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Rodrigo Hernández Román

Por qué Torreón

RODRIGO HERNÁNDEZ ROMÁN
RODRIGO HERNÁNDEZ ROMÁN

En un año en el que su agenda incluye a la Filarmónica de Múnich, el Carnegie Hall de Nueva York y el Cadogan Hall de Londres, la soprano británico-montenegrina Tamara Radjenovic eligió debutar en México anoche. No en la Ciudad de México, no en Guadalajara, no en Monterrey: en el Teatro Isauro Martínez de Torreón, con la Camerata de Coahuila y con todas las localidades agotadas. Hoy en Torreón no se habla de otra cosa: de la gran Tamara y de la gala que ofreció la Camerata con el apoyo del Gobierno del Estado y del Ayuntamiento de Torreón, y que reunió en el mismo patio de butacas a la clase política, empresarial y social de la ciudad. Ya hacía falta un concierto así para nuestra comunidad. Vale la pena detenernos en eso, porque en esta ciudad tenemos la costumbre de dejar pasar lo extraordinario como si fuera cartelera.

Egresada con beca del Royal College of Music de Londres y discípula de Montserrat Caballé, que la apadrinó personalmente cuando Caballé no prestaba su nombre a cualquiera, Radjenovic figura en la lista 30 Under 30 en Arte y Cultura de Forbes Europa. Ha cantado en el Carnegie Hall desde 2018, en Tokio, en Zagreb y, el año pasado en Nueva York, en los Global Citizen Awards del Atlantic Council ante Emmanuel Macron, Javier Milei y Gianni Infantino. Desde 2023, su versión del himno de Montenegro se transmite a diario en la televisión de ese país. Ésa es la artista que el viernes cantó en la esquina de Galeana y Matamoros.

¿Por qué Torreón? No fue casualidad ni un favor. La ópera se construye igual en Múnich, en Milán y en Nueva York, aunque el dinero venga de lados distintos: Alemania la sostiene con presupuesto público en alrededor de 80 casas, Italia con fundaciones líricas mitad públicas y mitad privadas, Estados Unidos con filantropía y fondos patrimoniales construidos durante décadas. Son modelos distintos, pero todos requieren los mismos 6 ingredientes: una orquesta residente, una sala adecuada, un coro, una escuela de música que lo renueve, financiamiento mixto y estable, porque la taquilla jamás alcanza, y un público formado a lo largo de décadas. Torreón tiene los 6.

La orquesta es la Camerata de Coahuila, nacida del Patronato de Arte, Cultura y Sinfonía de La Laguna en 1994, con un primer concierto el 10 de junio de ese año en el propio Isauro Martínez. Empezó con 16 músicos; hoy reúne a más de 50 y suma más de mil conciertos. En 32 años, mientras otras orquestas de provincia nacían y morían 3 veces, la Camerata no se interrumpió, y buena parte de ese mérito corresponde a Ramón Shade, su director artístico fundador durante más de 3 décadas. La gala la dirigió Ethan Eager. La sala, inaugurada el 7 de marzo de 1930, con fachada que replica la del Missouri Theatre de St. Joseph y unas 700 butacas, tiene la escala exacta en la que una voz se escucha sin amplificación; para un cantante internacional eso no es un dato turístico, es una condición de trabajo. El coro fue el del Instituto de Música de Coahuila, que reúne en una sola pieza el tercer y el cuarto ingrediente. El financiamiento es mixto, público y privado, y digámoslo con el número en la mano: una orquesta de este tamaño requiere del orden de 30 millones de pesos al año. Que una soprano de nivel mundial debute aquí no es gratis y nunca lo ha sido.

El patronato, pieza determinante en Estados Unidos y casi siempre ausente en México, lo encabeza en su vicepresidencia ejecutiva el magistrado presidente Miguel Felipe Mery Ayup. Eso importa porque un artista internacional no evalúa una ciudad por su tamaño ni por su glamour, sino por la solvencia de la orquesta, la calidad de la sala y la seriedad de la organización. Nadie arriesga un debut nacional con quien improvisa.

El sexto ingrediente, el público, quedó demostrado de la manera más contundente. En un país donde el pretexto permanente es que no hay audiencia para la cultura, Torreón agotó una gala de ópera un viernes por la noche. El problema nunca fue el público; siempre fue la oferta.

Queda el dato que no aparece en ninguna estadística. Al terminar la gala, unas 700 personas salieron del Isauro Martínez a la calle, algunas con niños de la mano, otras rumbo a cenar al centro, varias todavía comentando el agudo final. Hay ciudades en este país donde a esa hora ya no sale nadie, donde la vida cultural no la mató ningún recorte sino el miedo. La ópera es un arte nocturno, y necesita una condición previa que no se compra con subsidio: una ciudad donde la gente se atreva a salir de noche.

Eso tampoco es casualidad. Coahuila sostiene 3 de las 5 ciudades más seguras de México y 15 años de continuidad en su política de seguridad, un modelo que el gobernador Manolo Jiménez Salinas ya explicó ante el Senado de la República. Normalmente se mide en homicidios por cada 100 mil habitantes; yo propongo otro indicador: cuántas butacas se llenan un viernes a las ocho de la noche. Donde hay seguridad, la gente sale; donde la gente sale, se agota un teatro; y donde se agota un teatro, un patronato puede comprometerse con una producción de este nivel. Quien crea que la cultura y la seguridad son agendas distintas no ha visto nunca a una ciudad perder las dos al mismo tiempo.

Lo del viernes no fue solamente un buen concierto. Fue el cobro de una inversión de 32 años que hicieron músicos, maestros, empresarios, gobiernos y un público terco que siguió comprando boletos cuando era más fácil quedarse en casa. Ella eligió Torreón, sí. Pero Torreón se hizo elegible. Y eso, en este país, es muchísimo más difícil.

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