ÉPOCA DEL PREGONERO
De niños, aprendimos a respetar y valorar a cierto tipo de personajes célebres que formaban parte del paisaje social, pero conservando cierta autonomía que les permitía gozar de una mínima libertad y capacidad para tomar decisiones con respecto a la actividad comercial que desarrollaban.
No necesitábamos de reloj; las mamás decían: "¡Ándale hijo, ya se oyó el pregón del señor del camote! Báñate, cámbiate de ropa y ven a desayunar que es hora de estudiar y aprender"
"Ahí está la raíz", "Camote tatemado". Era la voz inconfundible de don Jesús, quien desde muy temprano, todos los días, anunciaba su mercancía, la que transportaba en un carrito artesanal, hechizo, que constaba de una rueda delantera, grande y dos traseras más pequeñas, se detenía en cada esquina, dando tiempo a que la gente saliera de sus casas a comprar el producto que vendía. Su grito pregonero era la señal para levantarnos, meternos a la regadera y prepararnos para ir a la escuela.
Muy puntual era don Jesús; pasaba siempre a las siete de la mañana y nos despertaba con su grito comercial, claro que las mamás compraban el tubérculo y lo servían con leche; sabroso y nutritivo, postre mañanero que disfrutábamos con avidez, como alimento complementario, obviamente, no lo comíamos todos los días, acaso una vez al mes; pero ¡sabroso, sí que lo era y lo sigue siendo! Recuerdo que, en nuestros años preparatorianos, mi amigo Hilario López Aguirre, tenía una frase: "Esta vida es un camote, y lo mejor es comerlo con leche". ¿Porqué?
Mis amigos y vecinos de aquella época, que al mismo tiempo eran compañeros escolares, decíamos que don Jesús tenía un carro convertible, pues un día, en el mismo "auto" vendía camote, otro día barbacoa, con su pregón que lo identificaba: "cabeza de res", "marchanta ahí está la barbacoa". . .a medio día y hasta avanzada la tarde, sobre todo los días calurosos de verano, don Jesús, cambiaba de "giro mercantil" y entonces su mercancía eran las paletas de hielo, de varios sabores, esquimales, barritas de nuez, yoyos , etc., surtiéndose en Paletas Nenita, negocio muy acreditado, propiedad de don Roberto Fernández Vitela, que fue presidente municipal de Gómez Palacio.
No era, don Jesús, el único pregonero ambulante en el entorno; otro había que muy bien hacía su trabajo. Era don Fernando, comerciante en frutas y legumbres, habiendo adaptado un camioncito de redilas de una tonelada; en la parte posterior habilitó una especie de mostrador para atender como lo merecía el público, según su propia apreciación. Diariamente estacionaba su "verdulería itinerante" en la esquina de Patoni y Aldama y comenzaba sus anuncios comerciales: "Ahí está la fruta y la verdura fresquecita que llega del rancho a su casita, señoras amas de casa vengan porque la fruta se acaba y ahorita estamos en tiempo de ofertas. Llévese dos lechugas, un manojo de zanahoria, tres tomates y prepare una rica ensalada para su familia". Este personaje era muy ladino, porque a su clientela la tenia cautiva pues les fiaba la mercancía y se sabia que en muchos casos al no tener con que pagarle él cobraba la deuda en especie, pero también era conocido que a veces regalaba la fruta o las flores cuando sus potenciales "clientas" no podían pagar.
También don Javier a quien le faltaba un brazo y quien con voz resonante gritaba: ¡El Siglooo!, ¡La Opiniónnnnn!. ¡Entérese de las noticias importantes y escandalosas!, "Se fugó el capitán Fantasma" de la cárcel de Torreón", ¡Traen a Gómez Palacio el cadáver del general Agustín Castro quien murió en la ciudad de México! Será recibido por las autoridades locales" La Opinión, El Siglo! Compre y lleve usted sus revistas favoritas: La Familia Burrón, El Pepín, El Pato Donald, Porky, y cuentos de adultos para dormir a gusto".
"Caballero para usted tenemos Tarzán, el hombre mono, el Pájaro Loco, y las revistas de los pseudo héroes: Supermán, Batman, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, Dick Tracy; para los adultos tenemos Ja-já, Vea y los periódicos Esto, La Afición, Novedades, Excélsior, El Universal y La Prensa. Y para las damas traigo "Confidencias" y "Vanidades".
