'Noche, noche, noche', la novela de Diana Obando que guarda un canto ancestral
La primera novela de la escritora colombiana Diana Obando es un canto ancestral que proviene de las profundidades de la naturaleza. En ella influye la cultura kogui, un pueblo indígena que habita en la Sierra Nevada de Santa Marta. La autora comparte que, gracias a la altura de esas montañas, esa comunidad logró aislarse por muchos años de la influencia de occidente.
“Y por otro lado, los mayores de esa comunidad han decidido tomar ciertas medidas para transmitir con mucho juicio sus tradiciones culturales. Muchos de los mamos (autoridades kogui) deliberadamente no aprenden el español ni se ponen en contacto con Occidente. Entonces, cuando, durante los años sesenta, (Gerardo) Reichel-Dolmatoff, este antropólogo austriaco que se instala en Colombia, empieza a recoger las historias de tradición y los mitos de la comunidad kogui, esta comunidad estaba todavía muy redondita, no había entrado tanto en contacto con Occidente”.
Diana Obando ha titulado a su nueva obra ‘Noche, noche, noche’ (Hachette, 2026). El texto lleva ese nombre gracias al sumo interés de la escritora por la cultura kogui. ‘Noche, noche, noche’, responde al vocablo kogui ‘Sai, sai, sai’, el cual está presente en uno de los mitos que esta comunidad tiene sobre la creación del universo y fue lo primero que los kogui dijeron ante la ausencia de un lenguaje.
“Me interesaba que los personajes de mi novela viajaran entre cuerpos y entre tiempos, y fueran lo más atrás posible; es decir, hasta las primeras gentes que salieron del mar. Y decidí acudir a la mitología kogui porque se han mantenido muy claros en sus mitos, que no ha sido permeada por otros arquetipos u otras historias”.
Según lo recabado por Reichel-Dolmatoff, información que tiempo después fue estudiada por Diana Obando, ‘Sai, sai, sai’ o ‘Noche, noche, noche’, responde en kogui al piar de la humanidad. Los primeros koguis emitían este sonido como una especie de mantra previo a todo lenguaje comprensible.
En su novela, Diana Obando plasma a Sara, una mujer que intenta sostener la vida con sus manos desnudas: siembra papa, cuida el vergel y mantiene en pie una casa que apenas resiste a las inclemencias del clima. Junto a ella está Tomás, un hombre que se consume entre la vejez y la obstinación por domesticar una semilla. Tomás prueba por error una planta que desata una serie de sueños que lo arrastran como río abajo hasta las memorias de su padre y de su abuelo.
“Me gustó trabajar con esa noción de qué pasaría si uno levantara la historia de todas las gentes que lo precedieron, humanas y no humanas, y llegar hasta el primer bicho. Qué le pasaría a la conciencia de una persona que experimenta encarnar ese primer bicho, qué cosas buenas y qué cosas malas pasaría. Me interesaba eso, ese momento de oscuridad”.
Los protagonistas son acompañados por Vladimir, quien trabaja la tierra, cuida animales, y esos sueños en los cuales también se arremolina. Este joven es capaz de descubrir que eso a lo que llama “naturaleza” posee sus propias historias y lo atraviesan más de lo que quisiera admitir.
“Siento que la mitología kogui en el libro es como lo anuncia Sara en un momento, en unos de los capítulos, como una suerte de vasijas de pensamiento que permiten enfundar cosas que no se pueden decir o nombrar, como que la mitología nos permite tomar información que es imposible de digerir para la mente humana y hacerla nombrarle. Más que la mitología kogui en sí misma, me interesaba su
antigüedad. Y me parecía que los personajes en torno a ella deberían tener distintas formas de acercarse a esa información”.
La novela Noche, noche, noche, de Diana Obando, explora un límite difuso entre la vigilia y el sueño, así como en el cuerpo y el territorio, el duelo íntimo y al catástrofe ancestral. Ante las letras de Obando, el lector puede permitirse ensoñar con un paisaje que habla con voz propia.
“No me interesaba tener personajes que resolvieran la pregunta, quería personajes que estuvieran en la pregunta”.
En este tenor, Diana Obando considera que los sueños sin intrínsecos a la realidad; los seres humanos sueñan despiertos todos los días. Desde los 17 años, la escritora ha incursionado en la onironáutica, una rama que permite estudiar los sueños e inducir al sueño lúcido. Ha trabajado con plantas relacionadas a este tema y parte de su novela, indirectamente, recoge parte de su experiencia.
