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Nüshu, las palabras secretas de las mujeres oprimidas

Se trata de un alfabeto fonético creado para sortear la exclusión educativa femenina en la China de los siglos XVIII al XIX. Textiles como almohadas, pañuelos, abanicos o cinturones como portadores de poemas íntimos y códigos de consuelo.

Imagen: star2.com

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MÓNICA RODRÍGUEZ CORONA

Imaginemos que vivimos en el paisaje rural de Jiangyong, en la provincia de Hunan, China; que es nuestro tercer día de casadas y por tradición recibimos de nuestras amigas, o “hermanas juradas” (laotong) una serie de telas bellamente bordadas que escondenun código de escritura que solamente puede ser interpretado por nosotras, las mujeres. A los ojos masculinos son simples piezas de tela que forman parte de los regalos de ajuar, pero para las ahora esposas simboliza la única conexión emocional de arraigo que nos acompañará en la próxima partida. Este obsequio forma parte de un ritual conocido como “el libro del tercer día”.

Las telas se confeccionan en almohadas, pañuelos, abanicos, ropa o cintos. Estos últimos son utensilios que llevamos o cargamos cerquita del cuerpo; basta con sentirlos o sostenerlos para recordar su mensaje. En el caso de la almohada, no hay mejor objeto que sirva como sostén de nuestros pensamientos.

Podríamos llevar un pañuelo bordado por nuestra querida laotong que dijera algo como: “Aunque nuestros cuerpos estén separados por montañas, nuestras almas están unidas por el hilo de seda” o “No llores sola frente a la lámpara de aceite. Guarda tuslágrimas para cuando nos reunamos. Si tu pena es un río, mi oído será la orilla donde descanses”. Estos son algunos ejemplares que se encuentran exhibidos en el Jiangyong Nüshu Ecological Museum.

Los abanicos eran uno de los soportes más comunes para el nüshu. Imagen: Hunan Museum
Los abanicos eran uno de los soportes más comunes para el nüshu. Imagen: Hunan Museum

CONTEXTO DE UN LENGUAJE SECRETO

Nüshu significa literalmente “escritura de mujeres”, y nace como respuesta a la analfabetización forzada que las excluía de la educación formal, destinada sólo para los varones. Es un sistema fonético donde cada sílaba está representada por un símbolo, quecontiene de 600 a 1000 caracteres y que, a diferencia del hanzi, que se compone de caracteres cuadrados, estiliza el trazo de una manera rectangular alargada —como hojas de sauce—, en ángulos inclinados y finos, una gráfica muy natural y orgánica que pasaba desapercibida en un bordado. Y ¿por qué no escribían en papel? Era un material caro y poco accesible para una mujer; en cambio la tela y el hilo eran recursos que ellas producían y controlaban.

“Los hombres tienen su escritura, libros y textos; son hombres de honor. Nosotras tenemos nuestra propia escritura, libros y textos; somos mujeres de honor”, reza otro textil.

Hay varias hipótesis sobre el inicio de esta práctica. Algunas apuntan a la dinastía Song —entre los años 960 y 1279—, pero se sabe con certeza que su apogeo se dio durante los siglos XVIII y XIX, que, por cierto, fue el periodo de mayor aislamiento para la mujer china. No solamente eran obligadas a renunciar a una educación, sino a ocupar un espacio específico dentro de la casa: el pabellón femenino. A eso se añadía la costumbre de los conocidos “pies de loto”: pies que eran quebrados y deformados desde niñas para empequeñecerlos al punto de producir un caminar lento y pausado, símbolo de feminidad. Estas tres situaciones ilustran a toda una comunidad de mujeres impuestas a múltiples restricciones: de conocimiento, de espacio y de movilidad física. Pero si hay algo que puede moverse, dispersarse y recrearse autónomamente es el lenguaje.

El apogeo del nüshu fue entre los siglos XVIII y XIX, y se transmitía a través de la tradición oral.Imagen: Hulton Archive
El apogeo del nüshu fue entre los siglos XVIII y XIX, y se transmitía a través de la tradición oral.Imagen: Hulton Archive

SORORIDAD

La literatura nüshu es principalmente una de lamentos y consuelo, originada de un lenguaje oral que se cantaba mientras se bordaba en el pabellón femenino, donde no “escribían” en silencio; por ello sus textos contienen un ritmo muy poético. En estas reuniones,las mujeres mayores bordaban una almohada o pañuelo mientras entonaban versos en voz alta y los repetían a coro; de esta forma las niñas iban aprendiendo.

