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PEQUEÑAS ESPECIES

UNA ENFERMEDAD ANÁLOGA

Al estar auscultando a "Coki", sus gruñidos no se hacían esperar. Muy amable, decía su dueña: "Doctor, es algo gruñón, pero es buen perrito". Se trataba de un Poodle de diez años de edad y ocho kilogramos de peso, color miel. Después de checarlo, aparentemente se encontraba bien; su temperatura, frecuencia cardíaca, respiratoria, mucosas y piel estaban en excelente estado; su apetito era normal. La causa de la visita al veterinario era que la orina se encontraba muy oscura; por lo regular, se trata de hematuria o presencia de sangre en la orina.

Sabemos de la gran estima que los dueños tienen a sus mascotas, así que dar un diagnóstico sin estar completamente seguros ocasionará malestar y, sobre todo, dolor cuando la enfermedad es grave o irreversible. En este caso pensé en algún problema renal por la edad de "Coki"; estaba dentro del rango de las probabilidades que sus riñones ya no funcionaran normalmente. Ojalá y me equivoque, pensé.

La dueña, una joven maestra paciente y amable, al preguntar sobre la causa del problema, le expliqué que podían ser varios factores, desde una simple infección, cálculos, hasta una insuficiencia renal. Le indiqué el procedimiento en estos casos: lo primero sería realizar una serie de estudios para ver el funcionamiento de sus riñones. Con mucha serenidad y esbozando una ligera sonrisa, me dijo que comprendía todo eso, ya que ella también padecía una enfermedad renal.

Lamentablemente, los resultados de laboratorio me indicaron que sus riñones ya no trabajaban adecuadamente, así que tendríamos que seguir evaluándolo periódicamente con otros exámenes y, sobre todo, cambiar hábitos alimenticios con la administración de medicamentos de por vida.

Afortunadamente, hoy en día las fábricas de alimento para mascotas elaboran dietas para las diferentes enfermedades, de acuerdo con el problema específico del animal. En este caso, la dieta que se daría era baja en proteínas y sales.

No todos los perros logran aceptar el cambio de alimento, y menos cuando en casa los consienten de una manera especial. "Coki" comía carne a diario. Recuerdo cuando le recomendé que debíamos ir quitando paulatinamente la carne de su dieta; fue una noticia muy dura para la dueña. Le sugerí un alimento específico para no causar tanto daño a sus riñones. Afortunadamente, le sentó de maravilla.

Han pasado meses y continúa consumiendo esa croqueta de prescripción, reaccionando satisfactoriamente a pesar de su enfermedad. Los exámenes de laboratorio los hacen bimestralmente y nos muestran que el ácido úrico, la creatinina, el nitrógeno ureico y la urea se han mantenido en niveles aceptables. En estos casos no desaparece el problema; solo lo controlamos, tratando de dar a la mascota una vida de calidad, evitando un trabajo excesivo para sus órganos excretores.

Cuando nos visita periódicamente la dueña del pequeño Poodle, continúa gruñendo como si yo fuera un completo extraño. Solo nos sonreímos y, muy contenta, me dice que se encuentra muy bien, que no consume otro alimento más que el de su dieta especial y que los resultados de laboratorio son satisfactorios.

Pasaron algunos meses cuando volví a ver a mi paciente. Lo llevaba la mamá de la maestra. Lamentablemente, me dio la triste noticia de que su hija había fallecido, dejando a su querido "Coki" al cuidado de ella. Me decía que no es muy aficionada a las mascotas, pero notoriamente se veía que se encontraba muy encariñada y le tenía grandes cuidados; un grato y bello recuerdo en vida de su hija.

Cuando lo lleva a la clínica continúo escuchando las mismas palabras que decía la maestra:

-Doctor, es algo gruñón, pero es buen perrito.

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