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PENA DE MUERTE; SU ABOLICIÓN. CRÓNICA ROMANA

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

PENA DE MUERTE; SU ABOLICIÓN. CRÓNICA ROMANA

Nuevamente aparece en el foro de las discusiones el tema medular del Derecho Penal Mexicano: la pena de muerte. Se sabe de grupos radicales de ultraderecha que quieren revivir esta agresiva, brutal y cavernícola norma sancionadora que tanto le costó a México eliminar. En nuestro país la pena de muerte esta prohibida de manera definitiva, debido a la reforma de los artículos 14 y 22 de la Constitución General de la República, promovida bajo la presidencia de Vicente Fox.

Aunque la abolición de la pena de muerte data de diciembre de 2005, en la práctica no se daba su aplicación pues la última ejecución civil es de 1937, mientras que la última de carácter militar es de 1961. En su momento estuvimos de acuerdo con la eliminación de esta severa disposición jurídica, hoy lo ratificamos porque consideramos que la pena de muerte es un instrumento bárbaro, primitivo, salvaje e incivilizado.

No se justifica su aplicación ni siquiera a los delincuentes mas crueles y despiadados, como los violadores, los parricidas y los secuestradores. Al Estado no le asiste derecho alguno ni legal, ni ético para privar de la vida a nadie, bajo el pretexto de reprimir las conductas delictivas.

La vida es el bien jurídico de mayor jerarquía axiológica, el de más alto valor; no obstante, la explicación logística que nos da el estudio y debate de estos temas, no se comprende ni se acepta, por lo mismo, que aún haya g ente que quiera revivir este látigo mortal.

En México la pena de muerte ha sido abolida legalmente, eliminada por la sociedad y repudiada por el derecho; por esto, resulta raro y hasta cierto punto incomprensible que grupos integrados por individuos de ideología radical, quieren venir a nuestros lares y reparar los daños causados. Preservar la constitucionalidad de la pena de muerte es algo que va contra nuestra tradición, con nuestra cultura jurídica y choca con el espíritu humanista del derecho penal mexicano.

Además, si como lo proclama la teoría clásica  juspenalista, la pena debe ser sufrimiento y dolor que  experimente el individuo por haber atentado contra los intereses y valores de la convivencia y armonía sociales , difícilmente podríamos aceptar que la muerte  cumpla con esta  finalidad, pues la extinción de la vida se da en un "chispazo", quizás sin que lo sienta quien la pierde y sin que el castigo le provoque  dolor alguno, pues como decían los estoicos: "Cuando yo soy, la muerte no es y cuando la muerte llega yo ya no soy".

Este tema ha sido durante mucho tiempo polémico y controversial. La pena de muerte no inhibe ni desalienta conductas antisociales que lastiman y laceran la convivencia social, ni mucho menos resulta ejemplar para reducir y abatir el elevado índice delictivo. La prueba más clara y elocuente de este aserto la ofrece el sistema norteamericano en el cual, la pena de muerte aplicada por diferentes medios y diversas formas, aunque algunos dicen que solo se aplica a negros, latinos y asiáticos, no ha logrado eliminar el terrible panorama que presentan las estadísticas criminológicas. Estados Unidos sigue siendo un país de marcado porcentaje en delitos violentos que atentan contra la vida, la libertad, la propiedad, la salud y la seguridad de los ciudadanos.

CRÓNICA A propósito de la cuestión que en este Panorama estamos ventilando, es oportuno citar aquí por su alta significación histórica y filosófica, un extracto del pensamiento que, sobre el derecho del Estado para imponer la pena de muerte, exponen tres personajes de la antigua Roma cuando fue descubierta la conspiración de Sergio Lucio Catilina para llevar a cabo una revolución que amenazaba la estabilidad política romana y cinco de sus seguidores fueron capturados y puestos en prisión, pensamiento contenido en la novela "Las mujeres de César" de la autora Colleen McCoullough, en la serie novelas de Grecia y Roma ( Editorial: Planeta DeAgostini): Marco Tulio Cicerón . . . "El Senado de Roma está revestido de poder para hacer cualquier cosa que sea necesaria para preservar el bienestar de Roma. ¡Conservar a estos hombres bajo custodia en espera de un proceso judicial y después tener que airearlos en el foro público durante el juicio equivale, a promover una nueva rebelión! ¡Debatamos hoy aquí este asunto y decidamos que hacer con ellos! Personalmente estoy a favor de tomar una decisión hoy, no de esperar a hacerles un proceso judicial. . . Podemos ordenar que se les ejecute, que se les destierre para siempre, que se les confisque propiedades o se les prohíba el agua y el fuego dentro de Italia para el resto de sus días".

Marco Poncio Catón: "¡La muerte es el único castigo posible y apropiado, os digo yo! ¿Qué son todas esas tonterías de la ley y la República? ¿Cuándo ha amparado la República bajo sus faldas a alguien de la misma calaña que estos traidores? Las leyes se hacen para los seres inferiores. . . Tenemos bajo nuestra custodia a cinco hombres culpables que han confesado sus crímenes. ¿Qué necesidad hay de un juicio? ¡Un juicio es una pérdida de tiempo y un despilfarro del dinero del estado! . . .  Y donde quiera que haya un juicio, también existe la posibilidad de un soborno. . . ¡Otros jurados en casos igual de graves que éste han absuelto al acusado a pesar de su manifiesta culpabilidad! ¡Otros jurados han alargado manos avariciosas para coger grandes fortunas de hombres culpables! ¡¡Nada de un juicio para ninguno de ellos, no deberían escapar a la muerte!! ¡La muerte es definitiva y sin duda, más barata y que mueran hoy los cinco!!" Cayo Julio César: ". . . El Senado y el pueblo de Roma, que juntos constituyen la República de Roma no hacen concesiones para el castigo de ciudadanos en pleno derecho sin juicio. . . Con confesión o sin ella una sentencia de muerte no es el estilo romano. . . Los antepasados de nuestro Senado republicano no eran propensos a la misericordia, pero desde la época de los reyes establecieron el precedente de que el Senado de Roma no tenia derecho a condenar a los romanos a muerte. . . Cuando los romanos son condenados a muerte por hombres que están en el gobierno, ello significa que el buen gobierno ha perecido, que el Estado ha degenerado. . .  La ejecución no es un castigo adecuado, la ejecución es muerte y la muerte no es mas que el sueño eterno ¡Cualquier hombre sufrirá mas si se le condena a vivir que si muere! Cada día ha de pensar que se ha visto reducido a la no ciudadanía, a la pobreza, al desprecio a la oscuridad. ¡La muerte en vida es infinitamente peor que la muerte autentica"

 r_munozdeleon@yahoo.com.mx

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