(El Siglo de Torreón/ Luisinsky A Serrano)
La Comarca Lagunera volvió a ser testigo del idilio que mantiene Enjambre con su público local. La noche de este sábado 17 de octubre, el Coliseo Centenario abrió sus puertas para recibir a la agrupación zacatecana como parte de su aclamado Tour Daños Luz, en una velada donde la melancolía retro, el rock alternativo y el fervor colectivo convirtieron al recinto en un auténtico hervidero de emociones.
Desde horas antes del inicio del espectáculo, los accesos al Coliseo mostraban una postal vibrante: miles de fanáticos —desde jóvenes que los descubrieron en años recientes hasta seguidores de la vieja guardia— lucían camisetas de la banda, chamarras de cuero y ese estilo característico que abraza la estética nostálgica del grupo.
Un arranque explosivo y un viaje sonoro monumental
Aunque el show estaba programado originalmente para iniciar a las 21:00 horas, la impaciencia y la expectativa del público alcanzaron su punto máximo cuando, exactamente a las 21:38 horas, las luces del recinto finalmente se apagaron, provocando un estallido ensordecedor de gritos en la arena.
Luis Humberto Navejas y compañía pisaron el escenario entre vítores para recompensar la espera y encendieron los motores con una secuencia de apertura impecable. La velada arrancó con Desfases, tema perteneciente a su producción Daños Luz, marcando de inmediato el tono vibrante de la noche; le siguió la nostalgia de Ausencia de Cocina, del álbum El Segundo Es Felino, para dar paso a la potencia de En tu día, corte representativo de Imperfecto Extraño. El golpe definitivo del arranque llegó con los primeros acordes de Dulce Soledad, clásico extraído del álbum Daltónico, provocando que todo el recinto explotara en un coro unánime.
La noche avanzó entre una atmósfera lumínica envolvente y una entrega total sobre las tablas. El público no solo escuchó: bailó, saltó e interrumpió el ritmo habitual entre temas con el ya clásico coreo popular "¡Enjambre, Enjambre!".El repertorio continuó equilibrando piezas de textura profunda como Cámara de faltas, Angustias e Intruso, con momentos de pura catarsis colectiva al sonar Visita y Elemento. La banda demostró una madurez escénica y sonora que mantuvo a los asistentes al borde de sus asientos —o de pie sobre los pasillos— durante todo el concierto.
Dos caras de una misma devoción: La comparación con su visita previa
El reencuentro de este fin de semana inevitablemente trajo al recuerdo la presentación que la banda ofreció en tierras laguneras el año pasado. Si bien en aquella ocasión la atmósfera tuvo un matiz de íntima elegancia —marcado por arreglos que apostaban más a los matices acústicos y al formato de teatro o intimidad instrumental—, el concierto de anoche ofreció una faceta de pura potencia eléctrica y explosión sonora propia del Tour Daños Luz.
Ambas visitas demostraron la gran versatilidad de Enjambre: mientras que la cita del año anterior destacó por la delicadeza técnica y la emotividad sutil de sus arreglos, la velada de este sábado fue un derroche de energía pura y comunión masiva. Ningún formato superó al otro; más bien, funcionaron como dos capítulos complementarios de la sólida relación que la banda ha construido con la Comarca Lagunera.
El broche de oro con Vínculo
Tras lo que parecía ser la despedida formal de la agrupación, la multitud en el Coliseo se negó a dejar ir a sus ídolos.
Entre chiflidos, aplausos retumbantes y un grito unánime exigiendo "¡Otra, otra!", la banda regresó al escenario para regalarle a Torreón un último y especial momento.
La canción elegida para este cierre definitivo fue Vínculo, tema que desató la última ola de euforia de la noche y que sirvió como el lazo perfecto para sellar la conexión entre los músicos y la afición lagunera. Con este último tema, Enjambre se retiró entre ovaciones de pie, dejando la promesa implícita de que Torreón siempre será un puerto seguro para su música.