Imagen Chalo García.
Este 2026 el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) se vistió de “Queerciañera”. En el marco de su edición 41 se conmemoró la entrega número 15 del Premio Maguey, que reconoce el cine de diversidad sexual y que es un acontecimiento en el cine mexicano único en su tipo.
“Es una sección en la que la sexualidad de los personajes es la protagonista en cada una de estas historias. El hecho de que forme parte de un festival tan importante como el Festival Internacional de Cine en Guadalajara es algo que sin duda legitima a la cinematografía queer”, expresó Pavel Cortés, director del Premio Maguey, responsable de la programación dentro del evento y máximo responsable de la existencia de este espacio.
“Seres noctámbulos que seducen, desean y cautivan. Apariciones imaginarias que se dibujan a sí mismas”. Esta frase describe la esencia de Make Up (2010), la ópera prima de Pavel, que narra la vida de cinco figuras de la escena travesti en Guadalajara. El documental hizo que tanto los ojos de espectadores como de personalidades del medio se posaran sobre él y lo hicieran merecedor de múltiples reconocimientos. “En su momento (Make Up) tuvo buena trayecto ria: se estrenó en el marco del FICG y tuvo un recorri do internacional importante. Es de donde surge esta idea de la sección del festival; me permitió ver cómo abordaron los temas sobre cine y diversidad sexual en festivales internacionales”, enfatizó en entrevista.
Pero al igual que Make Up, donde sus persona jes cada noche se transforman para dejar de ser lo que eran y convertirse en íconos de belleza y sen sualidad, la propuesta de una sección LGBT+ tenía que encontrar su propio proceso de aceptación en medio de un contexto adverso.
PRIMERA EDICIÓN (2012)
Marzo de 2012 marcó un hito para el FICG. En su edición 27 se atrevió a sacudir los cimientos de una sociedad tapatía tradicionalmente conservadora con la instauración del Premio Maguey.
Sin embargo, el glamur de la alfombra roja inaugural sufrió una grieta simbólica: la silla vacía de Mónica Naranjo, la primera homenajeada. La diva española, cuya presencia en el festival se justificaba no sólo por su estatus de ícono pop, sino por una filmografía que incluye títulos como Marujas asesinas (2001), Yo puta (2004) y Locos por el sexo (2006), canceló su paso por la pasarela alegando un “cansancio” extremo.
No obstante, el Auditorio Telmex hervía en una anticipación que pronto se tornó en desconcierto. Naranjo presentó Madame Noir, un performance de estética cincuentera, atmósferas de piano y una interpretación volcada hacia lo teatral. Para una audiencia que pagó por la catarsis de los himnos noventeros, la propuesta fue un balde de agua fría. La rechifla no tardó en estallar. El público pasó del murmullo a la exigencia abierta de los “éxitos”, cul minando en un abandono masivo de las butacas.
Resulta una paradoja amarga que el Premio Maguey Activista, diseñado para celebrar la visibilidad pública, tuviera que entregarse en la clandestinidad del camerino Plácido Domingo. Lejos de la prensa, las luces y el aplauso masivo, la ceremonia se redujo a un círculo íntimo de apenas 20 personas.
En ese refugio, Pavel Cortés y Bruce LaBruce entregaron la estatuilla a una Naranjo visiblemente conmovida. “En España ahora está el camino más abierto, pero todavía queda bastante hipocresía, todavía no se ve bien que los homosexuales caminen con su pareja por la calle”, alcanzó a decir.
En este primer año se hizo reconocimiento también al cineasta canadiense Bruce LaBruce, uno de los máximos referentes del cine de diversidad sexual, porno gráfico y creador de la estética queencore, que utiliza al séptimo arte como herramienta de choque. El festival se atrevió a proyectar L.A. Zombie, una obra prohibida en Estados Unidos por su carga explícita. Su director recibió con justicia el Premio Maguey al Cine de Culto.
En el otro extremo, Premio Maguey a la Mejor Película fue otorgado a Mía, ópera prima del argen tino Javier Van de Couter.

SEGUNDA EDICIÓN (2013)
La segunda edición se erigió como un termómetro crí tico para medir la visibilidad de la diversidad sexual en el cine latinoamericano. Un punto de inflexión en la jornada fue la entrega del Premio Maguey Cine de Culto a la animadora nórdica Lisa Tulin.