En una época donde la mujer era considerada propiedad del padre y luego del esposo, el vínculo sororo de las “hermanas juradas” llegaba a ser más fuerte que los propios lazos familiares. A diferencia de las amistades casuales, las laotong eran unidas por un contrato social desde los siete años. A las niñas se les encontraba una compañera que tuviera una fecha de nacimiento compatible y un estatus social similar. El contrato se firmaba y ese vínculo se volvía sagrado e inquebrantable, incluso si ambas se casaban con hombres de distintas aldeas.

Los abanicos de seda eran el soporte ideal de intercambio de textos entre ellas. Una escribía un poema que hablaba de su lealtad y la otra le respondía bordando el mismo objeto. Este secreto quedaba oculto al plegar el abanico, manteniendo privado ese mundo compartido.

El nüshu también fungía como un libro de vida, donde, con cada puntada, narraban su biografía. Esto era importante porque se creía que, al morir, las compañeras de una mujer debían quemar todos sus escritos para que sus mensajes y secretos la acompañaran en la eternidad.

Los temas que se compartían expresaban sus penas sufridas por el matrimonio concertado, la soledad y el duro trabajo doméstico cotidiano, como lo muestra este fragmento hallado en una tela azul y que resume la vida de muchas mujeres: “Sentada sola enuna habitación vacía, no pienso en nada, sino en escribir una pieza para lamentar mi miseria. Nací mujer de destino marchito, que no tuvo padre que la cuidara desde los tres años. Cuando cumplí los veinte, fueron mis dos hermanos quienes presidieron mi matrimonio... Mis lágrimas empapan las palabras que escribo, una rebelión invisible que ningún hombre puede ver”.

Yang Huanyi, quien falleció en 2004, era considerada la última portadora natural del nüshu. Imagen: Zhao Liming
Yang Huanyi, quien falleció en 2004, era considerada la última portadora natural del nüshu. Imagen: Zhao Liming

EXTINCIÓN Y REDESCUBRIMIENTO

Zhao Liming es profesora de la Universidad Tsinghua de Beijing y lleva cuarenta años estudiando, decodificando y estandarizando la escritura nüshu. Describe estos textos como “un rayo de luz ante el chauvinismo masculino”. “Las obras de estas mujeres eran un grito contra la injusticia”, afirma en una entrevista para Dutsche Welle (DW).

Iniciado el siglo XX, en China se asomaban los primeros movimientos de modernización y, con ello, algunas mujeres accedieron a la educación oficial. El nüshu, entonces, se fue convirtiendo en un remanente feudal. Con la llegada de la revolución cultural de los años sesenta y setenta se le catalogó como “código de brujas o espías” y miles de almohadas, pañuelos y demás objetos fueron quemados sistemáticamente.

En 1982, el antropólogo Gong Zhebing siguió un rumor sobre una escritura extraña en el condado de Jiangyong. Logró recolectar los primeros manuscritos y llevarlos a la Universidad de Wuhan, despertando el interés académico internacional. Se le sumaría ZhouShuoyi, un investigador local que curiosamente tenía a una abuela y tía que continuaban practicando el nüshu, así que pasó gran parte de su vida documentando el dialecto que daba sonido a los caracteres.

Yang Huanyi murió a los 98 años de edad el 20 de septiembre de 2004 y es considerada la última portadora nativa de este sistema, ya que utilizaba el nüshu de forma natural y tradicional en su vida cotidiana.

El interés del gobierno local por conservar la riqueza de esta literatura resultó en que, en el año 2006, la UNESCO la reconociera como Patrimonio Intangible de China. Su trascendencia ha inspirado obras artísticas como el libro y la película El abanico de seda (Snow Flower and the Secret Fan), de Lisa See.

Más allá del trazo bello y del ritmo literario, el nüshu representa la inherente necesidad humana por comunicarse, y reconoce que, ante la arrogancia cultural masculina, las mujeres siempre encuentran la forma de resistir y cuestionar el sistema opresivode manera increíblemente creativa, “en sus caras” (y casas), y siempre con la ayuda de una red leal de soporte femenino. ¡Que vivan todas las laotong!

Instagram: @monicoron

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