Patrimonio, disidencia y vandalismo
El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir.Alejandro Dumas
El antiguo Templo de la Compañía de Jesús en la capital de San Luis Potosí, más conocido hoy en día como la Parroquia del Sagrario Metropolitano, es uno de los monumentos más emblemáticos del centro de la ciudad desde su edificación a finales del siglo XVI. Erigido por los jesuitas durante el Virreinato de la Nueva España, destaca por la belleza de su estilo barroco, convirtiéndoseen patrimonio histórico-cultural y en referente de fervor religioso para la comunidad.
La importancia de este sitio para la historia del altiplano y del norte de México —tomando en cuenta que la intendencia de San Luis Potosí llegó a ejercer jurisdicción sobre el Reino de Nuevo León y parte de la Provincia de Tejas o Nueva Filipinas— radica también en que en su fachada se levantaba una antigua cruz de cantera que databa del año 1592 y que era reconocida como punto fundacional por excelencia de la antigua plaza de Fundadores.
Este monumento singular —levantado por indígenas tlaxcaltecas junto con los esfuerzos de fray Diego de la Magdalena— fue testigo de los mejores y peores momentos en la historia del país, sobreviviendo la rapiña de la llamada Reforma que tanto criticara con razón el célebre Guillermo Tovar y de Teresa en su obra clásica La ciudad de los palacios.
Se salvó incluso del espíritu destructor y fratricida de la Revolución Mexicana, incluyendo las sangrientas traiciones de sus caudillos en diez años de lucha por el poder, así como de la represión antirreligiosa emprendida por el régimen autoproclamado de “la revolución triunfante”, que justo este año cumple un siglo de haber intentado destruir la identidad religiosa fundacional de los mexicanos, con un costo de cientos de miles de muertes, además de robos y destrucción de patrimonio religioso.
Sin embargo, no sobrevivió los atentados de la falsa disidencia ni del vandalismo selectivo apadrinado por el Estado, patrocinado también por empresas transnacionales. Dicha cruz terminó hecha pedazos, convirtiéndose en uno de los elementos del templo más afectados tras los actos registrados durante la marcha del 8 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujer.
Durante la movilización, un grupo de manifestantes prendió fuego a una de las puertas del lugar, lo que provocó que las llamas se extendieran hacia adentro y generaran un conato de incendio que amenazó con destruir el templo junto con el patrimonio histórico-religioso resguardado en su interior.
No fue sino hasta la llegada de elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos Metropolitanos de San Luis Potosí que la situación pudo ser controlada. Entrada la noche, lograron sofocar el incendio para evitar daños mayores en el inmueble histórico, siendo aplaudidos por su intervención valerosa ante una comunidad de ciudadanos y fieles que supieron reconocer su labor al sorprendente grito de“¡Viva Cristo Rey!”, el cual no resonaba con tan singular entusiasmo en los alrededores desde hacía casi cien años.
Aunque cabe señalar que el incidente se atribuye a un grupo identificado como el “bloque negro”, conocido por realizar acciones de confrontación y daños durante las protestas, la responsabilidad es compartida tanto por el resto de las manifestantes como por el gobierno que las apremia y les permite dichos actos.
“No sólo destruyeron patrimonio histórico —mencionaba con tristeza una ciudadana presente aquella noche—, sino que casi provocaron el incendio de un templo sin detenerse a considerar que había personas en su interior. Este comportamiento, lejos de generar empatía o reconocimiento, sólo provoca rechazo, reprobación y hasta burlas”.
Nadie en sus cinco sentidos estará en desacuerdo con la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres en un país como el nuestro, pero no deja de ser lamentable que por este tipo de acciones que se repiten impunemente año tras año se ensucie una causa tan noble como urgente para nuestra sociedad.
enrique.sada@hotmail.com