¿Qué hay detrás de que un niño se succione el pulgar?
Ver un a un recién nacido chupando su pulgar es algo común, aunque también se presenta en niños de mayor edad. Al respecto, Guía Infantil señala la existencia de estudios que demuestran que cerca del 80 por ciento de niños se han chupado el dedo en algún momento durante su primer año de vida, mientras que otras investigaciones indican que un seis por ciento de niños menores de 11 años lo hacen después de los cuatro años.
El hábito
Chuparse uno o varios dedos puede empezar incluso antes de nacer, cuando aún se desarrolla en el vientre. Tiene el potencial de convertirse en un hábito debido a que, al simular la succión del seno materno, transmite paz y tranquilidad ante situaciones donde se siente impaciente, aburrido, hambriento, frustrado, cansado o asustado, así lo argumenta la psicóloga Cristina Zárate.

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Efectos
Si bien, puede ser reconfortante para los niños y parecer normal para los padres, a largo plazo puede provocar complicaciones en diversos ámbitos, como el odontológico. La Unidad de Ortodoncia y Estética Dental de Caracas enlista tres de las principales malformaciones:
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Deformación del paladar: al ejercer fuerza de forma constante, se crea un espacio desproporcionado en el paladar que no permite que los dientes erupcionen de forma recta.
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Hipoplasia del maxilar superior: el hueso de la mandíbula superior no se desarrolla lo suficiente y, en consecuencia, se presenta dificultad para gesticular de forma correcta y hablar con fluidez.
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Malformación en la oclusión dental: cuando los dientes superiores e inferiores no encajan de forma correcta al cerrar la boca, no pueden triturar bien la comida, lo que también conlleva a problemas digestivos.

Mecanismo de regulación emocional
Aunque algunos niños pueden dejar el hábito con la aparición de los dientes permanentes, algunos otros presentan más dificultad. Zárate menciona que detrás de él, es posible que se encuentre un problema emocional y esta rutina funcione como mecanismo de regulación emocional. Por ello, la empatía y acompañamiento deberán ser los principales aliados de los padres hacia sus hijos para que puedan dejar el hábito.
La especialista recomienda a los padres de familia identificar en qué momentos el niño tiene más necesidad de succión para entender cuál es su demanda. Por ejemplo, si el menor utiliza su dedo para calmarse cuando se enoja, hay que presentarle otras alternativas, como abrazar un peluche o salir a caminar.

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Asimismo, Medline Plus hace hincapié en que este hábito es difícil de vencer y propone hablar con los niños sobre el manejo de emociones. El proceso puede llegar a ser frustrante pero es importante que los padres no recurran a castigos o regaños para intentar acelerarlo. En cambio, es útil llevar un registro con objetivos diarios o semanales y reconocer el progreso del niño.