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Crisis y autognosis fallida

ROSARIO CABELLO

"Aún en nuestros impulsos más sublimes, la inspiración cristiana, por ejemplo, acecha el resentimiento".

Nietzche.

Los acontecimientos de violencia que se viven en la ciudad de México son condenables y deben frenarse de inmediato; despojos, censura, crímenes y economía. Este proceder tiene varias aristas que nos obligan a revisarlo con más profundidad: ya no es Gentrificación (proceso de renovación de una zona generalmente popular o deteriorada muy poblada que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra con mayor poder adquisitivo). Se vive Xenofobia, odio, miedo o rechazo a ser despojados de su patrimonio sin una respuesta por parte de las autoridades.

Los partidos políticos han intervenido PAN, PRI, o MC, como defensores de estos grupos vulnerables que han perdido su patrimonio.

Se ve antagonismo, contrariedad, rivalidad y oposición, la protesta se salió de control y una gran cantidad de jóvenes cuya consigna era: "queremos una vivienda digna" terminaron por lapidar todo tipo de negocios con una violencia que despierta dudas y sospechas del por qué se actuó de esta forma, situación que coloca a México como un país peligroso y con mayores complicaciones.

Es evidente que el problema de nuestro país no solo es la desigualdad económica, si no la ausencia de una planeación de desarrollo urbano a largo plazo, retrasada desde los gobiernos de los últimos 20 años. Se priorizó la modernización de la ciudad, la entrada de la inversión extranjera a las políticas habitacionales y de negocios, así los cónclaves empresariales definieron el rumbo de la política, apoyados por el estado y se manifestaron por el aumento de precios en la vivienda y el desplazamiento de áreas originales, debido a la construcción de centros modernos y de negocios. Desde luego que tiene sus ventajas al ser la Ciudad de México una Metrópoli Cosmopolita. Frente a estos mosaicos de oportunidad no se consideró la heterogeneidad social, económica, política y cultural que los cambios y el mundo globalizado han modificado, aumentando los problemas estructurales y las demandas populares que exigen y han tomado forma violenta a través de distintos grupos de mujeres, hombres, jóvenes y adultos en la Ciudad de México. Vecinos de colonias como la Roma, o la Condesa tendrán que analizar el riesgo de sus acciones y considerar que no es posible lanzarse ya sin argumentos, si no ser parte de este caos: no a ese tipo de exigencias, que desde luego, el Gobierno debe ya poner en la balanza de sus respuestas y acciones inmediatas desde todos los niveles de su administración.

A propósito de las respuestas del último sexenio y lo que va del actual, no se consideró un modelo de desarrollo para las zonas periféricas, un modelo de oportunidades para la población que no tiene la capacidad económica para enfrentar los desplazamientos y la marginación, pero sobre todo, que dé respuesta a las presiones demográficas, a la pérdida de su espacio original por la invasión de áreas más rentables y el encarecimiento de todo tipo de servicios urbanos. Si bien la Presidenta Claudia Sheinbaum condenó la violencia, es importante señalar que queda demostrado que la política social y los programas no resuelven por sí mismos la desigualdad, ni la marginación. Es momento de replantearse la intervención de las políticas públicas en la planeación de nuevos enfoques habitacionales, el Gobierno debe presentarse como expresión del interés colectivo que manifieste y regule sus intereses y necesidades, debe influir en los aspectos del funcionamiento de las inversiones y la forma en que modifiquen el espacio urbano respetando los derechos de antigüedad, el progreso material también tiene sus grados de injusticia. Esto no significa, desde mi punto de vista, el rechazo a la transformación pero sí implica el seguimiento oportuno de acuerdo con las modalidades que señale el interés público. ¿Hacia qué paradigma se debe mover? Es difícil pero no imposible. Por ello, la esencia del Estado y su política real no son el resultado de la dialéctica de la razón, si no de la dialéctica de los hechos sociales y políticos reales. En síntesis quizá lo que se tenga que planear sea algo muy estructurado, el gobierno actual no es un valladar cerrado que tiene una sola opinión y una forma de ejercer el poder, debe ser un conjunto múltiple de posiciones, ideas, acciones y comunicación de ejercicios, que, en términos actuales y de acuerdo a los últimos acontecimientos, proponga ya una visión a largo plazo para beneficio de todos los grupos sociales. Lo que sí es vulnerable es qué dirá Trump, pero sobre todo, como actuará.

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