El momento definitivo ocurrió cuando el jurado, encabezado por Darryl McDonald, reconoció como Mejor Película (primera vez con la competencia paralela al festival) al documental mexicano Quebranto. Roberto Fiesco, su director, aprovechó la tribuna para señalar que, pese a los avances, la diversidad seguía “siendo un desafío social”, y celebró que el FICG fomentara espacios para “vivir en una sociedad mucho más tolerante”.
La vocación del Premio Maguey por observar conflictos fuera del eje occidental se mate rializó en la Mención Honorífica para Out in the Dark (Alata), del cineasta Michael Mayer.
TERCERA EDICIÓN (2014)
El homenaje a Wieland Speck, fundador del Teddy Award de Berlín, reconoció al pilar de la gestión cultural, cuya labor ha servido como inspiración técnica y política para que festiva les de todo el mundo abracen la diversidad.
Premio Maguey Homenaje Póstumo invocó la sombra irreverente de Divine (1945-1988). La musa de John Waters fue celebrada como ícono queer: una figura que encarnó la libertad absoluta y la aceptación radical de uno mismo.
El gran protagonista del palmarés fue el joven en fant terrible canadiense, Xavier Dolan. Su filme Tom à la ferme se alzó con el galardón a la Mejor Película, representando la cúspide narrativa de la edición.
CUARTA EDICIÓN (2015)
La vitalidad del Premio Maguey se engrandeció con el legado de Pier Paolo Pasolini, cuya figura actuó como pilar de esta edición con un homenaje póstumo, a través del cual el festival subrayó su “defensa abierta del cine homosexual”, un compromiso que el director mantuvo firme frente a persecuciones legales y sociales.
La proyección en pantalla grande de títulos como Accattone o la perturbadora Salò o los 120 días de Sodoma permitió al público nacional acceder a una genealogía de lucha donde la diversidad sexual es el motor narrativo.
En esta edición, se otorgó el Premio Maguey Trayectoria a Giovanni Minerba, fundador del Tori no Gay & Lesbian Film Festival (TGLFF), el certamen de su tipo más antiguo de Europa, que en 2015 alcanzó su 29ª edición.
Además, se reconoció como Diva Icon a Carmen Carrera, cuyo impacto reside, más allá del éxito mediático, en su labor humanitaria. Su activismo en la lucha contra el VIH redefi ne el papel de la celebridad trans como un agente de cambio social.
Ese año, el máximo galardón fue para la cinta sueca Something Must Break, de Ester Martin Bergsmark, una obra que la crítica calificó como sensible y arriesgada, capaz de capturar la fragilidad y la fuerza de la identidad trans contemporánea.

QUINTA EDICIÓN (2016)
En medio de su ambiciosa gira mundial El Amor, la estrella del pop mexicano Gloria Trevi hizo una pausa para recibir el Premio Maguey Diva Icon. Se le honró como una fir me defensora de los derechos de la comunidad LGBT+: “Vivo y como gracias al apoyo que me brindaron en los momentos más difíciles de mi vida”, declaró la cantante. Sin embargo, este brillo inicial de la alfombra roja pronto se vería contrastado por la cruda realidad de la censura.
Existe una grieta profunda entre el marco legal progresista de México y su aplicación en los espacios públicos. Mientras la Suprema Corte de Justicia de la Nación despejaba el camino para el matrimonio igualitario en los 32 estados y la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación dictaba la pauta de convivencia, la realidad en Puerto Vallarta demostró que el prejuicio suele ser más rápido que la ley.
El conflicto estalló en la plaza Lázaro Cárdenas alrededor de las 22:00 horas, durante la proyección de la cinta francesa Théo et Hugo dans le même bateau. Lo que debía ser una función pública de cine de autor, inicialmente aprobada por las propias autoridades oficiales, se transformó en una redada policial injustificada cuando un transeúnte manifestó sentirse “ofendido”.
