"Que mi belleza sola / es digna de adorarse", dice Narciso en El divino Narciso de Sor Juana Inés de la Cruz. Cuatro siglos después, Andrés Manuel López Beltrán parece haberse asomado al mismo estanque. Y le gustó demasiado lo que vio. Su carta a Donald Trump -después de que Estados Unidos le revocara la visa- es un monumento al narcisismo político. Tres páginas de arrogancia, victimismo y privilegio hereditario. Como si fuera jefe de Estado. Como si ser hijo de López Obrador le concediera jurisdicción sobre el gabinete de Trump y las decisiones de su gobierno. La carta revela a alguien acostumbrado a que las puertas se abran. A que las preguntas incómodas se cierren. A que el apellido funcione como salvoconducto. Bienvenidos a Andylandia.
¿Hay injerencismo estadounidense en México? Sí. Trump ha convertido las visas en instrumento de presión política y su gobierno ha ampliado agresivamente su utilización. Washington no es árbitro imparcial de la democracia mexicana ni guardián desinteresado de nuestra legalidad. Hay razones para rechazar cualquier pretensión de tutela estadounidense. Pero denunciar el intervencionismo no vuelve inocentes a quienes Washington señala. Ni convierte automáticamente en persecución política cualquier acción contra un morenista.
La cancelación de la visa de Andy ocurre después de las de Marina del Pilar Ávila, Alfonso Durazo y Américo Villarreal, entre otros. Reuters reporta al menos 50 cancelaciones a políticos mexicanos de distintas filiaciones, aunque entre los casos públicamente conocidos predominan integrantes de Morena. Y existe un antecedente todavía más grave: Estados Unidos acusó a Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por presuntos vínculos con el narcotráfico y solicitó su detención provisional con fines de extradición. En vez de investigarlos, Sheinbaum ha insistido en protegerlos.
Ahora bien, una visa cancelada no es una sentencia. Una acusación estadounidense tampoco sustituye un juicio mexicano. Pero tampoco debería sustituirlo el silencio. Andy no llega a esta coyuntura impoluto. Investigaciones periodísticas han documentado durante años una red de amigos cercanos beneficiados por contratos públicos. Ahí están los contratos otorgados a Daniel Casasús, amigo de la infancia, y a empresas vinculadas con Hernán Bermúdez Requena. Ahí están los negocios de Amílcar Olán y la llamada red de "amigos de Andy". Ahí está el huachicol fiscal y los señalamientos públicos que han colocado a personas del entorno de López Beltrán dentro de las tramas vinculadas al contrabando de combustibles. Eso exige investigar, no absolver de antemano. Eso demanda escrutinar aduanas y relaciones, no taparlas con la bandera de Andylandia.
La insignia de un país donde el apellido precede al mérito, donde el privilegio se confunde con derecho adquirido, y donde cualquier cuestionamiento se convierte en complot. Aquí, cuando Washington toca al príncipe, sala la corte. Claudia Sheinbaum declara que la cancelación tiene "un sentido político" y habla de injerencia. Morena cierra filas. Pero la verdadera soberanía no consiste en proteger políticos mexicanos de investigaciones extranjeras. Consiste en tener instituciones mexicanas capaces de investigarlos primero. Soberanía es una Fiscalía autónoma. Es una UIF que siga el dinero sin filias partidistas. Son aduanas que no estén capturadas. Son gobernadores que no pacten con criminales. Son presidentes cuyos hijos no puedan usar la cercanía con el poder para beneficiar a sus amigos. Los verdaderos entreguistas son quienes entregan pedazos del Estado al crimen y después se envuelven en la "soberanitis" para impedir que alguien pregunte cómo ocurrió.
Sheinbaum dice que una visa no define a una persona. Tiene razón. La definen sus actos. La define la altanería. La define el nepotismo. La define la ética con la que ejerce -o usufructúa- el poder. La define creer que las reglas son para otros. La define comportarse como "mirrey" en una república que prometió acabar con los privilegios. Sor Juana puso frente a Narciso un espejo. México debería hacer lo mismo con Andy. Y decirle: (no) bello Narciso. Tu apellido no es patente de corso. Tu padre ya no es Presidente. México no es tu herencia. Y el reflejo que contemplas con tanta devoción no es bello. Es el rostro monstruoso de aquello que Morena prometió combatir y acabó empeorando.