El primer pregonero que mencionamos, o sea don Jesús, se creía único o el más inteligente porque a cada inquietud que le planteaban sus potenciales clientes tenia siempre una respuesta valiéndose de un refrán o de una frase célebre, por ejemplo, le presentaban a una persona cualquiera y el la saludaba con afecto o con desprecio; si alguien le preguntaba que porque lo hacia así si no conocía a la persona el le contesta: "Se le ve la zanca al pollo y se le calcula el peso"; si uno acusaba a otro de pillo y traidor, el acusado le preguntaba a don Jesús: "¿Por qué?" éste, flemático le contestaba: "Los carniceros de hoy serán las reses de mañana".
De una a tres de la tarde, todos los días, hacían su aparición por las calles de mi ciudad, dos corpulentos señores, con el pecho descubierto, que "arriaban" dos asnos los que llevaban sobre su lomo costaleras de ixtle cargadas de tierra que traían del río, pregonaban su mercancía con voz estentórea: "Ahí está la tierra de hoja, marchanta la tierra… ¡BURRAAA!" y le daban fuertes azotes a los animales con un látigo de hule, o bien gritaban: "Tierra pa'las macetas". Olorosa y fragante tierra del Nazas esparcida en las casas laguneras para nutrir crecer y fortalecer jardines y jardineras.
Bella época ésta de pregones (divulgación que se hace en voz alta de un hecho, noticia o aviso, etc. Diccionario Larousse) y pregoneros. Época del trompo, del balero, de las canicas, del yo-yo, del papalote, de los "zancos" que nosotros mismos hacíamos con trozos de madera, considerada ya inservible y del comerciante que a viva voz va anunciando su mercancía. No necesitó de la radio, ni de la televisión, ni de la prensa, del internet, del Twitter, del Facebook para penetrar socialmente con su mensaje y colocar su producto en el gusto de la gente. Además, al no haber intermediarios ni acaparadores, su producto era fresco, barato y de buena calidad.
¿QUÉ VIDAS IMPORTAN?
El pasado 27 de marzo de 2026 se llevó a cabo la primera sesión de este año del Seminario Permanente Devenires Críticos contra la Opresión. Más de veinte personas entre estudiantes, docentes, activistas y público en general nos reunimos para conversar sobre la Introducción de Marcos de guerra de Judith Butler. La discusión partió de la pregunta: ¿por qué algunas vidas importan y otras no?
La propuesta de Butler permite entender que esta diferencia se produce socialmente. Todas las personas compartimos una condición de vulnerabilidad, una fragilidad que nos hace dependientes de otros. Sin embargo, esa vulnerabilidad se vive de manera desigual. Hay vidas más expuestas a la violencia, al abandono o a la muerte. A esta diferencia Butler la llama precaridad. Esta desigualdad no surge por sí sola. Se construye a través de marcos sociales, políticos y culturales que influyen en lo que vemos, sentimos y consideramos importante. Esos marcos funcionan como filtros que determinan qué vidas se reconocen y cuáles quedan fuera.
Cuando llevamos esta idea al contexto mexicano, la conexión es clara. La desaparición de personas muestra cómo operan estos marcos. No solo se trata de la ausencia física, también hay una invisibilización que ocurre en el lenguaje, las instituciones y la opinión pública. Expresiones como "en algo andaban" reducen la empatía social. Los procesos largos para denunciar o identificar restos, junto con la forma en que los casos se diluyen en cifras, debilitan el reconocimiento de esas vidas. Así, la precaridad se sostiene mediante prácticas que normalizan la indiferencia.
Algo similar ocurre con personas migrantes, comunidades indígenas, habitantes de periferias o sujetos de la diversidad sexogenérica. Las violencias que enfrentan suelen generar reacciones limitadas. A veces decimos "qué mal" y seguimos adelante. En otros casos, cuando las víctimas encajan en ciertos parámetros, la indignación crece y se vuelve mediática. Esa diferencia muestra cómo funcionan los marcos que organizan nuestra percepción cotidiana.
En las guerras actuales también se observa este fenómeno. Algunas muertes ocupan titulares y provocan reacciones globales, mientras otras se integran a la rutina informativa. La diferencia no está en el dolor, sino en las condiciones que permiten que esas vidas sean vistas y percibidas como vidas plenas.
La reflexión que dejó el seminario apunta hacia un reto mayor. El problema no se resuelve solo incluyendo más vidas dentro de los marcos existentes, ya que estos pueden seguir dejando a otras fuera. La invitación es a pensar en referentes más abiertos, no determinados por intereses económicos o políticos, que permitan reconocer la vida en su diversidad. Esto implica cuestionar estructuras como el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad.
Hablar del reconocimiento de la vida hoy es urgente. En ello se juega la posibilidad de construir una sociedad donde nadie tenga que demostrar que merece ser visto, nombrado o llorado. ¡Hasta encontrarles a todes!