Con una actitud calificada como “prepotente”, los agentes procedieron a bloquear la visibilidad de la pantalla, filmar a la audiencia presente y forzar la can celación inmediata de la función bajo el argumento de la presencia de desnudos en el filme. La respuesta del festival fue de una dignidad in quebrantable. El jurado condenó enérgicamente los hechos y calificó la intervención como una “violación seria de la libertad de expresión” ejecutada por una “autoridad carente de sensibilidad”.
En un acto de solidaridad radical, la organización decidió cancelar la proyección de la película Toro en Los Arcos del Malecón. El FICG se negó a aceptar las presiones policiales que exigían recortar escenas de contenido sexual, priorizando el respeto a la integridad de la obra de los artistas Martin Hawie (director) y Paul Wollin (actor), quienes se encontraban presentes en Puerto Vallarta como testigos directos del asedio.
En esa edición el reconocimiento a la trayectoria de la cineasta canadiense Léa Pool sirvió como un es pejo de la maduración del cine queer global.
“Lentamente empecé a entender que algunas de mis películas verdaderamente tuvieron un impacto muy fuerte en la comunidad gay (...) Entendí que en esas pelí culas estaban subrepresentadas en todas partes y que se necesitaba escuchar esa voz”, complementó. También se entregó el Premio Queer Icon a la Mala Rodríguez.
Resultó poéticamente justo o compensatorio que el máximo galardón fuera otorgado a la misma obra que sufrió los embates de la censura durante el festival: Théo et Hugo dans le même bateau, dirigida por Olivier Ducastel y Jacques Martineau.
SEXTA EDICIÓN (2017)
Alfonso Herrera fue distinguido como Ícono Queer por su papel como Hernando en la serie Sense 8. La química y profundidad de su relación con Lito (Miguel Ángel Silvestre) en la producción de Netflix fue un hito de normalización social de la diversidad sexual. Por otro lado, en el Teatro Vivian Blumenthal, Ma riela Castro (hija de Fidel Castro) recibió el Premio Maguey Activista. La curaduría de esta sexta edición miró con insis tencia hacia Berlín. Destacó la figura de Jürgen Brüning, Premio Maguey a la Trayectoria, un hombre de dualidades: curador de la sección Panorama de la Berlinale y, simultáneamente, fundador del Festival de Cine Porno de Berlín en 2006.
Junto a él, la actriz y directora Susanne Sachsse recibió el premio Queer Icon, celebrando una carrera de colaboraciones con artistas radicales como Vaginal Davis. Pero el “fantasma” que realmente recorrió las salas fue el de Rainer Werner Fassbin der con un homenaje póstumo.
Corpo elétrico (Brasil), de Marcelo Caetano, se alzó como Mejor Película, y Santa y Andrés (Cuba, Colombia y Francia), de Carlos Lechuga, se llevó el Premio Especial del Jurado.
SÉPTIMA EDICIÓN (2018)
Celebrada bajo el lema “Over The Rainbow” (Sobre el arcoíris), fue un acto de memoria histórica que vinculó la curaduría del festival con las raíces mis mas de la liberación LGBT+. El 27 de junio de 1969, en el Frank E. Campbell Funeral Home de Nueva York, la comunidad despedía a Judy Garland, el ícono máximo que había prometido un lugar más allá del arcoíris. Sin embargo, esa misma noche, el sentimiento de pérdida mutó en desafío. En el bar Stonewall, lesbianas, gays, transexuales y dragqueens decidieron que no tolerarían más las redadas arbitrarias.
Aquel funeral fue el catalizador de una lucha frontal contra un sistema que perseguía la diversidad. Lo que comenzó como un levantamiento en las calles dio paso al nacimiento de una cinematografía que ya no pedía permiso para existir. Casi cincuenta años después, Guadalajara retomó ese origen, transformando la muerte de un ícono en la base de una nueva mirada donde cada proyección era un acto de libertad conquistada.
Esta estructura de festival, robusta y madura, sirvió como el escenario ideal para recibir a una de las figuras más dis ruptivas de la industria contemporánea: Erika Lust, quien recibió un homenaje a su trayectoria.
Tinta Bruta (Brasil), de Filipe Matzembacher y Marcio Reolon, recibió el Premio Maguey a Mejor Película.

