Cuando la competitividad no cabe en las fronteras (I)
Hay una fotografía interesante de Coahuila y Durango que aparece cuando se colocan frente a frente dos publicaciones recientes: el Índice de Competitividad Estatal 2026 del IMCO y la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI. La primera mide qué tan preparadas están las entidades para generar, atraer y retener talento e inversión; la segunda nos dice quiénes somos, cómo vivimos, estudiamos, trabajamos y nos movemos.
El resultado dibuja dos estados a velocidades diferentes, pero también revela una oportunidad que pocas veces se observa desde los escritorios estatales: La Laguna puede ser más competitiva que la suma de sus fronteras políticas.
Coahuila ocupa el cuarto lugar nacional en competitividad, mientras Durango aparece en el 22. La distancia es considerable, pero la explicación no está solamente en cuánto produce cada entidad. Está en la capacidad de convertir población, educación, infraestructura, seguridad y empresas en productividad.
Coahuila ha conseguido algo que muchos estados persiguen desde hace décadas: construir un ecosistema industrial capaz de atraer inversión y generar empleos formales, aunque existen ciertamente diferencias en sus cinco regiones. Aun con esta salvedad, el IMCO coloca al estado en el quinto lugar nacional en Innovación y Economía y en el segundo en Derecho. Su economía exportadora, particularmente vinculada con la industria automotriz, constituye uno de sus principales motores.
Los datos del INEGI ayudan a entender esa ventaja. Coahuila llegó a aproximadamente 3.4 millones de habitantes en 2025, con una edad mediana cercana a los 30 años y un grado promedio de escolaridad de 10.9 años.
Además, una proporción importante de su población ocupada tiene empleo asalariado y la entidad mantiene niveles de informalidad inferiores al promedio nacional.
Dicho de manera sencilla: Coahuila ha logrado construir una economía que absorbe buena parte del capital humano que genera, pero justamente ahí aparece su siguiente problema.
El cuarto lugar nacional no significa que todo funcione bien. Coahuila ocupa el lugar 16 en Mercado de Trabajo y el 14 en Infraestructura. Su éxito industrial también genera nuevas exigencias: más agua, energía, vivienda, movilidad, carreteras, ferrocarril y trabajadores especializados y una vez más, el estado tiene 5 regiones con particularidades específicas.
Para Coahuila ya no es cómo convertirse en una economía industrial.
Eso ya lo consiguió. La pregunta es cómo pasar de una economía manufacturera altamente competitiva a una economía manufacturera más tecnológica, innovadora y diversificada, que le permita a su población dar un paso más hacia arriba en su desarrollo.
Durango presenta la imagen contraria. Aunque el estado también está creciendo, La Encuesta Intercensal registró alrededor de 1.94 millones de habitantes y una edad mediana de 30 años. La escolaridad avanzó hasta aproximadamente 10.3 años y aumentó la participación económica de la población. El acceso a internet en las viviendas también registró un salto importante. ¿Por qué entonces Durango aparece en el lugar 22 del ICE? Porque tener población, mejorar la escolaridad y ampliar la conectividad no garantiza competitividad si no existen suficientes infraestructura, empresas, innovación y empleos de alto valor capaces de aprovechar ese capital humano.
El dato resulta especialmente relevante porque Durango ocupa el 30.º lugar en Infraestructura, el 22 en Innovación y Economía y el 28 en Sistema Político y Gobiernos. En contraste, ocupa el sexto lugar en Derecho y el 11 en Sociedad y Medio Ambiente.
La fotografía parece clara: Durango tiene activos sociales que todavía no consigue transformar plenamente en activos económicos.
Y aquí surge un riesgo demográfico. Si los jóvenes estudian más pero las oportunidades profesionales de alto valor no crecen al mismo ritmo, la consecuencia puede ser la migración del talento. Una entidad puede invertir en formar capital humano para terminar exportándolo hacia otros estados. Aquí es donde justamente en este punto donde La Laguna adquiere una importancia estratégica.
La región no funciona de acuerdo con el mapa político. Un trabajador puede vivir en Gómez Palacio o Lerdo y trabajar en Torreón. Una empresa puede tener proveedores en Lerdo y clientes en Saltillo o Monterrey. Familias, universidades, hospitales, comercios y empresas utilizan diariamente una región que atraviesa una frontera estatal.