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Quiero Palomitas: Coyote vs. Acme

Warner Bros. la retiró del calendario de estrenos en 2023, pero causó indignación y con su reciente estreno se posiciona con fuerza en taquilla

(Cortesía)

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HUGO J. CASTRO

En los últimos 20 años hemos sido testigos de una convulsión sin igual en los procesos de comunicación. Aquel aparente elemento pasivo llamado receptor en dicha dinámica humana ha tomado una relevancia total.

Lo he llamado La Rebelión de las Audiencias, en la cual el público que en su momento fue catalogado como una masa amorfa y sin criterio, que además era lo que alimentaba a los medios de comunicación durante gran parte del siglo XX, ahora tiene el “sartén por el mango” para decidir qué o qué no ver.

Internet ha contribuido a esta batalla por mantener formas clásicas de comunicación (propia de los medios clásicos de comunicación) frente a la penetración global de la información en tiempo real, así como la multiplicidad de contenidos y el uso de diversos canales. Pregunte a cualquier chico menor de edad cuándo ha seguido una serie o una caricatura en televisión abierta o de paga, para ver que su reacción es de no saber qué está usted cuestionando o de que ya se quedó en el pasado (usted, que era “chaviza” ahora es la “momiza”).

En este panorama nos llega la película Coyote vs. Acme (David Green, 2026), la cual, si hubiera seguido lo estipulado por la industria de entretenimiento, es decir, que el público supiéramos desde su planeación, su realización, su distribución y la recepción de esta en los cines, había probabilidades de que se viera como una entrega más (y sin razón aparente) del universo de los Looney Tunes de Warner que han aparecido en pantalla desde 1930.

Sin embargo, este filme aparece en un momento de coyuntura: Warner Bros. fue adquirida por Discovery Inc., trayendo una visión diferente en cuanto al cómo hacer entretenimiento, pero en particular cómo hacer negocio redituable con presupuestos menores a los que se usan en las producciones cinematográficas.

Así que, al ver que en los últimos años Warner había tenido resultados muy dispares, en 2023 decidió mejor “enlatar” películas para una deducción de impuestos, es decir, que, a pesar de ya estar listas para su proyección en cine, era mejor no hacerlo para no perder dinero y por lo menos aprovechar recuperar algo de la inversión al decidir no distribuirla para archivarla y que no saliera al mercado. Dos historias en particular llamaron la atención por esta decisión: la versión de Batgirl (Batichica para nuestro país) y una historia medio “boba” llamada Coyote vs. Acme.

Pero el estudio no tomó en cuenta los nuevos tiempos en los que vivimos. Si bien la historia tiene que ver con una intriga en la que se ve involucrado un personaje de dibujos animados e interactúa con actores reales (algo que ya hemos visto en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? [Zemeckis, 1988], Mundo Cool [Bakshi, 1992], Looney Tunes: De nuevo en acción [Dante, 2003] y las entregas de Space Jam 1 y 2 [Pytka, 1996/ Lee, 2021]), en esta ocasión era el personaje secundario más terco en la historia de los dibujos animados, Wile E. Coyote. La audiencia en este caso no se quedó callada; al contrario, alzó su voz por canales que para los grandes medios siguen siendo un misterio: las benditas redes sociales.

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Así aparecieron memes, videos, peticiones, trolls, se elevó el “hate” a Warner-Discovery y a David Zaslav, CEO de la compañía; hasta un chico disfrazado del Coyote mantuvo una protesta a las afueras de los estudios de Warner. Pero a pesar de todo esto, la decisión ya estaba tomada, a menos que alguna productora decidiera pagar esa cantidad y así poder ponerla en los cines.

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Y así aparece la distribuidora de cine independiente Ketchup Entertainment, que se hizo de los derechos de esta película para que el público pueda ver esta historia, la cual viene a renovar al ya casi centenario concepto de “fantasías animadas” (quien haya escuchado este concepto le acaba de caer el pesado “yunque” de la edad).

Es cierto que toma muchas referencias clásicas del Universo Looney Tunes, pero no con la “grandilocuencia” de Space Jam 2 (donde fue presentar todo el catálogo de personajes de Warner sin alguna razón aparente más que mostrarlos porque no les costaba nada), pero además se ajusta a nuevas realidades (permitiendo que aparezcan personajes que en este tiempo han sido “funados” o eliminados por ser políticamente incorrectos en estos días).

Pero hay algo que se destaca en esta historia y es la posibilidad de que este Universo de personajes pueda seguir vigente, no forzándolos a cambiar, sino permitiendo que la audiencia se identifique con estos personajes de una manera más profunda, no solo la catarsis, sino la posibilidad de un espejo que, aunque doloroso, puede darnos la chanza de asimilarlo con más libertad porque, al ser un dibujo animado, bajamos las barreras que nos autoimponemos.

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Si bien hay partes que la misma animación se podría cuestionar en cuanto a su “hechura”, la realidad es que el tono crudo en los trazos de los personajes permite cierta cercanía, no con la idea de la ilusión onírica, sino con la pesadumbre del fracaso en muchos instantes de la vida.

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Luego de ver esta historia, no queda más que agradecer a Ian Frazier, quien escribió en febrero de 1990 para la revista New Yorker una historia en donde el Coyote llevaba al tribunal a Acme, la cual, en lugar de darle la posibilidad de alcanzar al Correcaminos, le ha ocasionado más daño que beneficio. Pero curiosamente, esa persistencia del Coyote nos deja un mensaje de que lo importante es intentarlo.

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