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Presencias femeninas en la Colección Gelman-Santander

Una mirada con perspectiva de género hacia el arte moderno mexicano

Imagen: Abraham Esparza

Imagen: Abraham Esparza

ANA SOFÍA MENDOZA DÍAZ

Con 68 obras —28 de ellas declaradas monumentos artísticos—, la exhibición Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander, ubicada en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, permite al público enfrentarse cara a cara, por primera vez en 20 años, con imágenes que han habitado la memoria colectiva mexicana por generaciones, desde los icónicos autorretratos de Frida Kahlo hasta las composiciones de María Izquierdo, Lola Álvarez Bravo y otros maestros del siglo XX.

Se dice que cuando Jaques y Natasha Gelman conocieron a Frida Kahlo a través de Diego Rivera, Natasha quedó inmediatamenteflechada por la obra de la artista. El primer cuadro que vio, como narró en una entrevista, fue Diego en mi pensamiento, el cual adquirió de inmediato para agregarlo a lo que se convertiría en una de las colecciones privadas de arte mexicano más relevantes de la historia —según expertos, sólo equiparable con la de Dolores Olmedo— por reunir piezas de los grandes maestros delsiglo XX, aquellos que configuraron la identidad artística de nuestro país e hicieron que la mirada internacional admirara su esplendor.

Hoy, después de dos décadas de mantener un paradero más o menos incierto, una buena parte de esas obras finalmente está al alcance del público general en el Museo de Arte Moderno, en Ciudad de México, donde han sido agrupadas en una exposición bajo el título Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander.

La muestra está conformada por 68 piezas, entre pinturas, dibujos y fotografías, de las cuales 28 cuentan con la declaratoria de monumento artístico por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), según indica un comunicado de la Secretaría de Cultura.

Autorretrato con monos (1943), por Frida Kahlo. Imagen: Colección Gelman-Santander
Autorretrato con monos (1943), por Frida Kahlo. Imagen: Colección Gelman-Santander

ENCUENTRO CON EL IMAGINARIO MEXICANO

Ingresar a la sala donde está la exhibición es como adentrarse a uno de los rincones más llenos de vitalidad del imaginario colectivo mexicano. Estar ante Autorretrato con monos, por ejemplo, da la sensación de encontrarse con un familiar del que se han oído tantas historias que es como si ya se le conociera, pero que en realidad nunca ha estado frente a nosotros. ¿En qué momento esta imagen quedó plasmada en la memoria de cada mexicano? Tal vez hace 10, 20, 30 años, al verla impresa en algún libro de texto de la SEP. Lo mismo pasa con Vendedora de alcatraces, de Diego Rivera. ¿Cuántos niños de cuántas generaciones habrán contemplado una reproducción de esta pintura en casa de sus abuelas?

Pero esa familiaridad, lejos de eliminar el factor sorpresa, aumenta el impacto de estar frente a una obra aparente vista “hasta el cansancio”, pero cuya magnificencia probablemente nunca se había develado ante nuestros ojos. Ninguna impresión ni imagen digital puede captar los verdes vibrantes de la vegetación en los retratos de Frida Kahlo, ni las variaciones tonales y de textura enlas abstracciones de Gunther Gerzo, ni la fuerza de las pinceladas de José Clemente Orozco. Ya lo decía Walter Benjamin: “Hasta a la más perfecta reproducción le falta algo: el aquí y el ahora de la obra de arte, su existencia siempre irrepetible en el lugar mismo en que se encuentra”, eso que él mismo definía como “aura”.

De este modo, Relatos modernos… permite al público, especialmente a las generaciones más jóvenes, encontrarse de lleno con el aura de aquellas imágenes que han habitado nuestra memoria colectiva por décadas.

