forma en que se diseñó este paquete de políticas, mismo que fue acordado, como lo señala Stiglitz, en dicha ciudad, Washington, entre el FMI y el departamento del tesoro de EUA. Estas políticas, en realidad atendían más a las necesidades de las grandes empresas que a las del propio país (EUA) en general, y mucho menos a las necesidades de los países emergentes o en desarrollo. Por ejemplo, entre otras omisiones fue el no prestar atención a su impacto sobre la desigualdad económica ni a la inestabilidad que se estaba creando por la desregulación financiera, que permitía el libre movimiento de capitales de corto plazo y el devastador efecto que este flujo incontrolado podría tener sobre las economías de los países en desarrollo, ejemplo: crisis asiática de 1997.
Otro error de diseño que afectó a los países en desarrollo fue el rechazo a impulsar una política industrial propia, que hubiera permitido a estos tomar medidas para mitigar los efectos negativos de la globalización. Estos países poco podían hacer, pues su situación de déficit fiscal crónico los ponía ante una difícil disyuntiva: o aceptar las políticas del Consenso de Washington o no poder acceder al financiamiento para sus necesidades.
Una falla de diseño similar a lo arriba mencionado es la integración del grupo o comisión para promover inversiones, creado en enero de este año por la señora presidente de México, que solo incluye a dueños o directores de algunas de las empresas más grandes de México. Podemos imaginar lo que va a significar el grupo. Es de esperar que además de que obtengan contratos y concesiones, el grupo, si en realidad opera, promoverá políticas públicas o legislación que les beneficien; dudo les preocupen mucho las necesidades de las empresas medianas o pequeñas, o las micro, o que promuevan un esquema fiscal más progresivo.
Otra falla de diseño es que la premisa central del modelo neoliberal — que la libre competencia en los mercados produciría una óptima asignación de los recursos disponibles y que el crecimiento dinámico generaría una mayor riqueza que beneficiaría a todos— es una falacia, pues los mercados rara vez son competitivos. A. Smith, padre de la economía, en el siglo xviii advirtió que la libre competencia no es la norma en los mercados, al señalar que cuando personas de un mismo tipo de negocio se reunían, sin importar el propósito, terminaban poniéndose de acuerdo en cómo ganar más, afectando con ello al público.
La realidad es que, en lamayoría de los mercados, el poder se distribuye en forma desigual y ello tiene consecuencias que afectan el desempeño económico global del país. Las empresas grandes detentanmayor poder, lo que les permite operar en los términos que mejor les convenga. Pueden pagar a sus trabajadores sueldos por debajo de los que habría en un ambiente de competencia, debilitar a sus sindicatos o dificultar la negociación colectiva. A sus clientes pueden cargarles precios por encima de los que habría en un mercado competitivo. A sus proveedores les pueden imponer condiciones para ampliar sus propios márgenes. Con el gobierno pueden eludir y evadir impuestos, e introducir regulaciones que favorezcan sus intereses, sin importar el cos