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HEMOS ENCONTRADO TODO HECHO. . . ¡QUÉ COMODIDAD!

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN

¿Qué has hecho tu por el progreso humano; en donde están tus obras, tus proyectos para hacer que el hermano ame al hermano, ¿y por hacer a los hombres más perfectos?

 Antes que tu, la humana inteligencia,

ha buscado el bien por todas partes;

ha inquirido las leyes de la ciencia,

ha dictado las reglas de las artes.

Otros, antes que tú, modificaron

de toscos materiales, la estructura

y de sus hábiles mentes brotaron

poemas y versos de buena hechura.

La casa que te cubre con su techo,

el pan que tu existencia vigoriza;

el código que ampara tu derecho,

el arado que el campo fertiliza.

Ya que por ti lucharon con exceso;

emprende de la gloria, la jornada;

huye de la ociosidad que te anonada,

¡y apégate al trabajo y al progreso! 

Son fragmentos versificados del exquisito poema “A un joven ocioso” de Gregorio Torres Quintero, que aprovecho como materia para el Panorama de hoy. La pregunta inicial está formulada en modo singular; pero realmente la pregunta debería plantearse de manera plural para involucrarnos a todos en la cuestión: ¿Qué hemos hecho para merecer los que tenemos y de qué manera hemos colaborado para alcanzarlo? Profesor, pedagogo, cuentista y poeta, Gregorio Torres Quintero nació en Las Palmas, Estado de Colima el 25 de mayo de 1866 y fallece en la ciudad de México en fecha desconocida. Con el maestro Torres Quintero integra la pléyade de colosos del pensamiento educativo mexicano.

Autor de las siguientes obras: Método onomatopéyico de gramática y lectura; Cuentos, leyendas y sucedidos; La Patria Mexicana tierra de héroes; Cuentos Colimotes, etc.

De sus obras sobresale la que dirige a un joven que pasa la vida de manera contemplativa, cuestionándolo acerca de su aportación al progreso, pero al mismo tiempo lo alienta para que participe creativamente de la civilización.

Quienes nacimos en esta época, sin duda somos afortunados, pues al venir al mundo encontramos prácticamente todo hecho, bastando el esfuerzo mínimo y a veces insignificante para tener al alcance de la mano toda clase de satisfactores, de bienes, incluso de comodidades y en un sentido extremo dependiendo de la condición económica del individuo o de la familia, de lujos, de caprichos, de vanidades. ¡Que comodidad! Pero una familia típica de nivel medio goza de lo siguiente: solo con oprimir un botón tiene luz eléctrica, maneja una válvula u opera un grifo y cuenta con agua, con refrigeración, o conecta un aparato y disfruta de calefacción previa a la instalación de las líneas de conducción.

Aprovechamos y disfrutamos de un número indeterminado de objetos que, cuando llegamos ya estaban aquí sin que nosotros hayamos participado en su confección.

Fíjese: plato, cuchara, tenedor, taza, vaso, olla, cazuela, jarra, por señalar algunos, y no hicimos nada en su invención, solo los aprovechamos. ¿Y las tijeras, las pinzas, el cortaúñas, la plancha, la licuadora, la lavadora, la estufa de gas o de petróleo, el boiler, los aparatos de refrigeración y calefacción tan necesarios y útiles; los bolígrafos, la pluma fuente, el cuaderno, el lápiz, el rastrillo, el espejo, la navaja, ¿Cómo llegaron a nosotros y cuál fue nuestro grado de colaboración? Tenemos cama, colchón para descansar, dormir y recuperar energías; contamos con sillas, mesas, sofás o sillones, usamos el sanitario y con solo dar vuelta a la “manivela” del depósito viene una descarga de agua para desechar la materia fecal y limpiar el inodoro. ¿Quién o quienes son y dónde están los que inventaron estos satisfactores? Y el drenaje, la regadera para que la persona se dé una ducha y limpiar su cuerpo de impurezas y suciedad. Todo es producto del progreso, ¿y nosotros qué? El teléfono, el telégrafo, la bombilla incandescente, la radio y micrófono, la televisión, el motor de combustión interna, el avance tecnológico que a muchos ha rebasado; la telefonía celular o móvil, el internet, sistema de aparato de computación, las redes sociales (Twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram), Tablet, ipad, televisión de plasma, Youtube, Netflix, Sky, etc.

Vivimos una época de mucha agitación y aceleración; cada día surge algo nuevo producto de la ciencia y la tecnología que nos asombra y de manera sutil y callada declama nuestra pasividad y desinterés. Recordemos aquella noble y sabia advertencia popular: “Quien pierde la mañana, pierde el día; quien pierde la juventud, pierde la vida”. ¿O no?

r_munozdeleon@yahoo.com.mx

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