Retrato de Natasha Gelman (1943), por Diego Rivera. Imágenes: Colección Gelman-Santander
Retrato de Natasha Gelman (1943), por Diego Rivera. Imágenes: Colección Gelman-Santander

FRIDA KAHLO: EL ÍCONO

La figura de Frida Kahlo parece ser el eje central que da cohesión al recorrido; está presente en cada sección, y esa presencia funge ya sea como una apertura, un clímax o un punto final potentes en cada instancia donde aparece. Es una elección que pone de manifiesto la visión de los Gelman al momento de identificar las obras que habrían de trascender su tiempo para convertirse en un hito histórico. Cuando Natasha quiso adquirir Diego en mi pensamiento, Frida Kahlo era percibida como poco más que la esposa de Rivera. Sí, tenía una fama considerable, pero estaba muy lejos de ser el ícono que es ahora. Un artículo de Diego Parrado publicado en Vanity Fair expone que Jaques adquirió un cuadro de la artista por 300 dólares en Nueva York, misma ciudad donde uno de sus famosos autorretratos batió récord al ser vendido en una subasta por 55 millones de dólares el 20 de noviembre de 2025.

Darle esa importancia a Kahlo dentro de la exposición lleva a reflexionar cómo la obra de un artista puede ser revalorada con el transcurso del tiempo. Y el montaje de la muestra va más allá: despierta cuestionamientos en torno a cómo ha evolucionado lapercepción que se tiene de las creadoras mujeres y de lo femenino. A pesar de que el acervo cuenta con una mayor cantidad de artistas masculinos, lo cierto es que hay una buena cantidad de piezas de la ya mencionada Frida Kahlo, de María Izquierdo, Graciela Iturbide, Lola Álvarez Bravo, Tina Modotti y Patti Smith.

LA SENSIBILIDAD ARTÍSTICA DE NATASHA

La exploración de lo femenino, además, se manifiesta de otras formas gracias a la curaduría de la exhibición.

De entrada, la figura de Natasha Gelman es primordial. Una serie de retratos de la coleccionista abren la exposición, siendo el primero y más destacado el que Diego Rivera le hizo en 1943, no sólo por sus dimensiones y su calidad, sino porque fue la obra que inició al matrimonio en el coleccionismo de arte.

A esa comisión le siguen otras realizadas por Ángel Zárraga, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo, que coinciden en el porte elegante y la expresión digna de Natasha. Acaso estos retratos sean la mejor forma de aproximarse a su esencia, pues poco se sabe de ella: nació en 1912 en Moravia, hoy República Checa (en ese entonces Checoslovaquia), bajo el apellido Zahalka, y conoció al visionario productor de cine Jaques Gelman a inicios de los cuarenta en un hotel de Ciudad de México. Probablemente los unió el hecho de ser inmigrantes europeos, recién llegados a un país que recibió a miles de refugiados del viejo continente durante la Segunda Guerra Mundial.

El legado artístico que la pareja construyó es prueba de la riqueza cultural que la migración puede aportar a cualquier lugar, y la acertada sensibilidad de Natasha demuestra que las contribuciones de las mujeres en el mundo del arte han sido históricamentevaliosas, pese al machismo y la discriminación a las que se han enfrentado.

El abrazo de amor de El Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl (1949), por Frida Kahlo. Imágenes: Colección Gelman-Santander
El abrazo de amor de El Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl (1949), por Frida Kahlo. Imágenes: Colección Gelman-Santander

MATERNIDAD Y CARGAS SIMBÓLICAS

Retratos modernos… también representa lo femenino a través de ciertos núcleos temáticos. Por ejemplo, aquel en el que se plantea la experiencia de ser novia mediante retratos de María Izquierdo, Frida Kahlo, Carlos Orozco Romero y Manuel Álvarez Bravo, donde destacan diferentes tipos de vestidos tradicionales. El de tehuana remonta a las bodas del Istmo, donde se celebra el mediu xhiga, un baile que simboliza la unión comunitaria y cuya intención es transmitir buenos deseos hacia el nuevo matrimonio. El de Papantla, en cambio, forma parte de los festejos tradicionales de esta región oaxaqueña, que incluyen rituales de fertilidad y llegan a extenderse por varios días. Se trata de representaciones que reflejan la universalidad del matrimonio, pero también las distintas cargas simbólicas de su celebración, dependiendo del contexto en que se desarrolle.

Novia de Papantla, de María Izquierdo, es un cuadro especialmente significativo. Su protagonista, ataviada con un vestido de manta y joyas, muestra una expresión un tanto melancólica. La obra bien podría leerse como autobiográfica, pues Izquierdo fue entregada a un matrimonio arreglado a los 14 años con un hombre mayor, con quien tuvo tres hijos a muy temprana edad. Al tratarse de un acuerdo contra su voluntad debido a dificultades económicas en su familia, aprovechó la primera oportunidad que tuvo para huira Ciudad de México —era oriunda de San Juan de los Lagos, Jalisco— y buscar la libertad a través del arte. 

