Pizcar y pepenar como verbos laguneros
Pizcar y pepenar son verbos que en la Comarca Lagunera tuvieron especial significación según los actos que nombran; también por lo que esas acciones aportaban a la economía regional. De allí que, en el título que lleva este texto, se especifique una ubicación con el gentilicio laguneros. En el mismo contexto, pizcar y pepenar son términos que hablan estrictamente de mano de obra campesina, de trabajo proletario.
El cultivo del algodón que auspició en muy considerable medida el desarrollo de La Laguna desde el siglo XIX hasta 1992 exigía la pizca y favorecía la pepena. En las vastedades donde literalmente florecía la fibra natural, hormigueaba el trabajo durante el verano de la cosecha. Como pájaros picoteando en el suelo, los pizcadores arrancaban a las matas los copos de algodón. Era la pizca.
A la pizca del algodón, en sus mejores años, llegaban al campo lagunero parvadas de trabajadores de otros rumbos de la república. Junto con los de aquí reptaban entre los surcos arrastrando el costal que llenaban con los blancos copos para, repleto, llevarlo en la atmósfera de más de treinta y cinco grados, un viaje tras otro, al despepite, a las pacas, a los quintales. Así era la pizca en los días de cosecha plena del algodonero.
El transporte por los caminos y las carreteras en las trocas que llevaban nubes de algodón, peligrosas para los cables aéreos, dejaba en los márgenes de las rutas pavimentadas o de terracería restos, rastros, de la temporada de cosecha. Los residuos que moteaban de blanco yerbajos y arcenes eran una invitación a la pepena de larga caminata; igualmente invitaban los vestigios que quedaban entre las matas después de la cosecha gruesa. Era la pepena.
No es difícil de imaginar quiénes se dedicaban a la pepena en las orillas de las carreteras y los caminos: los desheredados. Durante el verano de la cosecha y las primeras semanas del otoño se les podía ver en la inclemente labor de pepenar. Días tórridos y días decierzo ya frío los acompañaban en su peregrinar. Quizá la pepena entre las matas secas de la labor fuera menos lamentable y más remuneradora.
De ese modo, pizcar y pepenar vivían como verbos familiares de los laguneros, pero también de quienes llegaban a la bonanza agrícola de La Laguna. De allí la especial significación de ambos verbos en la economía del vigoroso nacimiento de la Comarca donde se estableció el cultivo algodonero desde temprano el siglo XIX.
Los libros de historia y de economía dan testimonio del ascenso del cultivo algodonero durante los siglos XIX y XX hasta 1992, dato este que en un texto periodístico llamé “El año uno del destierro del algodonero”. No dejaron de existir altibajos que los estudiosos registraron, sobre todo entre 1934 y 1957. De esa manera, principalmente en los últimos decenios hasta 1992, los términos pizcar y pepenar se enunciaban, se escribían y se leían con bastante familiaridad.
Peones y jornaleros originarios de La Laguna e inmigrantes hicieron con la pizca y la pepena que La Laguna naciera no entre sedas ni holandas, sino literalmente entre fibras de algodón. Los coágulos de hilo natural y las pacas se convirtieron en símbolos que proliferaron en señas de identidad oficiales y particulares, escudos y logos.
La peculiar significación que se pudo atribuir a los verbos pizcar y pepenar se puede considerar más especial si se toma en cuenta que el primero es definido por los diccionarios como tomar una porción mínima de algo. Sin embargo los copos de la pizca se lograban tan largos y abombados que los automovilistas los lucían colgados del espejo retrovisor. El segundo, pepenar, es de origen nahua y originalmente significa escoger, recoger. Con la desaparición del cultivo del algodonero perdieron algo de significación en La Laguna los términos pizcar y pepenar.
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