La fecha de Semana Santa cambia cada año porque depende de la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera/ Especial
A diferencia de la Navidad, que se celebra cada 25 de diciembre, la Semana Santa no tiene una fecha fija en el calendario. Su variación se debe a un criterio astronómico ya que la Pascua se determina a partir de la primera Luna llena después del equinoccio de primavera. Como estos fenómenos no ocurren siempre en los mismos días, la celebración puede caer en marzo o abril.
El profesor Daniel Flores, del Instituto de Astronomía, explica que basta con observar el calendario para calcular cuándo será la Semana Santa. Primero se localiza el equinoccio de primavera (entre el 19 y el 21 de marzo en el hemisferio norte), luego se identifica la siguiente Luna llena y finalmente se marca el domingo posterior: ese día corresponde a la Pascua.
Tradiciones ligadas a los ciclos lunares
Este vínculo con la Luna no es exclusivo del cristianismo. Otras culturas también basan sus celebraciones en los ciclos lunares, como el Año Nuevo chino o el Ramadán. La fascinación por el cielo y sus movimientos ha sido una constante en la historia de la humanidad, influyendo en rituales, calendarios y costumbres.
Más allá de lo religioso, la Luna sigue marcando actividades esenciales. Agricultores la usan para decidir cuándo sembrar y cosechar, leñadores para cortar árboles y pescadores para elegir el mejor momento de hacerse a la mar. Aunque muchos no lo noten, la influencia lunar sigue presente en la organización de la vida diaria.
Un astro que inspira y guía
La Luna no solo dicta fechas, también ha inspirado relatos, poemas y sueños colectivos. Desde la llegada del hombre al satélite en 1969 hasta los eclipses que detienen la rutina, este astro ha sido protagonista de momentos históricos y culturales. En México, incluso su nombre en náhuatl, Mēxihco, significa “en el ombligo de la Luna”, reflejando la conexión ancestral con ella.
La variación de la fecha de Semana Santa cada año responde a la combinación del equinoccio de primavera y la primera Luna llena posterior. Este sistema, heredado de antiguas tradiciones astronómicas, recuerda que nuestra forma de medir el tiempo sigue ligada al cielo. Así, la Luna continúa marcando el ritmo de celebraciones que, aunque religiosas, tienen un origen profundamente astronómico.