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Amor y resistencia: el paradigma de las madres buscadoras

ROSARIO CABELLO

Según datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas, en México, la cifra de personas desaparecidas del año 2000 al 2026 suman 135,000. Un dato que refleja una crisis humanitaria y la colocación del país como generador de violencia y alto riesgo a nivel mundial. En este contexto se menciona a las madres buscadoras cuyos colectivos se han extendido por varios estados de la república mexicana. No conozco a ninguna de las Madres Buscadoras, me he enterado de sus travesías por medio de redes sociales, medios escritos y periodistas de investigación, nacionales y extranjeros.

¿Qué sostiene esa fortaleza al ser víctimas de violencia extrema mientras mantienen una esperanza? 

Mi respuesta es el amor. Solo una madre es capaz de tanta abnegación. 

Cito algunos fragmentos del poema más elocuente y alegoría al amor maternal de Heinrich Neuman, poeta alemán: “Si tienes una madre todavía, da gracias al Señor que te ama tanto, que no todo mortal contar podría dicha tan grande ni placer tan santo.”

Diotima, filósofa griega, legó una bellísima escala de amor (siglo V. A.C.). Eros no es un dios, sino un Daimon. Un espíritu mediador entre lo humano y lo divino, y una fuerza que impulsa el ascenso del alma hacia la sabiduría y la inmortalidad. Jesús de Nazaret, en los escritos sagrados de la Biblia, señaló el camino hacia la santidad y veneró a su Madre. Hipeitia, filósofa encargada de la Biblioteca de Alejandría, se considera la primera científica y custodia de los archivos más importantes escritos hasta entonces y que fueron destruidos. Su muerte violenta fue a causa de la lucha por el poder político y religioso. Hipeitia recomendó a las mujeres defender su derecho a expresarse, pensar aún en forma equivocada es mejor que no hacerlo. Solo el amor justifica todo acto.

Las Madres Buscadoras en México no tienen un apoyo institucional, su búsqueda es un paradigma nunca imaginado, ahí están firmes hurgando en todo tipo de terreno, exponiendo su salud y sus vidas. La dureza de los acontecimientos y el silencio gubernamental han complicado el vacío de la búsqueda frente a la estructura de los cárteles y sus líderes.

Madres buscadoras que pagan sus traslados y exponen su salud, sus organizaciones y la amistad que comparten es la única estrategia que les permite desafiar el peso de su tristeza.

Perder un hijo que un día salió de su hogar y no regresó debe ser terrible. Entonces idearon los tendederos con las fotografías y este estigma desbordó los planos humanos e impuso el asombro político e ideológico que los organismos internacionales y el mundo cuestionó, convirtiendo en una parábola la fe y el amor. 

Buscar un hijo desaparecido es un terrible flagelo, un retroceso en la responsabilidad del gobierno, preparar un llamado de atención de aquellos mexicanos que sienten en carne propia el dolor de una madre y es la soledad que la seguirá acompañando frente al desdén del oficialismo, que una vez más ha sido mencionado y transferido a secretarías y departamentos por parte de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. Su recepción en Palacio Nacional no ha sido posible, se ignora y minimiza la necesidad de un diálogo, así como un apoyo económico que demuestre una intención firme para solucionar un problema tan complejo de esta y las futuras generaciones.

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