¿Quién tiene el poder disciplinario? Dará lugar a nuevas especulaciones la respuesta de la presidenta a quienes encuentran tensiones al interior del régimen por el endurecimiento de Palacio con el sector involucrado con el crimen, den- tro del grupo en el poder, todos allegados al expresidente López Obrador. El tono, la sonrisa —una de las pocas exhibidas en más de una hora de lectura de su segun- do informe— al advertirles a los analistas que no se equivoquen: que en el régimen no habrá divisiones ni rompimientos, parecieron apuntar a un cambio en la correlación de fuerzas al interior del grupo. No necesariamente en el sentido de una corrección de la ruta de AMLO, sino de un cambio de dueño del poder disciplinario —a favor de Palacio y contra Palenque— para reprimir esas divisiones y esos rompimientos. Finalmente es ella la que tie- ne en suspenso los pases de abordar de los narcopolíticos cuya extradición solicita la justicia estadounidense.
Más relevante que los billones. Esta hipótesis podría ser lo más relevante del informe, sobre la danza de los billones del mensaje presidencial de este martes (de los millones llamó el público, más modestamente, los números de los informes de Miguel Alemán). Fue este un alud de cifras no verificables ni fácilmente procesables al oído, que ya descifrarán los especialistas en cada rubro. En el mismo sentido de un eventual cambio de dueño de los aparatos del Estado, hablamos antes de un posible vuelco en el manejo de los controles acumulados por López Obrador y no transferidos o tomados por Sheinbaum hace dos años. Convenido o forzado por la circunstancia del desgaste reputacional de AMLO y los suyos, llamó la atención la “cargada” de gobernadores y líderes parlamentarios, hasta la víspera sometidos al expresidente, ahora cerrando filas con la presidenta en su desautori- zación pública del esperpéntico intento de regreso de Rocha al cargo de gobernador de Sinaloa.
Si todo es prioridad, nada es prioritario. Lo que no parece previsible con un cambio de dueño de los poderes del Estado es un cambio sustancial en la orientación del régimen. Acaso transcurriría en un tono más obligadamente pragmático.
Por lo demás, el lenguaje de este informe se vio más cercano a las reformas de Miguel de la Madrid para establecer la rectoría del Estado que a un manifiesto estatalista. Sólo que con imprecisiones y ambigüedades al intentar delimitar las áreas estratégicas, exclusivas del Estado, y las llamadas áreas prioritarias, con participación privada. En general, un texto de buena factura y de lectura fluida, salvo el abuso retórico del calificativo prioritario a cuanto hace, bien o mal, el gobierno. Y es que, si todo es prioridad, nada es prioritario.
Nostalgia discursiva. En las semanas previas a este informe resurgió la especulación sobre los aquí mencionados signos de emancipación de la presidenta respecto de su antecesor. Pero lo que tampoco es previsible es la satisfacción de la nostalgia de quienes suspiran por episodios de la épica discursiva del pasado. Llegado el caso, tampoco la presidenta le espetaría públicamente, creo yo, a López Obrador el apotegma callista del imperativo de 1928 de pasar, como urgiría hoy, de la condición histórica de país de un solo hombre a la condición de nación de instituciones y leyes. Mucho menos Sheinbaum le haría entender a AMLO la supremacía de la Presidencia en funciones sobre sus antecesores, con el lenguaje del exilio —como Cárdenas a Calles— o… de la extradición.
@JoseCarreno