¿Qué hacer para moderar el dolor articular cuando bajan las temperaturas?
Las mañanas frías que ya se resienten en la ciudad no solo obligan a sacar abrigos y cobijas extra. Para miles de personas que viven con artritis o artrosis, el descenso del termómetro marca también el inicio de una etapa especialmente complicada, en la que el dolor articular, la rigidez y la pérdida de movilidad se vuelven más frecuentes e intensos.
Especialistas coinciden en que, durante la temporada invernal, los padecimientos articulares suelen agravarse. El frío provoca que los tejidos se vuelvan menos flexibles, reduce la circulación sanguínea en las extremidades y limita la actividad física cotidiana, una combinación que impacta directamente en la calidad de vida de quienes enfrentan estas enfermedades de manera crónica.
Dos padecimientos distintos, un mismo malestar
Aunque suelen confundirse, artritis y artrosis no son lo mismo. La artritis engloba diversas enfermedades inflamatorias que afectan una o varias articulaciones, mientras que la artrosis es un padecimiento degenerativo asociado al desgaste progresivo del cartílago que protege los huesos.
Sin embargo, cuando bajan las temperaturas, ambas condiciones comparten un denominador común: mayor dolor, rigidez y dificultad para moverse, principalmente en rodillas, manos, caderas y columna vertebral.
Por qué el invierno complica las articulaciones
Durante el frío, el cuerpo prioriza conservar el calor, lo que provoca la contracción de los vasos sanguíneos y una menor irrigación en manos y pies. A esto se suma la tendencia a moverse menos, permanecer más tiempo en reposo y evitar salir, lo que favorece la rigidez articular.
Además, algunos pacientes reportan que los cambios en la presión atmosférica influyen en la sensibilidad de las articulaciones, generando molestias incluso antes de que el frío sea más intenso.
Claves para enfrentar el invierno con menos dolor
Aunque el frío no se puede evitar, sí es posible reducir su impacto en las articulaciones con medidas sencillas pero constantes:
- Abrigo adecuado: mantener el cuerpo caliente, especialmente manos, rodillas y pies, ayuda a disminuir la rigidez. Las prendas térmicas y el uso de capas son aliados importantes.
- Movimiento diario: realizar ejercicios de bajo impacto, como caminatas suaves, estiramientos o yoga, favorece la movilidad y evita que las articulaciones “se endurezcan”.
- Aplicación de calor: baños tibios, compresas o almohadillas térmicas ayudan a relajar músculos y mejorar la circulación.
- Buena hidratación y alimentación: una dieta equilibrada, rica en alimentos con efecto antiinflamatorio, y una adecuada ingesta de líquidos contribuyen al buen funcionamiento articular.
- Seguimiento médico: ajustar tratamientos durante el invierno puede ser clave para mantener el control del dolor y prevenir complicaciones.
Un reto que se intensifica con el frío
Con la llegada de los días más fríos, las personas con artritis y artrosis enfrentan un desafío adicional que va más allá de la incomodidad climática. La prevención, el autocuidado y la atención oportuna se vuelven fundamentales para que el invierno no se traduzca en una pérdida de movilidad o bienestar.