El Siglo de Torreón / Enrique Terrazas
A pesar de las temperaturas y de los resultados, la afición del Santos Laguna demuestra que la lealtad no se negocia. Siempre presentes, alentando, cantando y creyendo, porque el amor por estos colores se lleva en el corazón.
Más allá de cualquier momento del torneo, la grandeza del Santos vive en su gente, una afición fiel, orgullosa y resiliente que nunca abandona. En las buenas y en las malas, el espíritu guerrero permanece intacto.