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¿Qué es Powerball? El juego de lotería que está arrasando en EU

(PIXABAY)

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Sobre la carretera que sale de Ciudad Juárez rumbo a El Paso, un tablero digital cambia de número cada pocos minutos: 707, 720, 748 millones de dólares. Es el bote del Powerball, la lotería estadounidense que a mediados de 2026 volvió a rebasar los 700 millones y que, sorteo tras sorteo, se coló en la plática a ambos lados de la frontera. Nadie ha acertado los seis números, y por eso la cifra no deja de trepar.

Detrás del espectáculo hay un mecanismo bastante simple: un juego de números administrado por una asociación de loterías estatales en Estados Unidos, donde participar exige elegir cinco bolas blancas del 1 al 69 y una bola roja, la Powerball, del 1 al 26. El boleto cuesta dos dólares y los sorteos se celebran tres veces por semana, los lunes, miércoles y sábado, cerca de las 11 de la noche, hora del este. Acertar la combinación completa entrega el premio mayor, con una probabilidad de una entre 292 millones. Hoy el juego llega a 45 estados, además de Washington D. C., Puerto Rico y las Islas Vírgenes, y solo un puñado de territorios queda fuera del mapa.

Esa dificultad es justo la que infla los botes. Cuando nadie gana, el premio mayor rueda al siguiente sorteo y crece, así que arranca en 20 millones y puede acumularse durante semanas. No todo es el premio gordo, eso sí. El juego reparte nueve categorías de premios, y basta con atinarle a la bola roja para entrar en la más modesta; la probabilidad de ganar algo, lo que sea, ronda una entre 25. Ese detalle, poco glamoroso, mantiene vivo el interés entre un sorteo millonario y el siguiente. Y la fascinación hace tiempo que cruzó la frontera.

Tanto creció el seguimiento desde México que la ficha del Powerball estadounidense ya figura detallada en español, con su calendario de sorteos, sus reglas y su estructura de premios explicados para el público de este lado. Y es que gracias a plataformas como TheLotter, este juego ha podido arraigarse en nuestro país y ha dejado de ser accesible únicamente para los estadounidenses, permitiendo jugar al Powerball a cualquier mexicano y acompañándolo en todo el proceso con asistencia personalizada en español. Nada de esto existía hace una década, cuando el sorteo era una curiosidad lejana que solo asomaba en las noticias mexicanas cuando el bote era exageradamente grande.

El récord absoluto sigue intacto desde noviembre de 2022, cuando un boleto vendido en California acertó los seis números y se llevó 2,040 millones de dólares, la mayor lotería pagada en la historia. El ganador, Edwin Castro, optó por el pago único y se embolsó cerca de 997 millones antes de impuestos. La marca no se ha vuelto a acercar, aunque el juego ha coronado varios botes por encima de los mil millones desde entonces.

No fue un golpe de suerte aislado, porque California ya había repartido fortunas antes. En 2021, un solo boleto vendido en el estado se quedó con casi 700 millones de dólares tras cuarenta sorteos sin ganador. Que el estado más poblado del país acapare tantos titulares no es casualidad, sino pura estadística: más habitantes, más boletos, más probabilidades de que ahí caiga la aguja en el pajar.

El sorteo del pasado lunes 3 de agosto tampoco tuvo ganador del premio mayor, con lo que el bote quedó rodando de nuevo, otra vez por encima de los 700 millones rumbo a la siguiente extracción. Es la mecánica de siempre. Mientras nadie firme el boleto correcto, el número del tablero crece y el juego se hace más grande, más ruidoso, más difícil de ignorar.

Las cifras marean, pero encajan en el tamaño de la economía estadounidense, la mayor del planeta, donde estos botes se sostienen sobre millones de boletos vendidos de costa a costa. Detrás de cada premio hay un aparato de sorteos con horarios fijos, resultados a la vista de cualquiera y reglas idénticas para todos, publicadas antes de cada extracción.

Conviene aclarar un matiz que casi siempre se pierde en el titular. La cifra gigante que anuncia el tablero corresponde al pago repartido en tres décadas de anualidades; quien acierta y prefiere el dinero de golpe recibe una suma menor, el valor presente del premio, antes de que el fisco meta mano. A eso se suma el Power Play, un multiplicador opcional que, por un dólar extra, agranda los premios secundarios según una bola adicional que se extrae en cada sorteo. Son detalles técnicos, pero explican por qué el número que sale en la tele nunca es el que termina en la cuenta del ganador.

El Powerball funciona como un termómetro de la conversación pública, porque cuando el bote se dispara aparece en los noticieros, en los memes y en las charlas de oficina, lo gane quien lo gane. Es un fenómeno de masas más que un juego de números, una historia colectiva que se cuenta en dólares y que, por unas horas, pone a millones de personas a imaginar el mismo escenario improbable, aunque las probabilidades digan lo que dicen.

Ese contagio explica por qué una lotería del norte se sigue con tanto detalle en Torreón, en Monterrey o en la Ciudad de México. No hace falta cruzar la frontera para conocer los números ganadores del último sorteo ni para entender por qué el bote de esta semana volvió a subir. La distancia dejó de ser una barrera hace rato, y el interés no da señales de enfriarse.

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