LO INDISPENSABLE LO APRENDÍ EN EL KÍNDER
Casi todo lo que necesito saber acerca de cómo vivir y qué hacer lo aprendí en el kínder. Esa sabiduría no la encontré en las aulas de las grandes universidades, sino con mi maestra del jardín de niños.
Estas son las cosas que aprendí a los cinco años de edad: respetar a las personas, compartir todo, jugar sin hacer trampa, no golpear a los demás, regresar las cosas al lugar donde las encontré, limpiar cuando ensucie mi lugar, no tomar lo que no me pertenece, pedir perdón cuando lastimo a alguien, lavarme las manos antes de comer. Las galletas y la leche son buenas para mí. Vivir una vida balanceada, aprender a dibujar, pintar, cantar, jugar y trabajar un poco cada día. Cuando salga de casa, tener cuidado con el tráfico, unir mis manos con los demás y apoyarnos.
Recordar que la semilla que pusimos con mucho cariño en el frasquito con agua brotó, dio raíces y hojas; que todos necesitamos cuidados para crecer. Querer y respetar a los animales, como mi perro me quiere y me respeta. Saber que los perros, los gatos, los peces y las plantas son seres vivos que nacen, crecen y algún día van a morir, como nosotros.
Qué maravilloso sería si comiéramos juntos en el almuerzo y después tomáramos un pequeño descanso. Si las reglas aprendidas en el kínder las realizara el hombre, como regresar las cosas donde las encontramos o limpiar nuestro lugar, qué bien viviríamos. No importa la edad que tengas: con amigos, compañeros o con otras personas, lo mejor que puedes hacer es unir tus manos con las de los demás y permanecer siempre juntos para apoyarnos.
Si todos los adultos aplicaran las lecciones que recibieron de su maestra de kínder, el respeto, la paz y la armonía, siempre estarían presentes en sus hogares, en el trabajo y en cualquier lugar de la Tierra.
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