Índice de Competitividad Regional.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) presentó la primera edición del Índice de Competitividad Regional (ICR), una herramienta que mide la capacidad de las regiones mexicanas para atraer y retener inversión y talento. El estudio confirma que la competitividad es un fenómeno regional, los avances o retrocesos de un estado generan efectos de derrame sobre sus vecinos, lo que el organismo denomina “efecto de vecindad”.
El ICR 2026, construido a partir de 40 variables agrupadas en cuatro subíndices, revela que ninguna región del país cuenta con condiciones óptimas en infraestructura o seguridad para retener inversión. Sin embargo, el Noreste -donde se ubica Coahuila- se posiciona como la región más competitiva, al encabezar tres pilares del índice y consolidarse como el espacio más atractivo para la instalación, operación y expansión de empresas, así como para la movilidad y permanencia del capital humano calificado.
Este desempeño refleja un ecosistema integrado donde infraestructura, mercado laboral, certidumbre operativa y productividad se refuerzan mutuamente, generando un entorno competitivo que coloca al Noreste en la primera posición nacional. La región, conformada por entidades con características económicas y productivas compartidas (Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí), se convierte en un polo de atracción frente a los rezagos que persisten en otras zonas del país, particularmente en el sur.
El estudio también expone los principales obstáculos que frenan la competitividad regional como la alta informalidad laboral, que limita la atracción de talento; la caída en la llegada de inversión extranjera directa; la inseguridad, que debilita la retención de inversión; y la desigualdad salarial, que dificulta la permanencia de trabajadores calificados. En este contexto, el Noreste enfrenta una paradoja, pues aunque registra una de las mejores tasas de percepción de seguridad (32% de la población mayor de 18 años), las empresas destinan un gasto elevado en medidas de protección, lo que incrementa los costos operativos y reduce márgenes de competitividad.
La comparación con el Noroeste -donde se ubica Durango- resulta ilustrativa. Ambas regiones encabezan la percepción de seguridad y el gasto empresarial en protección, pero el Noroeste concentra la tasa más alta de homicidios del país, lo que convierte a la inseguridad en un costo de frontera interno que dificulta la permanencia del talento. En contraste, el Noreste logra capitalizar mejor sus condiciones de infraestructura y mercado laboral, aunque no está exento de los riesgos que plantea la informalidad y la desigualdad.
El IMCO subraya que competir como región multiplica resultados. Para los gobiernos estatales, la recomendación es alinear agendas y consolidar prioridades comunes, como reducir la informalidad, garantizar acceso a salud y asegurar agua en zonas urbanas. Para el sector empresarial, la propuesta es pasar de capacitaciones aisladas a hubs regionales de formación que integren parques industriales, empresas y proveedores, con el fin de definir perfiles comunes y compartir costos de capacitación. Y para el Gobierno Federal, la tarea es orientar programas e incentivos hacia proyectos regionales que conecten estados líderes con entidades rezagadas, vinculando apoyos al nearshoring y la logística con la creación de empleo formal y encadenamientos productivos.
El Noreste se perfila así como la región más competitiva del país, pero su liderazgo no está garantizado. La informalidad laboral, la inseguridad y la desigualdad salarial siguen siendo factores que amenazan su capacidad de retener inversión y talento. El reto es transformar la ventaja actual en un modelo sostenible de desarrollo regional, capaz de multiplicar beneficios más allá de sus fronteras y consolidar un corredor de competitividad que impulse al país en su conjunto.