OCTAVA EDICIÓN (2019)
“Enqueerate” es el neologismo que definió esta edición. Una amalgama lúdica entre el acto de “encuerarse” y el término queer, aquella palabra que nació como un escupitajo despectivo y que hoy ha sido rea propiada como un estandarte de guerra cultural.
Esta responsabilidad de mirar de frente a la rea lidad encontró en Manolo Caro a un aliado. Durante décadas, el cine y la televisión en México confinaron a los personajes LGBT+ a un callejón sin salida de vicios, paranoias, burlas o suicidios. Caro, con el Premio Maguey Director en mano, defendió la “sensatez” de personajes como María José de La casa de las Flores.
Además, Javiera Mena fue reconocida por su autenticidad. “Como lesbiana nunca había recibido un reconocimiento así, en ningún lado. Entonces siento que es desde un lugar tan íntimo mío, pero a la vez queriendo aportar con un granito de arena”, expresó la cantante.
También figuró el activismo global de Omar Sha rif Jr. y la trayectoria de Christine Vachon, una mujer cuyo nombre es sinónimo del cine independiente que se atreve a incomodar. El galardón a Mejor Película fue para One Taxi Ride (México, Singapur), de Mak C.K.
NOVENA EDICIÓN (2020)
El aura de ese año en el Premio Maguey quedó sellada por una narrativa de liberación personal que trascen dió la pantalla. Regina Orozco compartió el íntimo claroscuro de su juventud: su partida de casa a los 16 años, impulsada por un amor hacia otra mujer que el entorno de entonces no lograba procesar.
“Me he enamorado muchísimo toda mi vida, y espero que algún día no necesitemos nombrar lo que somos porque somos seres con corazón enorme que tenemos que dejar que brote; y permitamos esa presencia y ese amor diario para que podamos decir realmente, amor es amor, love is love”, expresó.
El homenaje póstumo a Jaime Humberto Hermosillo, acompañado de la presentación del libro de Arturo Villase ñor, El cine transgresor de Jaime Humberto Hermosillo, funcionó como un espejo retrovisor hacia la génesis de la libertad visual con filmes como Doña Herlinda y su hijo (1985), El cumpleaños del perro (1974), Las apariencias en gañan (1978) y Matinée (1976), solo por mencionar algunas.
El Premio Maguey a la Mejor Película fue para Port Authority (Estados Unidos, Francia), de Daniel Lessovitz.
DÉCIMA EDICIÓN (2021)
Hubo un tiempo en que la identidad de Victoria Vo lkova habitaba una asfixia minúscula. Al inicio de su transición, su concepto de lo que significaba ser mujer era una noción tan reducida y frágil que, en sus propias palabras “era algo muy chiquito” que podía caber en una caja para guardar dientes.
Diez años después, en el marco del FICG, esa imagen de cautiverio estalló: “Ser mujer es todo, es poder absoluto. Es algo tan grande, algo que se expande constante mente, algo que no cabe en este auditorio”, mencionó en la charla de homenajeados del Premio Maguey.
La narrativa de los primeros diez años del Premio Maguey se sostuvo sobre hombros de gigantes que habían he cho de su biografía una obra de arte. Por un lado, el estallido de glitter y sintetizadores de Zemmoa, Queer Icon, cuya presencia fue un latido de pop y dance: “Qué emoción reci bir un premio por sólo existir, sobrevivir, por reinventarme a mí misma”, expresó Zemmoa.
En el otro extremo del espectro, pero compartiendo el mismo pulso, encontramos la sobriedad documental de Luis Venegas, Premio Maguey a la Trayectoria. A través de su labor en la revista Candy, Venegas ha construido una memoria impresa de cuerpos e identidades diversas, educando la mirada de aquellos ajenos a la diversidad. Our Bodies are your Battlefields (Francia), de Isabelle Solas, obtuvo el premio a Mejor Película.
UNDÉCIMA EDICIÓN (2022)
El gran protagonista fue Ricky Lips, quien dio una lección de resistencia de vida, logrando que el arte drag sea percibido hoy como algo “cotidiano”: “Para mí es fundamental el valor del amor. El no ocultar, el no mentir, el demostrar se tal y como uno es”, expresó la dragqueen.
