Algunas semanas atrás realicé junto con colegas dos recorridos por el Río Nazas. El primero lo iniciamos en el tramo en el que antiguamente se hacían casi todos los días de campo; Aquí se encontraban los parajes de Raymundo, El Cable, Los Ángeles, Las Piedras y Villa Juárez. En algún momento del recorrido, nos encontramos en el centro del cauce del río, observando la desnudez de las riberas otrora cubiertas por álamos, sauces y huizaches. Aunque en la margen izquierda del río en una antigua y amplísima planicie de inundación se encontraba un espectacular campo sembrado de cabañas de madera. Mientras caminábamos por el cauce mis colegas comentaban el tema y escuché varias veces, equivocadamente, que se referían a los campings. Lo cual me pareció algo exagerado porque la infraestructura que se veía se alejaba mucho del significado de camping que, según entiendo, es la opción más ligera en términos ambientales de acampar, pero no le di importancia. Más adelante me di cuenta que se referían a algo distinto, la palabra usada para referirse al campo de cabañas no era el camping, sino el de "glamping", una nueva palabra para mí, bendita ignorancia, cuántas veces habría confundido los términos antes.
Pues sí ese día aprendí una nueva palabra, la cual ya después decidí investigar su significado. El glamping es una fusión de glamour y camping, que fue acuñada obviamente en Gran Bretaña, y que es un estilo de acampar que combina la experiencia de conectar directamente con la naturaleza con las comodidades y el lujo de un hotel de cinco estrellas. ¿Nada mal, verdad? Pero, aunque el glamping puede ser una alternativa atractiva, por su supuesto "bajo impacto" es relativo porque depende de su ubicación, su regulación y gestión. Sin embargo, aunque el glamping se presenta como turismo de bajo impacto, la paradoja es que muchas veces se instala en espacios naturales sin infraestructura previa, lo que implica abrir caminos, introducir servicios básicos y modificar el paisaje.
Pero mis colegas, después de ver mi sorpresa, por el conocimiento adquirido, un nuevo término con el ejemplo a la vista, me dieron la mala noticia de que en terrenos de lo que fue el Parque Estatal Cañón de Fernández y que hoy forma parte del Área Natural Protegida Ríos y Montañas; se estaban construyendo nuevos glampings.
Fue una abrumadora excursión, por un lado, el tramo recorrido que presentaba un estado avanzado de desertificación, ahora asociado a los glampings y a la agricultura, y por el otro, confirmar el "efecto frontera" al establecerse los glampings en áreas naturales, generan una nueva frontera de urbanización turística que puede expandirse con nuevos glampings o con restaurantes y desde luego las terribles actividades motorizadas de los razors y otros vehículos todo terreno.
Cómo ocurrió, cómo es que no lo vieron los visitantes asiduos que disfrutan de las amenidades ambientales en el antiguo Parque Estatal. Y bueno pues teníamos que verlo, después de varios años de no estar en esos bellísimos lugares, volvimos en nuestro segundo recorrido, que pretendíamos hacer desde Sapioris hasta el Cañón del borrego y un poco más allá. Pero no pudimos hacerlo por el mal estado del camino, uno de los vehículos se ponchó y el otro ya no pudo pasar las filosas piedras que emergieron debido a la erosión que causan los ahora dueños de los caminos: los razers. Pero pudimos ver uno de los glampings acomodado en un terreno que alguna vez fue matorral micrófilo y/o rosetófilo, un ecosistema de gran fragilidad y de gran biodiversidad. Pero no era el objetivo detenerse ahí, de modo que avanzamos un poco más, para descubrir impresionantes bellezas geohidrológicas, pero también fealdades de especies introducidas e invasoras. Estas no sólo han aumentado en número, también aumentó el número de especies.
¿Pero cuál es la nueva mancha en la vaca? Sin duda, la que ha causado alarma entre laguneros, pero particularmente en los habitantes de Lerdo: La planta de fertilizantes, amoniaco y urea, que estará ubicada en terrenos de Sapioris, cerca del río y de la puerta al antiguo Parque Estatal Cañón de Fernández. Para algunos, la distancia entre estos cuerpos de agua y la planta los deja fuera de los radios de emergencia en caso de fuga, sin embargo, el amoniaco anhidro posee una afinidad química extrema con el agua. Ante una liberación masiva en Sapioris, el espejo del agua del río actuará como un sumidero natural absorbiendo el gas y transformándolo en amonio en forma inmediata, lo cual provocará una mortandad masiva de la fauna acuática aguas abajo por toxicidad severa de las branquias y alteración del pH.
Otro aspecto, quizás el más importante es que debido a la alta humedad relativa del corredor biológico del río provocará la formación de aerosoles de amoniaco (hidróxido de amonio) que viajarán a ras de suelo depositándose directamente en as copas de los ahuehuetes, provocando necrosis foliar y quemaduras químicas destructivas en la flora del humedal. Desde luego debe acotarse y precisarse que esto es un riesgo y no algo que puede afirmarse que vaya a suceder.
Al parecer no es una buena idea poner tan cerca del Nazas, la dichosa planta de alto riesgo.