Celebramos en febrero el mes del Ejército y de las Fuerzas Armadas, Cuando hablamos del monumental movimiento social y político que fue la Revolución Mexicana de 1910, traemos a la memoria el nombre y la imagen de Francisco I. Madero que fue el iniciador con su Plan de San Luis, por medio del cual convocó al pueblo a levantarse en armas contra el octogenario dictador; nos acordamos de Zapata con su Plan de Ayala, su grito Tierra y Libertad y su principio "La tierra es de quien la trabaja"; recordamos a Villa, el Centauro del Norte y sus Dorados que integraron la poderosa División del Norte; igualmente que a Carranza con su Plan de Guadalupe, la Ley Agraria de 1915 y sobre todo con la Constitución Política de 1917. Y de Calles, de Obregón, de Cárdenas, y de Aquiles Serdán, considerado el primer héroe civil de la Revolución, ésta tuvo como bandera, en términos globales la antirreelección.
De todos ellos nos acordamos y les rendimos homenaje, y de muchos, muchísimos más revolucionarios y soldaderas, hombres y mujeres, que ofrendaron su vida en la búsqueda de un ideal: que los mexicanos tuviéramos una mejor Patria; recuerdo y homenaje que bien merecido lo tienen.
Olvidamos o de plano no tomamos en cuenta un elemento clave que fue decisivo en el triunfo de los revolucionarios: el caballo. La Revolución Mexicana se hizo al principio a caballo y más tarde en tren. Los caballos tuvieron una participación muy significativa en este acontecimiento histórico del cual surgió el México moderno.
Durante la etapa armada de la Revolución que va de 1910 a 1920, año en que deviene gobierno, los caballos desempeñaron varios papeles clave: los líderes revolucionarios como Villa, Zapata y Carranza, montaban a caballo para dirigir sus ejércitos y recorrer las grandes distancias entre una población y otra, entre las distintas regiones del país. Madero hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México, como presidente electo a lomo de caballo. Los ejércitos federales, el porfirista y el delahuertista también hicieron uso del caballo.
Los caballos eran esenciales en las batallas. La caballería revolucionaria era una parte fundamental de las fuerzas armadas y los jinetes participaban en cargas y maniobras tácticas en el campo de batalla. También se usaban para transportar municiones, alimentos, y otros suministros esenciales para las fuerzas revolucionarias. Su movilidad permitía abastecer a las tropas en zonas de difícil acceso. Los líderes revolucionarios llegaron a identificarse con la imagen del jinete a caballo, lo que expresaba su conexión con las raíces rurales de México. Esta imagen se convirtió en un símbolo de la lucha revolucionaria.
En una apretada síntesis puede decirse que los caballos desempeñaron un papel multifacético en la Revolución Mexicana, sirviendo como medio de transporte, fuerza de combate, logística y símbolo de poder para las fuerzas revolucionarias. Su movilidad y versatilidad cubrieron un papel protagónico en la capacidad de los líderes del movimiento de 1910 para movilizar sus fuerzas y llevar a cabo la lucha en todo el país. Sólo para darnos una idea de la importancia del caballo en la Revolución: tanto en la Toma de Zacatecas, como en la Toma de Torreón (marzo-abril de 1914), Villa utilizó un ejército de 22,000 hombres en cada evento, que equivale decir 44,000 caballos, según datos consignados en Wikipedia.
Por otro lado tenemos la conexión que hay de la Revolución Mexicana como episodio histórico y los corridos de caballos que son narrativas musicales que inmortalizan al jinete, su montura y la nobleza de la inteligente bestia, destacando en este género piezas como "Siete Leguas" (1), "Caballo Prieto Azabache" (2) y "Mi amigo el Tordillo" (3) que describen hazañas, lealtad, valor y nobleza entre el hombre y el animal, corridos popularizados por Antonio Aguilar:
"Siete Leguas, el caballo que Villa más estimaba
Cuando oía pitar los trenes, se paraba y relinchaba, (1)
Siete Leguas, el caballo que Villa más estimaba".
"Caballo prieto azabache,
como olvidarte
Te debo la vida, cuando
iban a fusilarme (2)
Las fuerzas leales de Pancho Villa"
"Cuando vi que ya era hora
Le compre su buena silla
Mi 30-30, canana y pistola (3)
Y mi Tordillo decía, decía
Ya se nos vino la bola
Y nos fuimos con Pancho Villa".