Claro que la vida, la libertad, la dignidad, la paz, la justicia, la seguridad, entre otros muchos valores son el contenido en el ámbito psicológico, son la estructura ético-moral de la conducta del mexicano. Hay dos áreas en las que su carácter deja verse en toda su expresión.
En el capítulo amoroso el mexicano expresa la ternura y su entrega es grande con su cónyuge y su familia, aunque tenemos que aceptar que en nuestros días hay una fuerte crisis de violencia intrafamiliar, sin embargo, en términos generales, el mexicano es exigente en el cariño, celoso en el amor y susceptible hasta el resentimiento vengativo cuando no se le corresponde, se le traiciona o se le menosprecia. Como fiera salvaje, encerrada, herida y sin comer varios días; así reacciona el mexicano al verse traicionado. Y no es como dice el refrán: “Celoso de la honra y desentendido del gasto”.
La amistad es todo un culto para el mexicano, cumple amable y gentil con el rito de la hospitalidad, la generosidad y el desinterés; lo problemático está en saber cuándo es sincero y cuando hay fingimiento. A los mexicanos nos gustan los “compadrazgos” y los diversos lazos de acercamiento; procuramos respetar las relaciones de parentesco como las amistosas, pero también en esto el mexicano es muy hábil, por lo que hay que proceder con sumo cuidado en su trato, no solamente con los amigos sino también con los extraños. Los mexicanos respetamos la dignidad ajena, pero exigimos se respete la nuestra originándose conflictos y pleitos mortales por estos motivos, lo que no ha sido suficientemente comprendido por investigadores y sociólogos superficiales.
En el tema del arraigo geográfico el mexicano, es amante de su tierra natal y tienen muy desarrollado el espíritu aventurero, tiene vocación marinera gusta de la aventura y emigra con relativa facilidad de su tierra a otras latitudes. Los mexicanos tenemos nostalgia y añoranza del terruño y no renunciamos al deseo de regresar si acaso salimos algún día del solar nativo.
Sin duda el mexicano es patriota, en algunos casos hasta la exageración. El “Viva México” pronunciado con estentórea voz en las fiestas de septiembre es un elemento que da identidad al nacionalismo mexicano; nuestro patriotismo atiende más a consideraciones de tipo cultural como serían los valores ideológico y épico. Así tenemos diversos elementos que influyen en nuestra idiosincrasia mexicana: la geografía, la flora, la fauna que en conjunto dan como resultado plástico el paisaje, el color y el movimiento que se traducen en expresiones artísticas como la pintura y la danza originando un folklore rico y variado.
Por otro lado, tenemos un conjunto de factores, instintivos unos y espirituales otros que se expresan singularmente en la música y la canción popular, ambas con profundos acentos anímicos; pasa después a las más altas manifestaciones en el arte como la arquitectura y la escultura autóctona que se inspiran en elementos tomados por divinidades como el sol, la luna, la lluvia o la guerra que influirán fuertemente en el gusto religioso por las imágenes del mestizaje mexicano.
Puede considerarse que la contribución ibérica a la cultura nacional equilibra más las aportaciones naturales con las de orden espiritual y así se manifiestan en el temperamento individualista la dinámica entusiasta, la abundancia verbal, la reciedumbre teológica y la racionalización grecorromana del ser, del mundo y de la vida; para dar lugar por esta otra ascendencia a un folklore pintoresco, un ingenioso lenguaje, una religiosidad fervorosa e intransigente y una universalidad intelectual y rica como notas de la mentalidad mestiza. ¡Así es el mexicano!
LA AMISTAD SEGÚN EL POETA GUANAJUATENSE, ANTONIO PLAZA (1833-1882):
Amistad, amistad...¡frasismo vano!,
El hombre, por esencia comerciante
Cuando puede comprar es un gigante,
Cuando quiere vender, es vil gusano.
Ya que hay en la amistad Mercurio y Jano
Me vuelvo como todos, traficante;
Me pongo al mostrador con buen talante,
Y doy la mano al que me da la mano
Al que no deja, mi prudencia evita:
Al que no quita, mi candor corteja;
Y en mi libro de caja queda escrita
Esta útil, excelente moraleja: Siempre algo deja lo que nada quita
Siempre algo quita lo que nada deja.
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