No acabamos de enderezar el camino.
Los recursos humanos y materiales con que contamos son ampliamente suficientes para asegurar a nuestros 135 millones de conciudadanos una vida digna y desarrollada. Pero no es así. Tras muchas décadas de esfuerzos personales el mexicano en general no ha alcanzado el nivel promedio de vida que marca la OCDE. Los índices internacionales de bienestar nos sitúan en sus rangos inferiores. Lo que más nos mortifica son las insuficiencias en educación y salud y lo que ahora más preocupa es la seguridad en su persona y bienes.
Cada una de las deficiencias de las que tenemos plena consciencia podrían enmendarse con acciones metódicas debidamente aplicadas pero también sabemos cómo la corrupción se ha apoderado de las estructuras que debieran actuar. Cómo las mafias dominan en más de la mitad del territorio nacional.
El tiempo pasa, estamos entrando a la mitad, lo hondo, del sexenio del gobierno del ambicioso Morena y no se ven visos de que las cosas se enderecen. En la guerra contra las poderosas mafias tratamos de encontrar esperanza en la aprehensión de sicarios menores, pero sabemos que el poder oficial jamás romperá sus torvos pactos y las cosas seguirán igual.
Mientras el país sigue rehén de las mafias más poderosas que junto con la inoperancia de fiscalías y juzgados se traza un complejo atraso infernal, en el mundo exterior se están montando, articulando, afinando los mucho más complicados juegos de fuerza entre potencias económicas y financiera donde las políticas determinan la suerte de poblaciones enteras, incluso la nuestra.
Los pasos que se están dando en la definición de los marcos por los que han de fluir las masas de productos y las corrientes financieras son de suprema trascendencia. México no puede estar ausente de los grandes foros en que los asuntos de su interés vital se deciden.
Los escenarios internacionales están repletos de grupos de contacto, de negociaciones y conferencias, las visitas de los jefes de estado se proliferan tejiendo entendimientos y acuerdos, programas de acción sobre la multiplicidad de temas que al aumentar la densidad de situaciones que reclaman atención hacen que el quehacer de los líderes sea mayor.
Los acuerdos regionales presentan otro aspecto que se extiende. En el caso nuestro, la imbricación que se ha solidificado con la economía norteamericana no solo es con Estados Unidos sino claramente con Canadá que tiene estrecha relación con los países de la comunidad británica sino con los países del continente europeo. Es con este socio que podemos ensanchar nuestras ya exploradas relaciones con Asia. empezando por Filipinas, antigua socia nuestra en la histórica Nao, las que tenemos con China, India, Japón al lado de las que tenemos con Corea del Sur, Vietnam y Singapur son piezas de gran importancia para México que a su vez aporta a todos el atractivo de una articulación con Estados Unidos más variada que la de cualquiera otro país. Cabe mencionar que desde los años sesenta y sesenta del siglo pasado, los mercados de varios de esos países eran entusiásticamente explorados por hombres de negocios y consejeros comerciales mexicanos. Vale recordar también las pioneras TMM que nos enlazaba con los puertos de aquellos países.
Es interesante por otra parte observar que como elemento en la incontenible ampliación de las interrelaciones económicas, el factor ideológico pierde relevancia. Las exigencias de los pueblos son en términos de productos y servicios, las realidades comerciales, científicas y culturales toman precedencia cuando se trata de facilidades o preferencias arancelarias o cuestiones de seguros.
El pertenecer a uno u otro bando de adhesión política palidece al lado de la opción comercial. El factor ideológico cede paso a las consideraciones más concretas que tienen que ver con la eficiencia con que se realizan los movimientos de carga.
Se verá, en conclusión, cuán irracional es la decisión en el gobierno de proteger intereses tan bastardos como las redes narcotraficantes o sus principales líderes.
El México que goza de un calificado prestigio mundial no merece ser tratado por un gobierno que no entiende.
juliofelipefaesler@yahoo.com