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TRIBUS URBANAS

Qué pasó con los hipsters: Auge, caída y del movimiento cultural del 2010

La tribu urbana que conquistó la cultura pop y desapareció sin hacer ruido

Qué pasó con los hipsters: Auge, caída y del movimiento cultural del 2010

Qué pasó con los hipsters: Auge, caída y del movimiento cultural del 2010

EL SIGLO

Hubo una época en la que era imposible caminar por las zonas más modernas de cualquier ciudad sin encontrarse con ellos. Iban en bicicleta, cargaban una bolsa de tela al hombro, tomaban café artesanal en una cafetería escondida y escuchaban bandas que casi nadie conocía.

Vestían ropa de segunda mano comprada en mercados vintage, usaban camisas de cuadros, lentes de pasta, pantalones ajustados y una barba perfectamente cuidada que parecía descuidada por diseño.

Los hipsters dominaron buena parte de la conversación cultural entre finales de los años 2000 y principios de la década de 2010. Su influencia se extendió a la moda, la música, el diseño, la gastronomía e incluso a la forma en que las ciudades comenzaron a transformarse.

¿Qué eran realmente los hipsters y por qué desaparecieron?

Aunque el término "hipster" tiene raíces mucho más antiguas, asociadas a la escena del jazz de los años 40, el movimiento moderno surgió como una evolución de varias corrientes contraculturales que lo precedieron.

Tomó elementos de los movimientos indie de los años 80 y 90, del grunge, de la cultura alternativa universitaria, del activismo ambiental y de la filosofía "hazlo tú mismo" que caracterizó a generaciones anteriores.

A diferencia de otras tribus urbanas, los hipsters, presuntamente, no buscaban llamar la atención mediante la rebeldía abierta. Su objetivo era proyectar autenticidad. Preferían los productos artesanales a las grandes marcas, la comida orgánica a la industrializada y los negocios locales a las cadenas multinacionales.

La idea era consumir de manera consciente, apoyar lo independiente y diferenciarse de la cultura dominante.

El uniforme de quienes querían ser diferentes

Paradójicamente, el deseo de ser únicos terminó generando una imagen fácilmente reconocible. Los hipsters popularizaron las barberías modernas, las camisas de franela, las botas de trabajo, las bicicletas urbanas, los discos de vinilo, los cafés de especialidad y los mercados orgánicos.

Muchos recurrían a ropa usada o vintage para evitar la producción masiva. Los hombres lucían barbas abundantes y cortes de cabello inspirados en décadas pasadas. Las mujeres apostaban por prendas retro, accesorios artesanales y una estética aparentemente improvisada.

Quienes intentaban escapar de las tendencias terminaron creando una de las tendencias más influyentes de su generación.

La consolidación del fenómeno llegó de la mano de la música. Bandas como Mumford & Sons, Arcade Fire, Vampire Weekend, The Shins y Bon Iver se convirtieron en la banda sonora de toda una generación.

El folk independiente, los instrumentos acústicos, los banjos y las letras introspectivas encontraron un público masivo que buscaba diferenciarse del pop comercial.

La industria cultural respondió rápidamente. Lo que comenzó como una escena alternativa terminó llenando festivales, anuncios publicitarios y listas de reproducción globales.

El verdadero punto de inflexión llegó cuando las grandes empresas entendieron que podían vender autenticidad.

Las franquicias de moda rápida copiaron la estética hipster hasta el último detalle. Zara, H&M y otras cadenas comenzaron a comercializar camisas de cuadros, botas vintage, lentes retro y prendas que imitaban el aspecto artesanal.

Las cafeterías independientes inspiraron a grandes corporativos. Los mercados orgánicos se multiplicaron. Las barberías se convirtieron en negocio. La decoración industrial con ladrillo expuesto y focos colgantes pasó de ser una rareza a una fórmula comercial.

Lo alternativo se volvió mainstream

El movimiento perdió parte de su razón de existir; a mediados de la década de 2010 comenzaron a aparecer nuevas tendencias que desplazaron a los hipsters.

El auge de la música urbana, el trap y posteriormente el reguetón cambió los referentes culturales de las nuevas generaciones.

La Generación Z tomó el relevo

La desaparición definitiva llegó cuando la Generación Z comenzó a construir su propia identidad.

Los jóvenes nacidos a finales de los noventa y principios de los dos mil crecieron en un entorno dominado por redes sociales, influencers y fenómenos globales como el K-pop.

La ropa ajustada característica de la era hipster fue sustituida por prendas holgadas, pantalones amplios, tenis voluminosos y una estética inspirada en la moda de los años 90 y principios de los 2000.

Más recientemente aparecieron tendencias como el "clean look", centrado en una apariencia minimalista y pulcra, y el estilo "old money", que privilegia colores discretos, prendas clásicas y una imagen asociada al lujo silencioso.

Ambas corrientes representan casi lo opuesto a la estética hipster y una mayor búsqueda de sofisticación visual.

Muchos de aquellos jóvenes simplemente crecieron y poco a poco se fueron abandonando aquellas prácticas. 

Sin embargo, parte de su legado permanece como la popularidad del café de especialidad, el interés por el consumo local, la revalorización de los productos artesanales, el auge de los mercados orgánicos y el regreso de los discos de vinilo tienen una relación directa con aquella generación. También se les atribuye el uso de tote bags, que siguen presentes en la cotedianeidad.

Los hipsters desaparecieron como tribu urbana, pero muchas de las ideas que promovieron terminaron integrándose a la cultura cotidiana.

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