Por otra parte, el arquetipo femenino más ancestral, aquel de la naturaleza como “lo Otro” que hay que conquistar y que guarda misterios peligrosos a pesar de dar vida —tal como lo describía Simone de Beauvoir en El segundo sexo—, se manifiesta en Elabrazo de amor de El Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl, de Frida Kahlo. Aquí, una entidad conformada por la noche y el día sostiene a la Madre Tierra, quien a su vez abraza a la artista, en cuyos brazos carga a un perturbador Diego Riverabebé. El señor Xólotl, en contraste con la aparente vitalidad del resto de la escena, indica la ineludible presencia de la muerte.

La obra puede leerse, además de como una especie de mito de la creación —con todo y su dualidad—, como una declaración de Frida respecto a su maternidad frustrada. En la naturaleza aquí representada, a pesar de poseer ese color verde que comúnmentese asocia con la vida, sólo crecen distintos tipos de cactáceas y suculentas, vegetación que se da en suelos infértiles.

Este tema se repite en Autorretrato con cama, donde Kahlo aparece sentada al borde de la cama con una muñeca al lado, un guiño tanto a una infancia pasada como al deseo imposible de ser madre, un sueño que se vino abajo en el momento en que un accidente  en tranvía casi acabó con su vida. Aunque sobrevivió, su columna vertebral, útero y pelvis sufrieron graves secuelas. Sin duda, las obras de Frida Kahlo y María Izquierdo abarcan un amplio espectro respecto a la experiencia de ser mujer y todos los conceptos asociados con ello.

El espejo negro (1939), por Manuel Álvarez Bravo. Imagen: antiquarianauctions.com
El espejo negro (1939), por Manuel Álvarez Bravo. Imagen: antiquarianauctions.com

EXPLORACIÓN DE LO CORPORAL

Otra instancia de lo femenino que se aborda en Retratos modernos… es el cuerpo, a partir de una sección donde, de acuerdo con el texto curatorial, “la clara predominancia de retratos construidos desde una mirada masculina invita a problematizar el concepto de género en la imagen y la construcción del cuerpo como una entidad pública dispuesta a ser vista”.

Esta parte del recorrido abre con Los ojos de María, una fotografía de Gabriel Figueroa que muestra un plano detalle de la inconfundible mirada de María Félix —otra potente figura femenina en la exhibición—.

A dicha imagen le siguen, en su mayoría, desnudos de mujeres: un retrato de Manuel Álvarez Bravo, un par de acuarelas de Rufino Tamayo, dos litografías de Diego Rivera y algunos estudios anatómicos de José Clemente Orozco.

Sin embargo, las obras que cierran esta sección ofrecen un contraste que refleja la diversidad de visiones que pueden existir en torno al cuerpo humano: otra fotografía de Manuel Álvarez Bravo, pero ahora de un par de momias recostadas una junto a la otra —casi tomadas de la mano—, y una más de Lola Álvarez Bravo, donde un torero prepara su atuendo frente a un espejo. Esta última destaca por ser la única pieza que aborda un tema tradicionalmente masculino desde una perspectiva femenina. ¿Cuánto se ampliaría nuestro imaginario colectivo si, desde hace décadas o siglos, a las mujeres se les hubiera dado la misma oportunidadque los hombres de expresarse creativamente?

OPORTUNIDAD ÚNICA

Es evidente que las obras de la Colección Gelman, hoy administrada por Santander, pueden dialogar de un sinfín de maneras diferentes y pueden suscitar las más diversas lecturas entre sus espectadores. La presentada en este texto es sólo una de ellas, pues es imposible cubrir todos los temas y matices que surgen al asistir a esta histórica exhibición.

Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander permanecerá hasta el 17 de mayo en el Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México antes de ser trasladada al centro cultural Faro Santander, en España. Es una oportunidad  única de encontrarse con algunas de las obras más emblemáticas que dieron forma a la identidad cultural mexicana del siglo XX.

amendoza@elsiglo.mx

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