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¿Neoliberalismo no, qué sigue? [Parte II]

ROGELIO MONTEMAYOR S.

México no es diferente. Abundan los mercados no competitivos. Santiago Levy (2018) señala que en México hay sectores clave -como energía, telecomunicaciones y banca- que no operan con plena competencia. Esto permite a las empresas fijar precios más altos y generar rentas, encareciendo insumos básicos para el resto de la economía. El efecto es claro: aumentan los costos de la producción y se limita la capacidad de muchas empresas para crecer, sobre todo las más pequeñas.

El segundo grupo de fallas, fallas de gestión, en esencia se refieren a la falta de medidas que debieron adoptarse por los países en desarrollo para atender las necesidades de los grupos de perdedores de este esquema. Las políticas, como el Consenso de Washington, que se consideraban buenas políticas beneficiaban a unos y afectaban a otros grupos. Y los gobiernos fueron, en general, omisos en adoptar políticas para apoyar a los perdedores para que pudieran superar los obstáculos que les impedían competir y beneficiarse de la globalización.

México tuvo que pasar rápidamente de ser una economía cerrada a ser una abierta a la competencia del exterior, de sus nuevos socios comerciales, y no todos los sectores pudieron enfrentar dicha competencia y ante tal realidad no hubo una política pública orientada a apoyar su conversión para poder competir y sobrevivir. En México se adoptaron diversas medidas para proteger con diferentes programas, destacadamente procampo, y además en algunos productos como el maíz, se dio un plazo de varios años antes que los productores nacionales tuviesen que enfrentar la competencia del exterior. No fue el caso de la industria donde muchas empresas no lograron sobrevivir.

Tampoco se dio mucha atención al problema de la desigualdad creciente que se empezó a generar. En México se puso en marcha un programa de apoyo a personas más desfavorecidas para ayudarles a mejorar sus circunstancias, fortalecer la organización social y sus capacidades productivas y se inició el combate a los monopolios. Aunque lo primero si bien tuvo continuidad en los gobiernos subsecuentes, con programas de diversos nombres, eventualmente se dejó de lado el impulso a la organización social, elemento clave para el fortalecimiento de capacidades de autodesarrollo. Lo segundo, la regulación antimonopolio, lo realizado fue limitado en efectividad para lo que se requería.

No obstante, en este lapso sí se hizo un esfuerzo importante en educación y en salud. Por ejemplo, el grado promedio de escolaridad pasó de 6.87 años a 9.55 en la población de 15 años y más (años), según el Sistema Nacional de Información Estadística Educativa. Por otra parte, la población sin acceso a servicios de salud pasó de 55% en el año 2000 a apenas 6.2% en 2015, principalmente por la expansión del Seguro Popular. Sin embargo, el desmantelamiento de ese servicio provocó un retroceso y el porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud subió a 29% en 2023. Este retroceso ha sido especialmente grave en estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde más de la mitad de la población volvió a quedar sin cobertura (Serván-Mori et al., 2025).

La experiencia de los éxitos y fracasos del paquete de políticas del periodo neoliberal nos dejan lecciones que deberíamos atender si buscamos lograr que la economía nacional logre más crecimiento económico, mayor generación de empleos bien remunerados y formales, más reducción de la pobreza en forma sostenible y menos desigualdad económica. Las resumo en: El mercado no lo puede todo. Su funcionamiento es necesario, más debe haber competencia. Hay tareas donde el mercado no produce buenos resultados, en especial, en educación, salud, seguridad social, seguridad pública, entre otros. El Estado tampoco lo puede todo. Debe sí, tener la capacidad legal, técnica y financiera para regular los mercados para combatir conductas monopólicas, riesgos para la sociedad y al ambiente. No obstante, regular no implica hacer por sí mismo las actividades que busca regular. También debe tener las capacidades necesarias para proveer bienes públicos, tales como infraestructura, educación, salud, seguridad social, seguridad pública, defensa, justicia, por mencionar algunos. También hay tareas en las que el gobierno no produce buenos resultados, como, por ejemplo, centralizando en el nivel federal tareas que por su naturaleza pueden ser mejor llevadas a cabo por los niveles inferiores de gobierno o suplantando al sector privado en tareas más propias de este sector. Finalmente, los ciudadanos deben tener la capacidad para frenar los excesos del poder público o el privado. Ello requiere transparencia y empoderar a los ciudadanos para llamar a cuentas a quien abuse del poder.

El gobierno de la 4T desde 2018, en su rechazo a las políticas identificadas con el neoliberalismo, no hizo un adecuado diagnóstico de por qué dichas políticas no habían dado los resultados esperados. Y si bien han conservado algunas de estas políticas, por ejemplo el acuerdo de inversión y comercial con EUA y Canadá, la autonomía del Banco de México, cierta disciplina fiscal, al menos en los primeros años, entre otros, también ha hecho cambios profundos en el papel que desempeñan el gobierno y los militares, asumiendo éstos tareas que eran realizadas por el sector privado; ha restablecido el monopolio de Pemex y CFE en el sector de energía; ha desmantelado instituciones clave para regular el mercado (COFECE, CNH, CREE); ha reducido derechos ciudadanos mediante el desmantelamiento o colonización de instituciones clave que servían para dar confianza y evitar abusos del poder público: INAI (derecho a la trasparencia y rendición de cuentas), PJF, SCJN, prisión preventiva (derecho a la justica imparcial, al amparo y a la presunción de inocencia), INE, TEPJF (derecho a elecciones libres y confiables), entre otros.

Para mí es claro que este esquema de políticas públicas de la 4T no es el camino por seguir para corregir las fallas del neoliberalismo. El esquema de políticas de la 4T fracasará en proveer a la mayoría de los mexicanos de mejores niveles de bienestar. Solo quienes detentan poder monopólico o están cerca del poder político saldrán aún más beneficiados.

Requerimos un nuevo balance entre gobierno, mercado y sociedad.

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