El otro protagonista se dio con la entrega del reconocimiento Diva Icon a la cantante española Natalia Jiménez, quien compartió que su infancia estuvo marcada por el acoso y el bullying escolar, experiencias que, lejos de quebrarla, se convirtieron en el mito fundacional de su carácter actual: “Ahora no hay desafío que (yo) no pueda sobrepasar y eso quie ro para todos”, declaró.
La Mejor Película fue Mi vacío y yo (España), de Adrián Silvestre.

DUODÉCIMA EDICIÓN (2023)
Bajo el lema “Desaparecidxs”, el Premio Maguey renunció al glamur para abra zar una atmósfera de memoria y urgen cia, transformando la celebración en un acto de introspección colectiva.
Ese tributo encontró su voz más inci siva en Eréndira Ibarra, quien ha nave gado con éxito en las aguas de Hollywood con Matrix Resurrections y Sense8. Al recibir el reconocimiento Queer Icon, la actriz no esca timó en señalar la herida abierta de un estado, Jalisco, al que describió como “profundamente opresor contra la comunidad”.
Ibarra diseccionó con agudeza la invisibilización institucional, ese vacío legal donde la identidad trans se borra ante la justicia: “Somos un país que no sabemos contabilizar a las personas diversas, que cuando desa parece una persona trans no la buscan por quien es. Y cuando la buscamos por su nombre, por como él o ella se identifica, la justicia voltea la cara y dice: ‘es que eso no viene en el papel’ y entonces cómo nos buscamos si no tenemos derecho a nombrarnos”, sentenció.
Ese mismo pulso de resistencia late en Kenya, el documental que se consagró como el gran testamento fílmico de esta edición. La obra de Gisela Delgadillo es un ejercicio de supervivencia que comenzó en 2016, tras el transfeminicidio de Paola Buenrostro. Lo que inició como un roadtrip de investigación se convirtió, tras años de amenazas de muerte y rituales de resiliencia, en el retrato de la metamorfosis de Kenya Cuevas: de trabajadora sexual a arquitecta de la Ley Paola Buenrostro.
La urgencia de este mensaje se topa con la frial dad de los registros oficiales. Mientras la Comisión Nacional de Búsqueda apenas registra 51 personas LGBTQ+ desaparecidas entre 1964 y 2022, el Centro de Apoyo de Identidades Trans (CAIT) documenta 124 casos sólo desde 2010. Este subregistro, donde el 66.13 por ciento de las víctimas son mujeres trans, revela que para la justicia mexicana la diversidad es un punto ciego. Ante este silencio burocrático, el cine se levanta como un protocolo de búsqueda efectivo para recuperar la dignidad de los nombres olvidados.
DECIMOTERCERA EDICIÓN (2024)
La presencia de Ángeles Cruz como homenajeada representó el recordatorio más contundente del cine como acto de visibilización sociopolítica. Como actriz, guionista y directora, Cruz ha descentralizado la narrativa queer, históricamente concentrada en las urbes blancas de México, para situarla en el corazón de las comunidades indígenas.
“Sigue habiendo una brecha terrible entre salir a la gran ciudad y vivir la diversidad y ha cerlo desde nuestras comunidades indígenas. Es un camino que se sigue marcando y falta mucho por hacer. Tenemos la obligación de ir limpiando de prejuicios y violencias, y seguir visibilizando a través del cine”, comentó la cineasta al recibir su homenaje.
La internacionalización del premio se con solidó a través de la actriz Najwa Nimri, bajo la distinción de Queer Icon, y de Javier Calvo y Javier Ambrossi, “Los Javis”, cuya trayectoria —marcada por hitos como La Veneno, Física o química y Paquita Salas— ha logrado inyectar una estética pop y una narrativa de redención en la televisión masiva. Pedágio (Brasil, Portugal), de Carolina Markowicz, obtuvo el galardón a Mejor Película.
DECIMOCUARTA EDICIÓN (2025)
Esta edición quedó sellada bajo una atmósfera de profunda admiración e intimidad con la charla entre Daniela Vega, actriz trans de la célebre pe lícula chilena Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio, y Estrella Araiza, directora del FICG. “Hoy más que nunca, el cine queer está haciendo justo eso: sumando, multiplicando, creando nuevas tramas y urdimbres para confeccionar telas que vistan cuerpos que antes eran, quizá, inhabitables”, dijo al recibir su Premio Maguey Queer Icon. El premio a Mejor Película fue para Sabar Bonda (India, Reino Unido, Canadá), de Ro han Parashuram Kanawade.

