EL PERRO SARGENTO
Corría el mes de julio de 1917, cuando un perro callejero con cruzas de "Pit bull" y "Terrier" merodeaba el campus de la Universidad de Yale, Connecticut, USA, lugar que se utilizaba para entrenamiento del ejército norteamericano. El soldado Robert Conroy se encariñó del noble animal por su inteligencia, al grado de llevarlo a casa para adoptarlo. Pasó el tiempo y su benefactor fue llamado a las líneas de guerra para combatir por su país en Europa durante la Primera Guerra Mundial.
Habiendo convivido varios meses juntos, era tanto su afecto que le resultaba imposible separarse de "Stubby", como así nombró a su querida mascota. Le había enseñado varios trucos, como el saludo militar y los toques de corneta, y decidió llevarlo consigo de contrabando en el barco donde partirían hacia Francia. Desafortunadamente fue descubierto por los oficiales. Su dueño, el soldado Conroy, le dio la orden a "Stubby" de saludar a los oficiales, y este realizó el saludo militar que le había enseñado. Resultó tan solemne el saludo para el comandante que le permitió continuar el viaje.
Durante una de las batallas, los alemanes arrojaron gas mostaza. De inmediato, los aliados se colocaron las máscaras especiales, incluyendo la del perro, cuyo olor identificó como dañino. Posteriormente, en una noche, "Stubby" empezó a ladrar muy inquieto y a despertar a todos los soldados del campamento, jalándolos de sus literas para que se incorporaran desconcertados. Cuál fue la sorpresa que el enemigo había arrojado gas mostaza, detectándolo con mucha anticipación el gran olfato de la mascota oficial.
Por esa acción fue condecorado Cabo Primero. Llegó a participar en diez y siete batallas, localizando heridos y soldados fallecidos. En una ocasión detectó a un soldado alemán con uniforme aliado; nadie se había percatado, hasta que vieron que el perro no le permitía incorporarse al soldado espía, saltando sobre este y encontrando en sus ropas una cruz de guerra alemana. Fue así como capturó al primer espía de otros más durante varias de las batallas.
Por estas acciones "Stubby" fue ascendido a sargento, rango mayor que su dueño, quien tenía que saludar a su mascota con anticipación, como lo marca el reglamento. En una ocasión fue herido en una de sus extremidades durante la batalla. Al lograr reponerse, era tan famoso que llegó a conocer a tres presidentes, visitándolos como héroe nacional.
Al terminar la guerra, "Stubby" fue condecorado y, en un abrigo de gamuza hecho especial para él, alojaba las medallas de honor que le habían otorgado por su heroísmo durante las diez y siete batallas, convirtiéndose en el perro más galardonado de la historia durante la Primera Guerra Mundial. Tuvo un final feliz con su familia que lo adoptó, muriendo mientras dormía.
Descanse en paz… El perro sargento, "héroe nacional canino".
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