Oscuro tema de obscuro
Es frecuente que los hablantes digan obscuro a lo que en sentido directo o figurado no se entrega totalmente a la vista por carecer de luz o claridad. Dicha palabra la escriben con el signo que enseñaban como “be grande”; se le escucha sonar y se le ve con la “begrande” en los medios de comunicación masiva y en las redes cibernéticas.
El tema es interesante por lo menos como curiosidad. Por ejemplo —cosa curiosa—, si se busca obscuro en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), se aprende que esa y la otra forma sin la /b/ son aceptables. Luego, en los ejemplos que pone la propia RAE, no aparece la /b/. Proporciona los siguientes que no entrecomillo: azul oscuro, de color oscuro, traje oscuro, verso oscuro, pensador oscuro, porvenir oscuro, hay puntos oscuros en esta historia, llevó una existencia oscura, […] oscurecimiento de la escena, a oscuras.
Es un poco explicable que persista el uso de la /b/ en obscurecer y obscuro y derivados porque en su origen latino la incluía: obscurus. Sin embargo, mi diccionario consentido de etimologías indica que desde el siglo XII ya se usaba sin la /b/. Determinación de la ley del menor esfuerzo.
Cuando nuestra lengua, el español, se reafirmaba, principalmente en el Siglo de Oro de la literatura, los mayores autores ya desterraban la incómoda /b/. En el siglo XVI, el grande, admirado y respetado Garcilaso de la Vega en su soneto 17 escribe: “la noche clara para mí es escura”.
Los lectores perspicaces notaron que, además, en el verso del ejemplo, una /e/ ocupa el lugar de la /o/. Está escrito “escura”. No se trata de un error de dedo ni de ninguna otra clase. Se debe a que en el tiempo de Garcilaso y más adelante era normal escribir asílas palabras de nuestro tema. Los autores usaban por igual la /e/ y la /o/ para el verbo oscurecer y el sustantivo oscuro y sus derivados.
Cervantes, en la intensa tragedia El cerco de Numancia, fechada en 1585, escribe: “el reino escuro de los condenados”; pero también: “le fue la habitación del reino oscuro”; “atapa la profunda escura boca”; “para invocar la región oscura” y, para abundar: “oscurecer el sol de sus hazañas”.
Por supuesto, en el Quijote también usa escuro y escura, y sus plurales; igualmente en sus otras obras se encuentran escurecer y escuridad. Por ejemplo, en el Entremés del Rufián viudo… se lee este verso: “De la escuridad del suelo”; y en un poema poco conocido, “La morada de los celos”, tiene estos octosílabos: “profunda, lobrega, escura; el qual como en cueua escura”.
Otro de los grandes del Siglo de Oro, Lope de Vega, entre los siglos XVI y XVII alterna oscuro y escuro. En la comedia El premio del bien hablar se lee —o se escucha—: “Diana es fea; Filomena oscura”; otro ejemplo: “y asido de su enfado a escuras llego”. En El villano en su rincón igualmente usa las dos opciones: “y viene a acoftarfe a efcuras”; y en El bastardo Mudarra, también en el español del tiempo de Lope: “Quede efte efcuro pinar”.
Para ir terminando nuestro sin duda tedioso texto digamos que Sor Juana usa oscura y oscuridad, sin /b/, en la Respuesta a Sor Filotea. Al referirse al Génesis escribe: “éste por su oscuridad”; y también bordando sobre las Escrituras: “entender la oscura locución de los profetas”.
Así pues, cuando del latín la palabra obscurus pasó al español fue perdiendo la /b/. Los demasiados ejemplos tomados de algunos de los más grandes ingenios de la literatura de nuestra lengua, Garcilaso, Cervantes, Lope, Sor Juana, por sólo recordar los que aquí citamos, escribían escuro y oscuro, pero no obscuro y menos ebscuro.
Si todavía alguien insiste en decir o escribir obscuro hay que recomendarle leer no nada más a los mencionados, sino a muchos escritores contemporáneos, por supuesto de lengua española, para que se entere de que no incluyen la explosiva /b/ en sus obras.
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