LA QUEERCIAÑERA
Al celebrar su decimoquinta edición —bautiza da con elocuencia como su “Queerciañera”—, el certamen proyectó identidades que han transita do desde la periferia del silencio hacia el centro del reflector, reclamando un espacio que el conservadu rismo les ha negado sistemáticamente.
C-Pher fue una de las figuras centrales al recibir el Premio Maguey Drag Icon. Nacida en una pequeña ciudad minera del norte de Chile (país invitado), en el seno de una familia conservadora y religiosa, su infan cia transcurrió entre la aridez del desierto y el refugio vibrante de la cultura otaku, los cómics y las revistas.
A los 18 años, tomó la decisión radical de emigrar a Santiago para vivir su vocación. Para ella, el drag no es un disfraz, sino un “arte legítimo” que exige un rigor técnico y narrativo superior: “A diferencia del cosplay, en el drag encontré libertad creativa; no había que seguir nada de un personaje previamente construido, tú lo ibas formando”, relata la artista.
Sin embargo, la celebración de esta “Queerciañera” se dio en un claroscuro persistente. Mientras las pantallas del FICG resplandecieron con historias de emancipación, la realidad mexicana afuera de las salas sigue marcada por la intolerancia, los crímenes de odio y una alarmante cifra de transfeminicidios.
Pavel Cortés es contundente al analizar este avance desigual: “Lamentablemente, sigue siendo un premio muy importante y necesario, a pesar de que a lo largo de estos 15 años del Premio Maguey hemos sido testigos de la transformación del mundo en relación con la diversidad sexual; la aceptación sigue siendo una cuestión de privilegio”, enfatizó.
Además, pidió al Congreso de Jalisco garantizar la identidad legal de niños, niñas y adolescentes transgénero: “No puede existir una celebración así mientras que los derechos más básicos de nuestras infancias no pueden ser garantizados”, expresó. “Jalisco tiene deu das muy claras, muy contundentes, y en ese sentido es necesario señalarlo”, añadió.
A este sentir respondió la actriz epañola Lola Dueñas, quien recibió el Premio Maguey a la Trayectoria con una mezcla de gratitud y asombro: “A mí como que se me escapa que alguien haga mucho daño, que alguien pueda tratar mal a otra persona. Me pare cen ignorantes, insensibles”, afirmó.
Otros homenajes fueron para Valentina (Queer Icon), quien es reconocida como una artista multidisciplinaria cuyo impacto es estético y profundamente político, y para Paco Ruiz (Homenaje Póstumo), fundador del emblemático “Paco Paco” en Puerto Vallarta y cuya labor fue fundamental para que la comunidad LGBTIQ+ encontrara un refugio de li bertad en las costas mexicanas.
El Premio Maguey a la Mejor Película fue para Feito pipa (Brasil), de Allan Everton; el Premio del Jurado para Soy Mario (México), de Sharon Klein berg, y la Mención Honorífica para Nuestro cuerpo es una estrella que se expande (México), de los hermanos Semillites y Tania Hernández Velasco. Si bien es cierto que la importancia del Premio Maguey en el Festival Internacional de Cine en Guadala jara (FICG) se ha convertido en el máximo referente de exhibición del cine de diversidad sexual en México, lo cierto es que hay otros festivales y muestras fílmicas que mantienen el mismo espíritu, como MIC Género, Festival MIX México, Cinema Queer México y ALT* Festival de Cine Documental LGBT+.
Para Pavel Cortés “es necesario tener muy claro cuál ha sido la historia de la diversidad y quiénes han sido los personajes para que evolucionara como hasta ahora”. Pero el objetivo sigue siendo el mismo por encima de todas las cosas: “Queremos erradicar una cultura de la discriminación, de segregación, que señala todo lo que es diferente, todo lo que rompe con una heteronormativi dad establecida; deseamos abrir las mentes de los espec tadores y traer un tipo de cine distinto”, concluyó.
ulises.castaneda.alvarez@gmail.com