Los tiempos no son favorables. El mundo está pasando por una muy severa crisis de inestabilidad en todo orden, político y económico.
La historia nos dice que nunca se ha dado un momento de entera tranquilidad. Cada una de las etapas, sean recientes o pasadas, ha sido de alguna inquietud predominante. Revísese cualquiera de ellas... guerra, epidemias, desastres naturales, etc. Tanto en la antigüedad y mucho menos en los siglos más cercanos a nuestra memoria.
En cada tramo de la historia se han dado los choques entre opuestos. La antigüedad nunca fue tranquila para nadie. Piénsese en las invasiones de las hordas contra Roma o las interminables guerras del Medievo europeo, o las gloriosas revoluciones sociales que empapadas de sangre, transformaron los mundos de Francia, Rusia, México, y tantos otros países.
Para nosotros, el dramático Siglo XIX, y el XX con la Revolución , o los años de la infame Cristiada, las quiebras financieras posteriores de hace 40 años… ni los años del desarrollo estabilizador cuando el equilibrio socioeconómico rimaban en un cómodo solaz que desatendió la formación de un pueblo bien capacitado, mientras había quienes preparaban gestas socialistas queriendo arruinarlo todo.
La actualidad presenta el panorama desolador de los millones de muertes que, tras dos guerras mundiales, se suman en Medio Oriente y en Ucrania. La Sociedad de Naciones de 1918, como luego las Naciones Unidas de 1945, fueron creadas para conjurar nuevas guerras. Ahora es acusada de débil y se juega con la insensatez de desaparecer a la ONU diciendo que sólo puede obedecer decisiones de su Asamblea General o su muy constreñido Consejo de Seguridad. Su desaparición cancelaría las misiones de paz que salvan vidas y ayudan a centenares de comunides a pasar del conflicto a los ambientes de paz.
Tal como hoy, el mundo nunca ha estado libre de amenazas que atentan contra los valores más torales de la convivencia. Es por ello que todo apunta a la urgencia de acelerar el paso para aprender a defender nuestros intereses y nuestra cultura en medio del problemático escenario internacional que nos rodea.
Es un error pensar que la acción del gobierno basta para hallar los caminos adecuados. Siendo comunes los retos también serán los trabajos para todos. Es indispensable el concurso de la sociedad civil a través de sus asociaciones y demás instituciones y entidades, para que junto con el gobierno resolvamos en unidad lo que en muchos casos requiere coordinación internacional. México tiene que alcanzar calidad mundial al menos en los más elementales capítulos de alimentación, salud, educación, oportunidades de empleo y todo en un clima de seguridad.
En materia de alimentación habrá que utilizar los bancos de alimentos que los recogen de diversas empresas para distribuirlos en los estratos más pobres y vencer la alta propensión a la obesidad y con la cooperación de los fabricantes de dulces y demás confites, controlar la tendencia a la diabetes.
Es en el campo de salud que tenemos mucho que completar en distribución de vacunas y medicinas y formación de médicos además de ampliar la red de consultorios en zonas rurales.
La sociedad civil ha sido esencial en lo que a la promoción de la democracia en todos los ámbitos y regiones a través de asociaciones políticas muy activas en los años noventa del siglo pasado como la Asamblea Democrática para el Sufragio Efectivo, el Consejo para la Democracia, el Grupo San Ángel o la Alianza Cívica. Juntas presionaron al gobierno para que hubiera una la credencial electoral con foto, ayudar también en la creación del Instituto Federal Electoral, del Tribunal e introdujeron la Cuenta Rápida
Es en materia de Seguridad donde converge la mayor preocupación actual que se enfoca en la batalla necesariamente internacional contra las organizaciones criminales extendidas desde nuestro país, a todas las regiones del mundo sin excepción.
Se trata aquí de la inaplazable y urgente tarea donde no podemos permitir que el tema de la soberanía sea utilizado para servir como escape a la responsabilidad que legal y humanitariamente nos incumbe.
Tenemos que entender cómo combatir la inaplazable necesidad de erradicar el poder de las mafias a fin de realizar el potencial humano que aún está encerrado en la energía y creatividad de nuestra juventud que se desplegará en el ilimitado horizonte de nuestra comunidad.
Dejemos las fútiles discusiones que no nos conducen a buen puerto. Mejor dediquemos nuestro tiempo a cumplir con las tareas que más urgen.
juliofelipefaesler@yahoo.com